Secciones Edición: 03

Bakú Football Manager

baku

Por José David López (@elenganchejd)

Calor, persiana bajada hasta alcanzar la penumbra de la sala y ventana abierta para que la ligera brisa que osara entrar, sofocara la temperatura. Descamisado, con una botella de agua bien fría haciendo las veces de asistente y con la puerta entreabierta para escuchar las pisadas que podían recorrer el largo pasillo. Un ojo puesto en la pantalla y otro en el exterior. La mente intenta dividir funciones, repartir tareas y no desconcentrarse para evitar problemas pero, al cabo de unos minutos, la alarma baja y la capacidad de atracción del ratón me secuestra. Estoy vendido. A la bronca, al castigo que recibiría si, por enésima vez, volvía a ‘colarme’ en la habitación de mis padres para pasarme todo el día delante del ordenador. Me habían prohibido hacerlo, me había costado varias pagas sin cobrar y numerosas riñas que soportar, pero no había manera de controlarme. Así, absolutamente entregado al entretenimiento y asumiendo las graves consecuencias que podía depararme, pasé días, horas, muchísimas aunque nunca demasiadas, de mis veranos infantiles. Para mi madre me había convertido en una especie de epiléptico atrapado a ese “cacharro venenoso” que me robaba la energía para transformarme en un ser sedentario y ermitaño. ¡Cuántas veces la escuchaba avanzando de puntillas por la casa hasta llegar a aquella habitación y pillarme in fraganti! Se acabaría riendo porque lo que para ella era una peligrosa atracción hacia la pantalla de aquellos curiosos ordenadores de finales de siglo, para mí era el primer amor real, probablemente el único de mi vida, por los videojuegos. Y la excusa de la industria no había sido el último superhéroe ni el último espía salvavidas, sino un concepto tan sencillo como adictivo de lo que ya amaba, el fútbol. Aquellas horas son y serán siempre para mí. Era el PC Fútbol.

Si la pasión del fútbol ya me había engendrado su semillita en esos años de adolescencia, la aparición de aquel mánager de gestión deportiva que me permitía ponerme en la piel del presidente, entrenador, ambicioso juvenil o estrella del equipo de mis amores, lo desató hasta límites metafísicos. Unos días era Nevio Scala (sí, no me preguntéis por qué pero recuerdo perfectamente que aquel nombre me cayó en gracia y lo usaba como símbolo de máxima profesionalidad) intentando acechar la Champions League, otros era el nuevo Silvio Berlusconi proyectando una escuela futbolística impulsando a quienes tenían nuevas ideas para mi club y otros, los que más me gustaban, era un simple entrenador primerizo que quería romper las barreras de la historia ascendiendo y sumando gestas imposible como mi Talavera CF. ¿Y cómo lo hacía? Con ayuda de un bien organizado staff de asistentes, preparadores físicos, especialistas tácticos y, desde luego, trabajando mano a mano con el director deportivo y con mi querido ojeador. Tratar de sacar jóvenes perlas de la cantera criadas bajo mi tutela para que pudieran incorporarse al primer equipo y progresar hasta donde nadie imaginó. No solo esto era lo que más apreciaba de mis partidas, sino que era verme reflejado en aquello que yo, aun por entonces futbolista, soñaba cumplir. Y así llegaban muchos nombres que todavía puedo recordar. El encargado de rastrear el camino de esos posibles cracks del futuro tardaba muchos meses en lograr avisarte de que alguna posibilidad andaba suelta y allí surgieron Leo, Zangirolami y, sobre todo, Usandi (un killer que se convirtió en semidios muchísimas tardes de mi infancia). El paso de los años me permite recordar con un afecto único esos momentos que, a pesar de intentar recuperar en varias etapas de mi vida, jamás logré. Los sueños de ascensos, títulos y estadios gigantescos se terminaron allí para mí. Pero mi generación fue tan marcada que aquel fútbol puro a golpe de ratón traspasó lo virtual a lo auténtico, lo tácito a lo verídico, lo utópico a lo real. Nuestro sueño lo cumple hoy Vugar Huseynzade.

