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Salvador Reyes, el Chava de Chivas

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Por Andrés Cabrera (@Andres_inter

El estadio Jalisco va tomando tono. Los colores rojiblancos empiezan a inundar uno de los estadios con más misticismo de Centroamérica y la cancha se va a llenar. Es complicadísimo vender los más de 60.000 boletos del estadio de Guadalajara, pero hoy es una ocasión muy especial. Primera fecha del Clausura 2008 y Chivas, al que todo México ama u odia por ser seguramente el más grande del país, recibe a los Pumas de la UNAM. El equipo que dirige Efraín Flores es favorito para este debut por estar en su ‘casa’ y porque el Rebaño Sagrado ha completado una gran plantilla. Sin embargo, la atención no será para el portero de moda ni para el delantero estelar, ni tan siquiera para el técnico o el presidente. Hay demasiada emoción desbordada, hay demasiados vítores, hay demasiada expectación… No es un partido más. Entre la explosión de júbilo comienzan a salir los jugadores de Chivas. De uno en uno son nombrados desde la megafonía. Desde Reynoso hasta Magallón, pasando por Santana. Diez nombres retumban desde las entrañas del Estadio Jalisco, escuchando la réplica jubilosa desde la grada. Diez hombres son vitoreados y aclamados para dotarles de energías en el inicio del curso. Diez, pero no once. Falta uno, el más importante en aquella tarde de verano azteca…

Hacía demasiado tiempo, aquel mismo megáfono repitió decenas de veces su nombre pero hoy, 19 de enero de 2008, tocaba repetirlo con orgullo. Sin excepciones, hoy él era el protagonista y el histórico Jalisco retumbaba por ello. Casi al unísono, aficionados y speaker repitieron el nombre que tantas tardes de gloria había brindado a Chivas y a México. Un temblor frío recorrió su cuerpo mientras escuchaba el latir de la afición. Era un recuerdo, era un shock, era recuperar cuarenta años de su vida. Temblor gratificante, pasos cortos e invadidos (sus pasos y él) por un nerviosismo paralizante, sonrisa desencajada con el foco en su cara. No había persona más feliz que él. No había persona más perpleja que él. Hoy se había vestido de corto… Otra vez. Hoy volvía a sentirse futbolista. 36 años después, desde 1972, sus piernas no habían sentido el titubeo de aquella noche. Salvador, el ‘Chava’, Reyes, con 71 años y 4 meses, era desde ese mismo instante, el futbolista más veterano en disputar un partido oficial. Leyenda eterna del fútbol mundial.

Salvador, el ‘Chava’, Reyes volvió a disputar un partido oficial con la camiseta de Chivas con 71 años y 4 meses. Es el futbolista más veterano en disputar un encuentro oficial

El homenaje había empezado minutos antes. El ‘campeonísimo’ (Chivas de finales de los cincuenta y sesenta) fue equipo que se proclamó hasta en ocho ocasiones campeón de México y ganó cuatro veces el campeonato de forma consecutiva sumando algo que nunca nadie ha repetido en el fútbol azteca. El ‘Chava’ estuvo presente en siete de los ocho campeonatos de aquél Rebaño Sagrado y muchos de los compañeros que estuvieron con él por entonces repetían en esta tarde de verano. El día sirvió como ejercicio de memoria de uno de los equipos más laureados de la historia mexicana. Para que aquellos jóvenes o no tan jóvenes que solo escucharon historias de sus mayores, pusieran cara y reciclaran sentimientos futbolísticos en el tiempo. Hora antes del partido los integrantes de aquel equipo también fueron homenajeados, pero hoy era el día del ‘Chava’. “Número 57, el campeonísimo, ‘Chava’ Reyes”, explotó el estadio. No había vuelta atrás, tocaba escribir un nuevo y glorioso capítulo en la historia del líder de aquella generación.

