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Fútbol en la Isla de Navidad

paralaxnavidad

Por Andrés Cabrera (@Andres_inter

La tripulación entera, sonriente, corrió hacía los tablones de madera, que a modo de pasarela les conducían al puerto. Por fin pisaban tierra firme. El viaje había sido complejo y largo, demasiado largo. El motivo de sus sonrisas era precisamente ese, pisar por fin un suelo que no oscilase. El mismo barco partía 13 meses antes desde Southampton, al sur de Inglaterra y regresaba con los estragos del tiempo al mismo lugar. La tripulación que iniciaba el viaje, nada tendría que ver con la que regresaría. Los primeros eran tripulantes que harían el relevo posicional en los territorios de alta mar, puestos colonizados todos ellos. Era el momento de servir a la corona inglesa, en cambio, los que regresaban terminaban su labor en la otra punta del mundo. Algunos llevaban más de cinco años alejados de casa. Inglaterra les recibió con lluvia, hogar dulce hogar. Todos parecían contentos, salvo uno, el que menos pinta de marino tenía, el más extraño de todos ellos. Protegía de la lluvia un cuaderno, el cual llevaba bajo el brazo desde que salió de la exótica Isla de Navidad. En la otra punta del mundo, muy cerca de las Indias Orientales Neerlandesas, se encontraba este paraje único, idílico, que servía para abastecer de madera y otros materiales a la Isla de Cocos, de mayor importancia. El descubrimiento de un yacimiento de fosfato en la Isla de Navidad provocó que un grupo reducido de personas se asentaran en este lugar recóndito. El barco que nos compete, el Queen Victoria, desembarcó durante escasos días en este lugar, para continuar hacía Cocos y relevar a los hombres que allí se encontraban. En esta isla fue donde nuestro protagonista implantó algo. Aquel cuaderno que tan concienzudamente guardaba daba fe de ello. Un pionero, un promotor.

Mapa Isla de NavidadJoe Pearce, que así se llamaba este enigmático personaje, nació en el condado de Berkshire. Su educación fue en el colegio Eton, una de las escuelas que promovieron el fútbol a través de Gran Bretaña. Su familia, de la nobleza británica, se pudo permitir pagar un colegio tan elitista y Pearce de esta forma pudo conseguir una educación y posteriormente descubrir su pasión. Con el surgimiento del fútbol, se dividió la sociedad inglesa entre aquellos que practicaban este deporte de nuevo cuño, con los que practicaban el tradicional rugby. El colegio Eton destacó en este nuevo deporte y ahí es donde entra Joe. Promoviendo la creación de un club, el Old Etonians Football Club, con la ayuda de un maestro, consiguen formar el equipo que ganaría la FA Cup en 1879 y 1882. Joe siempre se destacó por una faceta más institucional tratando de dar forma al fútbol, tratando de inculcar este nuevo deporte. Evidentemente no era el mejor practicándolo. Aficionado al Old Etonians, le acompañó siempre que pudo, incluso cuando terminó en la escuela. En el equipo de Eton dejó muchos amigos, los cuales practicaban el deporte por puro entretenimiento. La lucha entre amateurismo y profesionalismo llegaría un poco más tarde. Joe se dedicó a las letras, a la escritura, pero sin olvidar el fútbol. En un arrebato de locura decidió partir hacía las indias para escribir, la amplia lista de contactos de su familia, le permitió embarcarse en un navío de la marina británica y descubrir en las indias historias que contar, siempre con el Old Etonians en el corazón.

La andadura por la otra punta del mundo tuvo sus altibajos, desesperación, ganas de volver a Inglaterra, añoranza del fútbol. Entre los conocidos o amigos que iba a haciendo en estos nuevos parajes trato de inculcar el fútbol, algunos ya habían oído hablar de él, otros incluso lo habían practicado. En una de las últimas escalas, tras embarcarse en el Queen Victoria, Joe llegó a la Isla de Navidad. Fue de las primeras personas en la historia en llegar a este lugar remoto. Hasta esos años había sido una isla deshabitada. Si bien se conocía de su existencia primero por la llegada de marinos malayos y después por anotaciones de navegantes ingleses, fue el Capitán William Mynors, de la East India Ship Company, al mando del Royal Mary el que llegó a su costa en la Navidad de 1643, poniendo de esta forma el nombre por el que se conocería para siempre la isla. Pese a realizarse algunas incursiones estuvo dos siglos y medio deshabitada, esto permitió un paraje único y una fauna excepcional. Algunas especies de animales solo se encuentran en esta isla, incluso hoy, aunque el animal predominante es el cangrejo. Es conocida esta isla por la abundancia de éste crustáceo. La fauna también es única en el mundo, debido en parte a la situación de la misma isla y a la falta de influencia de los humanos hasta finales del XIX. La isla es el pico de una montaña marina de unos 4.500 metros, de los cuales solo los 300 últimos están fuera del mar. En un principio la isla era un volcán, y el suelo, por lo tanto, era volcánico, pero con el paso de los años la mayor parte del suelo se ha convertido en roca caliza, debido al crecimiento de corales durante millones de años. En esas llegó Joe Pearce a finales del siglo XIX. Allí ya había unos primeros asentamientos, pocas personas que trabajaban la madera y que se verían multiplicadas por el descubrimiento reciente de los yacimientos de fosfato. Todas las personas que allí se encontraban eran de origen británico y Pierce, como buen samaritano, les habló del fútbol, de ese nuevo deporte. Les enseñó la luz.