Vugar Huseynzade - Baku

Y es que ese mundo del fútbol que hoy mueve a nivel global 500.000 millones de dólares anuales, ese negocio convertido ya en la 17° economía del mundo, ese sector que permite al club más poderoso del planeta facturar 401,4 millones de euros y a la FIFA sumar un patrimonio de 1.061 millones de dólares, aún necesita el ADN primario que jamás lo abandonará, el de los sueños de un adolescente. Vugar Huseynzade también acumuló envidiables veranos encerrado en su cuartito, secuestrado por la pantalla de un ordenador más vanguardista y obsesionado en levantar los trofeos más prestigiosos con sus equipos preferidos. La evolución natural le hizo enamorarse del considerado mejor mánager de gestión deportiva del mundo de los videojuegos en la era moderna, el famosísimo Football Manager (creado por Sega y Sports Interactive en primer término aunque hoy ya con cientos de empresas involucradas en su gestión). Este chico que hoy tiene apenas 23 años, logró más victorias que nadie, rentabilizó cada euro mejor que nadie, multiplicó las ganancias de sus clubes más que nadie y construyó el estadio más grande del mundo sin caer en endeudamientos. Logró reunir una plantilla competitiva formada por estrellas de relumbrón y canteranos ya convertidos en iconos deseados, derribó las barreras del fútbol humilde creando incertidumbre a los gigantes europeos y fue acabó agasajado por ellos, todos peleados por tenerlo en su banquillo. Para la mayoría, incluso para los más intrépidos, las metas futbolísticas quedan ahí, frenan sus límites ahí y sucumben a cualquier fantasía en ese punto. Pero Vugar, un azerí-azerbaiyano de raíces suecas, superó cualquier idealización al convertirse en el primer entrenador del mundo del fútbol gracias a sus habilidades virtuales.

Vugar Huseynzade se convirtió en el entrenador de un club de fútbol profesional gracias a sus habilidades en el Football Manager

FK_BakuEl veinteañero, además de su incansable amor al mundo del fútbol, es un estudioso, meticuloso y detallista, titulado en Gestión Empresarial por la Universidad de Boston y con experiencia en gestión deportiva tras diversas prácticas en agencias estadounidenses. Sus ambiciones encontraron el conducto ideal una mañana en Lituania: “Me reuní con el presidente del Bakú FC allí porque él tenía un discurso y yo unas charlas. Me hizo una broma y al sonreírme me dijo que debía ponerme en contacto con él cuando terminara con mi educación para que ellos manejaran mi futuro profesional. Y, aunque de inicio parecían no ir a ningún sitio aquellas palabras, en 2011 me ofreció acceder al club desde un puesto completamente ajeno a cuestiones futbolísticas”, dijo hace un tiempo al diario Sportsmail (es muy difícil contactar con Vugar por diferentes cuestiones hoy en día). Desde su primer contacto con el fútbol profesional en un cargo externo a lo que verdaderamente se generaba en el césped, la evolución dentro de los despachos se convirtió en su obsesión logrando acceder a lugares y reuniones claves para encontrar afiliados a su causa. El club no acababa de completar sus metas pero el adolescente ya pasaba las noches enteras en las oficinas del estadio con el ordenador celebrando sus victorias virtuales. Más de una vez alucinó a sus compañeros fichando a jugadores impensables para instituciones minúsculas, vendiendo camisetas de un jugador desconocido por todo el mundo y logrando construir un estadio mastodóntico envidia del resto. Su vida como mánager no había desaparecido en el día a día, pero la señal que le convirtió en el más querido del staff estaba por llegar: “Vieron la pasión que le ponía en el juego. Vieron la energía que trasladaba a mis futbolistas para ganar los mejores títulos y encender a la afición. Vieron que era capaz de contratar mitos hasta con clubes que no conocía. Por todo esto, me ofrecieron ser entrenador de la cantera”, comentaba a medios suecos con una sonrisa incontestable.