foto01 Todo para aquella ocasión fue especial y la camiseta no podía ser menos. La elástica con la que saltó Chivas a jugar la primera fecha del Clausura fue única. El cuello y tejido recordaban a las camisetas que llevaba Salvador en su juventud, pero lo que más recordaba aquellos tiempos era la proporción del escudo. Mucho más grande de lo habitual en la actualidad, aunque normal hacía medio siglo. En ella se rendía homenaje al equipo ‘campeonísimo’ intentando clonar la utilizada por aquel equipo. Una camiseta de corte antiguo, elegancia vintage pero asaltada por los patrocinadores que querían unirse a la causa y mostrar que el fútbol moderno no deja pasar ningún tren. La camiseta solo fue utilizada por Chivas en aquella ocasión, lo que revaloriza el precio de la misma debido a lo complejo de conseguir una de ellas en esa noche de boletos inexistentes. Si a la espalda se luce el 57, el del ‘Chava’, el oro al bolsillo no tardará en llegar. El histórico delantero decidió portar ese número que tanto significaba para él y para la entidad. En ese año el equipo consiguió el primer título de su historia (tras varios años quedándose a las puertas y con el que se ganaron el sobrenombre de ‘ya merito’). En 1957 se rompió este mal fario y como decía el propio ‘Chava’, “llegaron más campeonatos, pero ninguno tan especial como el de aquel año”. Más aun teniendo en cuenta cómo llegó el título, con un gol suyo en los instantes finales ante Irapuato el 3 de enero cuando todos pensaban que la causa justa se volvía a hacer esperar. Un gol que lo convirtió en leyenda para siempre. Cuentan sus compañeros que el gol lo anotó desde el área pequeña y que todos se abalanzaron a celebrar el tanto dentro de la portería. Una Liga celebrada tras la línea de gol. Una Liga celebrada muchas décadas más tarde con la misma alegría.

La semana clave de 2008 empezó de forma extraña para la insignia del equipo. Desde la institución, a la cual seguía fuertemente ligada, se le instó para que se hiciera una serie de fotografías. El histórico delantero desconocía el motivo de estas capturas, cuando a falta de un par de días para el encuentro ante los Pumas, le comunicaron la noticia: había sido inscrito en la Federación de Fútbol mexicano y era el refuerzo de última hora del club de sus amores. Como era lógico, Salvador no estaba para competir, pero sí podía darle unas cuantas patadas al esférico. Se habló con el equipo rival, el cual aceptó los segundos de homenaje a la leyenda. En un primer momento, como en una entrevista reconoció su hijo, también se pensó que el homenaje podía consistir en que entrara a patear un penalti ‘forzado’, pero se descartó. Aquello era dejar mucho al destino, además de perder dos cambios (uno para que entrara y otro para que saliera del encuentro). Se acordó entonces que saldría desde el inicio, que daría unas cuantas patadas (concretamente tres) y que saldría del partido ovacionado y con el récord a sus espaldas. Cuenta emocionado Salvador Reyes que los días previos al encuentro se volvió a sentir futbolista, volvía a saber lo que era ser protagonista, dando entrevistas a diferentes medios, hablando de temas puramente futbolísticos y sonriendo (se le quedó marcada la forma de la cara sonriente). Una de las semanas más bonitas de su vida, que le devolvían a su etapa profesional, tras 36 años de retiro.

La pregunta, sobre todo para los que no conozcan la historia de Chivas, es fácil. ¿Por qué era él el homenajeado y no alguno de sus compañeros? Salvador (sobre todo gracias a aquél gol que rompió el negativismo de la entidad) es la persona a la que más se asocia aquel equipo glorioso y, con las cifras en la mano, es el máximo goleador de la historia del club en partidos oficiales. Desde 1952, cuando debutó con 16 años y hasta 1967, estuvo goleando con el equipo de sus amores formando una pareja letal con el delantero ya malogrado Héctor Hernández. Con la entidad de Guadalajara hizo 122 goles. Le hubiera gustado, eso sí, sumar uno más el día de su registro de ancianidad futbolística… En cada detalle del partido se producía un hecho curioso. El segundo máximo goleador histórico de la institución es Omar Bravo, aún en activo, jugador que entró tras un minuto de juego en el partido clave sustituyendo a Salvador Reyes. Los dos máximos goleadores de la historia del equipo no compartieron ni un minuto de fútbol, pero sí compartieron este bonito gesto. Tras lanzar el balón fuera habiendo transcurrido 50 segundos de juego, el ‘Chava’ se fue a la banda. Allí ya se le habían anticipado todos sus compañeros, que le despidieron uno a uno. La felicidad de Salvador era máxima. El estadio Jalisco coreaba su nombre y él, peculiarmente vestido de corto, se despedía finalmente de los terrenos de juego recibiendo un pasillo entrañable. Una semana atrás no pasaba ni por sus sueños imaginar que volvería a sentirse futbolista; ahora allí estaba en el banquillo de su equipo como uno más. Desde la banda vio cómo su Chivas vencía por 3-0 y cómo cada gol era dedicado a su nombre. Un momento que muy pocas personas pueden volver a experimentar. Saltar al terreno de juego con 71 años, cantar el himno de México, compartir patadas con chicos que no habían nacido cuando él se retiró y ver a su equipo ganar nuevamente. Era impagable.