Cangrejo de Isla de Navidad

Casualmente en aquella isla había una explanada, con césped alto eso sí, cercana a la costa, dónde poder practicar este deporte. Joe Pearce estuvo allí unos días, pero el revuelo que montó en los apenas 20 hombres que allí se habían asentado (todos creían que sería de forma temporal) fue notorio. Les habló de un nuevo deporte que comenzaron a practicar. Las pelotas las fabricaban con lo que buenamente podían, la mayoría de las veces trapos entrelazados. El fútbol llegaba fuera del continente europeo por primera vez. Incluso fuera de las islas británicas, en pocos puntos del resto de Europa había llegado. Joe Pearce sirvió de promotor del deporte de forma continental. Al llegar a Southampton tiempo después, no se despegaba del cuaderno en el cual había plasmado su trabajo en Navidad, de la hazaña de expandir este deporte, que de buena tinta sabía que acabaría reinando en el mundo. A pocas personas les dijo que fue el causante de que el fútbol se expandiera fuera de Europa. Joe fallecería con 56 años a causa de la gripe española, sin saber la expansión del fútbol en la Isla de Navidad. Aunque sabiéndose como un pionero del fútbol, tanto con el Old Etonians, como con su labor en aquel alocado viaje. Había expandido el fútbol.

A finales de 1940, en mitad de la II Guerra Mundial, el nieto de Joe Pearce encontró el cuaderno que con tanto amor había guardado su abuelo, sin apenas mencionárselo a nadie. Tim, que así se llamaba el descendiente, ni siquiera sabía de la existencia del mismo. A él, como a muchos en Inglaterra, ya le había picado el gusanillo del fútbol, aunque Tim, ya no era aficionado del Old Etonians, un equipo que con la aparición del profesionalismo, se vio relegado a segunda línea. Tim era aficionado del Crystal Palace, pese a que no vivía en Londres, se había hecho de este equipo en un viaje a la capital. Seguía por la radio a su equipo cada domingo. Era un gran aficionado, por eso sabía del valor de aquel cuaderno, que no tardó en enviar a un periodista. Éste comenzó una investigación por su cuenta, sin hablar con su periódico. Sabía que tenía oro en sus manos. El nuevo hallazgo, que hablaba de partidos de diez contra diez, que hablaba de un fútbol en un lugar remoto y que incluso decía que tenían una explanada en la que jugar en 1889, embaucó a este periodista que comenzó una investigación por privado, la cual le llevó a viajar incluso al lugar en cuestión. Tenía en sus manos algo muy grande.

Isla de Navidad

Mientras el mundo batallaba en la guerra más sangrienta de todos los tiempos, Phil Johnson, nombre del periodista, viajaba a la isla de Navidad, para saber más sobre la evolución del fútbol allí. Lo que descubrió le dejó maravillado. El fútbol ya en 1940 se había expandido, aunque fuera de Europa solo en Sudamérica había conseguido arraigarse, del resto del mundo futbolístico no se sabía nada, porque principalmente se pensaba que no había nada más. La isla de Navidad se encuentra a 360 kilómetros de Yakarta, la capital de Indonesia (entonces Antillas Orientales Neerlandesas). Es curioso ya que en el Mundial precedente disputado en Francia en 1938 tenía como club exótico a las Antillas Orientales, las cuales solo disputaron un encuentro en el que salieron vapuleados, pero habían estado en el Mundial. Phil quería ver si había relación entre ambos acontecimientos, aunque bien podían seguir caminos diametralmente opuestos. Tras el periplo de viaje, llegó a esta isla que ya tenía mayor número de habitantes, e incluso un ferrocarril que unía la capital (Flying Fish Cove) con la mina de fosfato. Tras pisar el puerto, descubrió asombrado, lo que había muy cerca del mismo, un estadio con graderío. No podía esperar más, quería conocer todos los entresijos del fútbol en la Isla de Navidad, quería saber cómo era el fútbol allí. Casualidades del destino, arribó a la costa norte de la isla, el día en el que se disputaba la final de copa navideña. En la copa, al igual que en la liga, competían ocho equipos. Descubrió maravillado como los cerca de mil habitantes de la isla iban al estadio. Hoy nadie se quería perder el partido. Notó como la gente le miraba extrañado, había un turista en la isla para ver el fútbol. Phil estaba en una nube, aunque aún quedaba lo mejor.