“Si inicias un negocio en un restaurante y nunca has trabajado en uno, probablemente tendrías muchos problemas. ¿No crees que si ya has pasado miles de horas en un restaurante virtual (que sí existen) estarás más seguro para iniciar el negocio?”, respondía cada vez que los más curiosos preguntaban acerca de su pasado absolutamente nulo de experiencias ante problemas o compromisos reales de un cargo como el suyo. No oculta que al principio “fue un poco difícil porque era algo nuevo en muchas cosas, tocaba entender otras y aplicar soluciones a cuestiones más personales. Pero con el tiempo se aprende”. Sin embargo, meses después de su primera toma de contacto, el primer equipo entró en crisis de resultados, se perdieron esperanzas de lograr los objetivos marcados a principios de temporada y la presidencia del Baku FC rompió cualquier previsión tras despedir al míster, Bozidar Bandovic (serbio, exentrenador del Olympiakos que ahora dirige al campeón tailandés, Burinam United). Y mientras los mandatarios pasaron semanas imaginando cómo sería su próximo proyecto, visitando posibles nuevos entrenadores y candidatos para agarrar los mandos del club, Vugar Huseynzade apareció en escena: “Me ofrecieron ser entrenador del primer equipo. Siempre he querido serlo y por eso me preparé toda mi vida en el Football Manager. Ellos vieron cómo administraba todo y me ofrecieron un puesto de entrenador oficial (que, según distintas informaciones, parecía ya estar asumido para Jean Pierre Papin, con el que se habían citado varias veces). Es un papel en el que tendría trabajo con los futbolistas profesionales y también con la cantera, pero finalmente decidí solo responsabilizarme del primer equipo porque no podía asumir un cargo de director de fútbol (algo que acabó asumiendo el exfutbolista de Leeds o Inter, Olivier Dacourt)”, contaba hace un par de años, cuando todo sucedió, al periódico sensacionalista sueco Aftonbladet, cuya información recalcaba con insistencia que no tenía ninguna experiencia previa en banquillos reales.

“Me ofrecieron ser entrenador del primer equipo. Siempre he querido serlo y por eso me preparé toda mi vida en el Football Manager” – Vugar Huseynzade

“Tuve una muy buena relación con el entrenador anterior porque Bandovic me ayudó y me dio muchos consejos. Confiaba en mí. Me ayudaba con algunos temas y asuntos sobre cómo son los futbolistas en la vida real. Con ellos me sentía algo extraño porque nunca tuve que interactuar así. Tuvimos problemas de comunicación al principio porque yo no sabía cómo eran. Ahora sé que cada jugador tiene su propia personalidad. Una de nuestras labores es hacerles sentir bien”, analizaba desde su cargo de entrenador del Bakú FC. Algunas de su novedades fueron “hacer grupos para estar juntos más tiempo, sacarlos, ir al cine, a restaurantes, divertirnos todos juntos y generar respeto que, ahora sí, siento que ellos me tienen y saben que yo les tengo”, explicaba. Y, aunque su compromiso era máximo y sus pasiones ilimitadas, no acababa de desterrar que su experiencia previa, la de “10 años en el ordenador al frente de numerosos equipos y con objetivos que cumplir cada temporada, me ayudó mucho a entender los detalles y las responsabilidades”. No oculta que ahora “llegar al vestuario y ver sus sentimientos es algo que me ha emocionado”, destacando una frase que siempre repetía: “Si Mourinho lleva años en esto y dice que no hay día donde no aprenda algo, imaginad yo, que llevo unos meses y me imagino que todo lo que veo me aporta para aprender más rápidamente”, apuntaba a la prensa de su país de origen cuando llevaba solo 6 meses como entrenador.

Petición MiddlesbroughHuseynzade, ya afamado en su país y en todos los medios ingleses que lograron expandir su curiosa historia por todo el planeta, representaba el ideal al que aspiran y han aspirado generaciones enteras de fanáticos. Él había convertido en real el lema más surrealista: “Cada vez que disfrutes con un videojuego, hazlo con mucha energía y concentración; quizás un día puedas ser el próximo entrenador de tu equipo favorito, el conductor de tu equipo de carreras preferido o el mejor luchador de artes marciales de tu ciudad”, citaban en algunos medios esos días. La experiencia del joven representaba una prueba definitiva para el fútbol, pues no es el primer deporte que se vinculaba al talento de un especialista en videojuegos de simulación. Nissan ha creado una academia del famoso GT (Gran Turismo) en colaboración con Sony y, desde 2008, generan sus propios pilotos de competición hasta el punto de que, los mejores, han acabado por participar en la vida real en competiciones tan importantes como Le Mans. Una comparativa que, desde la naturaleza futbolística y debido sobre la naturaleza de ser un deporte colectivo, era difícil simular con una experiencia tan cercana a la realidad. Vugar iniciaba así no solo una experiencia pionera en lo personal, sino la verdadera búsqueda del fútbol por encontrar una estrella detrás de una pantalla de ordenador.

