Secciones Edición: 07

Daddy Birori o el fraude de las dos caras

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Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

En el mundo de los pequeños nicolases, las evasiones a manos llenas y los imitadores carnales del Ken y la Barbie (¡se bañan en excremento de camello!), a la ficción la ha salido una competencia dura y realmente inesperada: la realidad. Constantemente, los novelistas que temían que su libro fuese considerado de ciencia ficción recortaban en su imaginación algunos retales de locura para configurar un producto asequible y verosímil. Ahora, la realidad, si es que esto termina metafísicamente de existir, la ha adelantado sin pudor. La vida nunca es corta en imaginación, pues lo inimaginable hoy, pasa mañana. Y lo peor: nos enteramos.

Las dudas sobre la edad de los jugadores africanos, unas cargadas de razón y otras de racismo, siempre han trazado una excusa para justificar su triunfo en las categorías inferiores de selecciones nacionales y sus estrepitosos fracasos posteriores. Desde luego, un fraude podría explicar un caso, pero no la continuidad de los mismos. Así pues, la sospecha sobre la madurez merece justamente ser apartada hasta que se demuestre lo contrario. Los campeonatos de menores ya no son, dicen, la feria de la corrupción de la chavalería, sino solo de los mayores. Está bien. El fútbol africano, dicen, tampoco es ya un nido de tipos que son magníficos a los 16 e ínfimos a los 25, sino que la evolución, lenta como la del continente, se palpa mirando unos años atrás.

birori2Sin embargo, poco contribuyen a la evolución los tejemanejes de corruptelas a grandes escala o la mala intención de algunos. Mala intención, confusión o bobada apoyada en la ignorancia burocrática. Esta historia la hubiese podido escribir Le Carré desde una versión policíaca o Valle-Inclán desde la perspectiva cierta del absurdo. Dady Birori es ruandés. O congoleño. Háganse ya una idea. Hace poco más de diez meses, RD Congo y Ruanda se jugaban el pase a la ronda final de clasificación a la Copa de África. El resultado final fue 2-2, pero los penaltis, ese tiempo extra que tiene mucho de mental y poco de lotería, decidieron. Ganó Ruanda (4-3) y su participación en la CAN de Marruecos (finalmente en Guinea, ante el temor marroquí a que pudiera haber crisis de ébola) estaba más cerca. Pero no. Habían hecho trampa sin querer queriendo.

Poco tiempo después, la Federación Congoleña de Fútbol alega alineación indebida en el partido de ida. Hay un jugador que en realidad no es ruandés (o sí, pero ha estado engañando por otro lado) y fue alineado aquel partido. Participó en la idea, pero no en la vuelta. No había dudas sobre quién se trataba. Dady Birori se llama Agiti Taddy Eketiama y es congoleño. Eso dice uno de sus pasaportes. O así está registrado en la federación congoleña de fútbol, a la que fue inscrito con dicha nacionalidad por su equipo, el AS Vita (Congo).

A Birori se le impidió jugar de inmediato hasta que los hechos, que lo estaban mirando a la cara clamando verdad, se solucionaran. Para empezar, la CAF comprobó que lo que denunciaba la federación congoleña era cierto. Y lo era: la selección de Ruanda había jugado con un futbolista “ilegal” (no elegible, en cualquiera de los casos) o con dos nombres y dos pasaportes distintos, uno ruandés y otro congoleño. Una fraude en toda regla. La primera medida fue paralizar el resultado y dar el pase a la ronda final de clasificación de la Copa de África (donde esperaban Nigeria, Sudáfrica y Sudán).

Dady Birori es ruandés y juega con Ruanda. Dady Birori también se llama Agiti Taddy Eketiama, es congoleño y juega con el Congo

La realidad es tan cruda y creativa que Congo, una selección “eliminada”, está jugando la Copa de África. Los Diablos Rojos, cuyos nombres más destacados son Thievy (Almería) y Oniangué (Reims), avanzaron en el duro grupo que les había tocado y lograron una meritoria clasificación. Un equipo que había sido eliminado injustamente acaba haciendo una de las últimas proezas del fútbol africano (no se clasificaban para la CAN desde 2000 y la ganaron en 1972). La proeza podría no haber sido tal, efectivamente, si Congo no hubiese pasado de ronda o no se hubiese dado cuenta del Fraude Birori. Pero, fundamentalmente, porque ese Ruanda-Congo debió ser Lybia-Congo. Birori, de posición delantero, marcó un hattrick en la eliminatoria anterior e hizo que su selección pasara. Los libios, entrenador por Javier Clemente, no se percataron evidentemente de que el pasaporte de Birori era falso. El hecho parece de ficción incluso a 2014, por lo que no hay demasiado achacable a la federación libia, salvo contratar a Clemente.

La carrera de Birori paró en seco. Probablemente, marcado por su pasado. El fraudulento jugador había jugado en Ruanda, no se trataba de un desconocido, por lo que sorprende su osadía a la hora de plantearse jugar con otro país que no era el suyo. Tal vez influenciado por su carrera en el Atraco FC (sí, querido lector, Birori en 2009 fichó por un equipo ruandés de tal nombre), se dejó llevar y aceptó llamarse de dos nombres, tener dos pasaportes, dos personalidades, dos fechas de nacimiento y, por supuesto, dos camisetas. Porque sí, estimado lector, Birori, he aquí la mayor de las sorpresas, participó en la Champions League africana de 2009 con su pasaporte y nombre congoleño. Un desdoble de la personalidad a la altura, en efecto, de Francisco Nicolás, el pequeño gran mentiroso español. No es cuestión de Estado, pero el fútbol, conviene no olvidarlo, es la cosa más importante de las cosas menos importantes, como propuso Valdano (Sacchi, según otros).

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Dice el refranero español que la mentira tiene las piernas muy cortas, pero Birori las quiso hacer de chicle (largas, pero débiles). Daddy Birori, ruandés, nació el 12 de diciembre de 1986. Agiti Taddy Eketiama es congoleño y nació el 13 de diciembre de 1990. Ambos, como saben, son la misma persona, pero el ruandocongoleño intuyó que la memoria, como la burocracia, no es algo que se cultive en África. Birori (o Eketiama, como quieran) no fue amparado por el país que representaba, cuyo desmarque fue mejor que cualquiera de Ronaldo: “La Federación de Fútbol de Ruanda confirma que solo posee y tiene en su conocimiento una sola identidad”. La Confederación Africana de Fútbol desmintió también a la federación ruandesa. “Lo conocía, lo usó y lo convocó a sabiendas”. Sencillamente porque es la Federación de Ruanda la que registró el nombre de Eketiama Agiti Taddy en un equipo de su país. Naturalmente, hay negligencia a la vista: mentir a sabiendas o no filtrar de manera adecuada la documentación. Seguramente lo segundo peor que lo primero.

No solo es Birori y Ruanda, Guinea Ecuatorial (¡¡país que organiza y participa!!) y Gambia también se quedaron fuera por trampas burocráticas, nunca tan esperpénticas como las de Birori (o Eketiama) y su última selección. Ruanda perdió la posibilidad de clasificar para la Copa de África, fue investigada y puesta en el punto de mira, aunque no ha tenido más consecuencias legales que la descalificación. Birori (o Eketiama), el 17 de septiembre de 2014, fue sancionado durante dos años por tramposo y de por vida por tonto. Ese mismo mes, su club, el AS Vita, tenía las semifinales de la Champions League Africana. Tal vez este sea su mayor castigo. Al fin y al cabo se trata de un ser humano en todo el esplendor de la picaresca y la debilidad de la mentira.

 


 

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