Cuando el encuentro comenzó, el periodista británico quedó hipnotizado, las nociones tácticas de aquellos hombres no tenían nada que envidiar al fútbol inglés. Incluso le pareció ver en uno de los equipos una formación muy parecida al WM que Chapman empleó en el Arsenal. El orden, la calidad, el juego de aquellos hombres le sorprendió. Muchos de los futbolistas eran de origen asiático, otros europeos, pero el factor en común era su juego. Al terminar la final, que por cierto ganó el Fish United por 3-2, Phil quería entrevistar al mayor número de personas posibles. Enseguida vio la correlación entre las Antillas Orientales y la Isla de Navidad, hasta cuatro jugadores que habían ido al Mundial de Francia, jugaron la final de la copa navideña. La liga de la isla de Navidad, era con diferencia la más grande del continente asiático. El sueño de los grandes jugadores del continente era desarrollar su carrera allí, incluso Phil descubrió asombrado como dos austriacos y un húngaro habían ido expresamente a la Isla de Navidad debido a la falta de oportunidades en Europa. Lo que no entendía el periodista es como en Gran Bretaña no se sabía nada. El presidente de la federación navideña trató de resolver esta cuestión, el lugar en el que se encontraba la isla, así como las dificultades para llegar a ella, habían provocado que pocas noticias salieran de allí. Solo los marineros conocían la importancia del fútbol en la Isla de Navidad, al resto poco les llegaba. Cuando Phil sacó el libro de Joe Pearce, la cara del presidente de la federación se iluminó. Aquello era como una carta de fundación, era su Santo Grial. Habían oído hablar de aquel escritor inglés que introdujo el fútbol en la isla, pero hasta entonces no había ningún documento que lo atestiguara. El fútbol se había expandido a un ritmo impresionante en la Isla de Navidad y nadie lo sabía. Phil tenía la primicia.

Selección de Isla de NavidadCasualidades del destino, cuando ya había conocido lo suficiente del fútbol allí y se disponía a volver a Inglaterra para contar que muy cerca de Indonesia había un manantial de fútbol, Japón invadió la isla. Los japoneses se hicieron tanto con la Isla de Navidad, como con la de Cocos, que estaba a 975 kilómetros. Phil no podía volver, se quedaba allí retenido. La marina japonesa impidió las salidas de la isla, así como las entradas. Los cerca de 1.000 habitantes de la isla, más Phil, se quedaban por tiempo indefinido allí retenidos. La única distracción era el fútbol, incluso cuenta la leyenda que se jugó un partido ante el ejército japonés deseoso de conocer este deporte. La goleada favorable a los navideños fue sonrojante para el honor nipón que no quiso volver a practicar aquel deporte. Finalizada la guerra, aquel periodista perdió las ganas de volver a Inglaterra y retomar un trabajo que a saber si seguiría teniendo tras los estragos de la batalla. Allí había conocido a la que sería su mujer y decidió asentarse como uno más en una isla que ya consideraba parte de él. El mundo seguía desconociendo lo que era el fútbol en la Isla de Navidad. La importancia del mismo quedaba oculta al quedarse Phil allí.

El mundo desconocía esta historia y la sigue desconociendo hoy, básicamente porque no es real. Digamos que era una historia más de Navidad. Todo lo anteriormente relatado tiene poco de veracidad, al menos lo directamente relacionado con el fútbol. Como es obvio el fútbol en la Isla de Navidad ha llegado, pero al igual que en otros puntos del universo, gracias a la globalización, aunque el fútbol en aquella isla es muy precario y realmente complicado. El equipo nacional de la Isla de Navidad (no aceptado por la FIFA) ha disputado encuentros ante la Isla de Cocos, venciendo casi todos ellos, incluso uno por 3-10, pero la historia es bien reciente, habiendo disputado encuentros desde 1994. Precisamente el primer partido que disputó la isla de Navidad fue el 1 de julio de aquel año, mientras en Estados Unidos estaban a punto de disputarse los octavos del Mundial. Un fútbol que no es que sea amateur, es otro nivel de amateur por el aislamiento al que se ve abocado, encuentros sólo ante la Isla de Cocos y una gira por Indonesia en 2009 son sus mayores logros. La camiseta verde y azul es representativa de los colores de la bandera de la isla, isla que hace tiempo depende de Australia, aunque la mayoría de la población es de origen chino, aunque aún se conservan núcleos de población europeos. En la isla hay hasta cuatro equipos, pero todos ellos de nivel amateur. Curioso el nombre del Casino Royals que debe su nombre al casino que tuvo la isla de 1993 a 1998. Un fútbol que aún no se ha desarrollado, el cual hemos elevado, con la magia de las palabras. Espero que no se lo tomen a mal, era una historia más de Navidad, en el lugar más idóneo para contarla, la Isla de Navidad. La isla, sí es real.

 


 

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