¿Había tenido ya el fútbol situaciones parecidas donde un juego computarizado influyera en decisiones de clubes profesionales? La respuesta es sí, y de nuevo aparece en escena Football Manager. Hace unos años, un aficionado al fútbol de solo 25 años, solicitó trabajo como entrenador en el Middlesbrough, basándose como no, en sus interminables horas de experiencia ante el pc. La carta fue diseccionada en la prensa británica: “He logrado triunfos importantes en Nuneaton, Borough, Chievo Verona, Kalmar FF, Doncaster e incluso el Chelsea. A pesar de que mi experiencia en el Chievo no fue particularmente positiva y me llevó a la destitución (estoy seguro de que vio los titulares) siento que tuve éxito en el resto de experiencias”, escribió John Boileau, quien añadió, además, un completísimo currículum vitae con fotos de sus diferentes méritos. Aquel chico se convirtió en el hazmerreír del pueblo inglés (aunque muchos siguieron su ejemplo) pero tan pasional fue su petición que el mismísimo presidente del Boro le tomó en consideración con una respuesta legendaria para la historia: “Muchas gracias por su reciente propuesta para el cargo directivo en el Middlesbrough Football Club. Usted fue, por supuesto, un candidato excepcional, pero después de una cuidadosa consideración, hemos decidido en contra de su nombramiento. Francamente éramos de la opinión de que su estadía con nosotros habría sido de corta duración, pues su indudable talento generaría que uno de los grandes clubes europeos buscara su servicio. Consideramos que es un signo de nuestro progreso que alguien de su capacidad nos considere de su gusto”, concretó el presidente Steve Gibson.

Un aficionado solicitó el trabajo de entrenador del Middlesbrough basándose en los buenos resultados obtenidos en el Football Manager

Sin salir de las Islas, la vinculación entre lo virtual y lo real, crece. El considerado tercer club más antiguo de la historia del fútbol, el Wrexham Football Club (fundado en 1864), buscaba hace ya algunos años un nuevo entrenador para sustituir a Andy Morrell. Su búsqueda no fue secreta, no fue silenciosa y, desde luego, no tuvo privacidad, sino que decidió pedir solicitudes para el trabajo a través de la página web del club. Solo se pedía enviar un CV y una carta de presentación con el fin de tener posibilidades: “En su 150 aniversario, una emocionante oportunidad ha surgido y el candidato adecuado será una parte integral del futuro crecimiento de Wrexham Football Club como entrenador del primer equipo”, anunciaban. Desde un punto de vista más profesional y de nuevo estrictamente vinculado al videojuego Football Manager, la empresa que lo abandera, Sports Interactive, cuenta con 1.000 ojeadores repartidos por todo el mundo para completar debidamente cada futbolista hasta cualidades y rasgos insospechados. Así, se generan las plantillas de más de 20.000 equipos que con todo lujo de detalles y veracidad hasta recrear absolutamente cada mínimo aspecto de cualquier entidad. Un entramado perfectamente desarrollado año a año, mejorado, perfeccionado y en pleno rendimiento a tenor de los resultados. Tan válidos y generosos son sus aportaciones que incluso el Everton actualmente alcanzó un acuerdo con Sports Interactive: “Ya sabemos que muchos equipos usan nuestras bases de datos para seguir a determinados jugadores, pero este reconocimiento de un equipo de la Premier League es fantástico”, dijo el máximo responsable de la compañía, Miles Jacobson.