foto02

El idilio entre Salvador Reyes y el Chivas de Guadalajara estaba encaminado a producirse desde el que el ‘Chava’ nació en 1936. Por entonces, su padre ya era futbolista aunque aún no había llegado al club rojiblanco. Esto se produciría en 1943 y durante cinco años Luis Reyes defendió con honor los colores del Chivas. En 1952 llegaría ya Salvador Reyes para relegar a su padre, pero antes había estado ligado al club más allá de lo sentimental. Y es que, pese a empezar su carrera de futbolista en el SUTAJ (Sindicato Único de Trabajadores de Autotransportes de Jalisco), el pequeño Salva era recogepelotas del equipo y… la mascota. Tras pasar por la selección de Jalisco, al igual que su padre, Chivas le firmó y acabó debutando con 16 años ante León. Era la segunda generación de futbolistas de la familia Reyes en Chivas y lo más curioso es que habría una tercera, ya que Salvador Reyes hijo jugó también para Chivas de 1995 a 1996. Una familia que es leyenda del club con el ‘Chava’ a la cabeza. Curiosamente, el padre de la leyenda, que también jugaba de delantero, aún estaba con vida cuando Salvador Reyes jugó en 2008. Fallecería ocho días después con 94 años. El destino quería ver como las tres generaciones de futbolistas de la familia Reyes estaban presentes en el homenaje al ‘campeonísimo’. Un día indudablemente emotivo para todos.

Salvador no es solo leyenda de Chivas, sino también de la selección. El prolífico delantero jugó tres mundiales con México, participó en un total de 9 partidos y, curiosamente, no logró traspasar las redes rivales. Lo particular fue cómo llegó a la selección tricolor. El delantero de Chivas fue pedido a préstamo por León para disputar un encuentro ante el FK Austria Viena en México. Por entonces no era tan raro este tipo de acuerdos. Salvador Reyes jugaría este amistoso con el equipo rival para exhibirse ante un conjunto europeo. Según cuenta el propio ‘Chava’, una vez terminado, el entrenador austriaco preguntó si aquel joven estaba en la selección. Tras la prerrogativa de un técnico europeo, al día siguiente Reyes ya estaba convocado, contaba riéndose el propio delantero hace unos años. Esto le permitió viajar al Mundial de Suecia (México no pasó la primera fase) y sumar una aventura única, la de la eterna travesía para viajar hasta el norte de Europa. Tardaron 36 horas en un avión de hélice. El 29 de octubre de 1961 llegaría su momento cumbre con la selección. México debería pasar una repesca ante Paraguay para acceder al Mundial de Chile y los guaranís eran favoritos, pero un solitario gol de Salvador clasificó a México para el Mundial, más allá del casi perenne fracaso posterior. Ya en 1966, en Inglaterra, pese a que hubo mejores resultados y la imagen no fue tan pobre, tampoco pasaron la primera fase. Salvador disputó con la selección 76 partidos, anotó 20 goles y vivió varias anécdotas irrepetibles de una época irrepetible. En una ocasión, en visita a la sede presidencial, antes de que llegara la máxima autoridad, Salvador quiso hacerse una foto en la silla presidencial. La mala suerte o la singularidad quisieron que, en estas, apareciera el presidente. El resto de compañeros se asustaron ya que esto era una falta de respeto catalogada de manera radical, pero ‘Chava’ consiguió, mediante su buen trato con el presidente, hacerse la fotografía tal cual deseaba. Es más, dicen que por momentos se atrevió incluso a bromear con la situación y le invitó a que ocupara su lugar en el vestuario de Chivas. Un personaje carismático y único que ascendió hasta el nivel de leyenda paso a paso.

En 1967 dejó la entidad de sus amores para jugar con Los Ángeles Toros y tras su paso por un fútbol estadounidense que echaba a andar, volvió a México para jugar en Laguna y terminar desempeñando un papel de jugador-entrenador en San Luis de Potosí y en Atletas Campesinos de Querétaro, antes de abandonar definitivamente el fútbol en 1972. O eso pensaba él. Llegó a entrenar a la selección mexicana sub-19 en la que despuntaba un joven Hugo Sánchez antes de desvincularse de la pelota. El acto de 2008 es simbólico, pero al tratarse de un partido oficial, es historia del fútbol. Salvo que alguien tenga la entereza de superar a Salvador Reyes, el mítico delantero mexicano será por mucho tiempo la persona más anciana en disputar un partido de fútbol en la historia. El fútbol, Chivas y México, lo perdió en 2012, con 76 años y por culpa de un cáncer de colón que ya conocía. Su mujer sigue repitiendo a diario que sigue haciéndose notar en cada partido de Chivas porque “los héroes nunca mueren”. Eterna gloria al ‘Chava’.

 


 

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