El Everton en el Football Manager

Por tanto, juzgar la aventura de Huseynzade empezaba a tener varias lecturas. Él, orgulloso de sus días como entrenador, solo tenía una, competir y alcanzar en el mundo real las mismas metas que se proponía cada mañana cuando encendía el ordenador. Al finalizar la temporada era momento de reflexiones: “Mucha gente me dice que fue una muy buena primera temporada para mí, pero no estoy de acuerdo. Yo esperaba que jugásemos en la Europa League y estábamos muy unidos. Jugamos la semifinal de Copa y, aunque ganamos el primer partido, acabamos siendo eliminados por el Khazar Lankaran de John Toshack. Del resto conseguí cerrar unos fichajes. Uno de ellos lo conocía directamente desde el Football Manager. Necesitábamos un delantero que abriera el juego y allí, en la liga rumana, encontré a Marius Pena. Nada me desanima y los objetivos siguen adelante. Trabajo 24 horas al día y 7 días a la semana. Tengo que enfocar todo mi tiempo a ser mejor entrenador. Quiero más, soy el más joven del mundo y tengo tiempo para conseguirlo”, analizaba en Aftonbladet, aunque el Baku terminó a un punto de Europa después de un mal final de curso.

Este sueño encumbró por todo el planeta su nombre siendo catalogado ya para entonces como entrenador más joven del mundo en el fútbol profesional. El Times, DailyMail, Metro, Sport Magazine o Tribune mostraron pequeñas dosis y declaraciones de Vugar viviendo sus mejores días. El chico que representaba las metas de tantos símiles y que atrajo nuestra atención para este número como aquel que creaba una nueva vertiente de ‘escuelas de fútbol’, merecía conocer mi aprecio personalmente tras buscar durante días sin suerte. ¿Qué había sido de él? ¿Por qué ya no estaba en Bakú y nadie informaba de su adiós? ¿Habría fichado por un club mayor? Un par de mensajes, un par de llamadas y un par de españoles nómadas del balón jugando hoy en Bakú me permitieron acercarme al máximo hasta que un día…

- ¿Vugar?, ¿Vugar?

- Sí, soy yo, ¿Quién es?

- Hola, Vugar, soy José David López, periodista español. ¿Cómo estás? Ya veo que hablas perfectamente español.

- Sí, bien, gracias. He pasado veranos en España cuando era pequeño y aprendí algo, por eso aquí soy útil.

- ¿Eres Vugar Huseynzade?

- No, no, soy Vugar pero no el que tú buscas. Huseynzade hace tiempo que ya no trabaja aquí.

- ¿Cuándo se fue?

- Cuando llegó Milinko Pantic, nuestro entrenador (al menos en el momento de mi llamada). No le gustó su trabajo, era un poco mentiroso y no cumplía sus responsabilidades.

- Vugar, yo te llamo porque llevo tiempo desarrollando una historia sobre él y sobre cómo ha estado trabajando con vosotros. Pero he hablado con varias personas cercanas al club y con varios futbolistas españoles que juegan allí y me dicen que no conocen a Vugar. Y como tú te llamas igual me han dado tu teléfono pero dicen que eres el traductor del Bakú.

- Sí, yo soy el traductor. El Vugar que tú buscas, Vugar Huseynzade, aprovechó su momento. Se contó en varios medios de Suecia, donde él tiene familia y vive ahora, que había logrado llegar a ser entrenador de nuestro equipo y que todo se debía a que era muy bueno con un juego de fútbol en el ordenador. Pero todo era mentira. Aquí solo estuvo de delegado. Llevaba asuntos de viajes, de papeles de jugadores, arreglaba asuntos federativos y esas cosas, pero apenas estuvo 6 meses. Era bueno en el ordenador sí, pero como delegado no.

- ¿Y por qué él habló representando al club como entrenador o con un cargo de peso?

- Porque en la web del club en ese momento se pusieron fotos y nombres de los encargados y como la palabra delegado no tiene un símil en inglés, pusieron un término parecido a coach. Eso llamó la atención de algún periodista inglés, le hizo gracia la historia, a Vugar le gustó que lo llamaran y escribieron de él en todo el mundo. Cuando se dio cuenta, creo que la historia era tan famosa que ya no podía dar marcha atrás.

- ¿Y nadie te llamó a ti o al club?

- No, me alegro que tú llames, nadie más llama para interesarse o preguntar la verdad, pero eso fue una mentira sin más. Estuvo de delegado y solo 6 meses. ¿Cómo iba a entrenar a un equipo profesional como Bakú? ¿Quién creen que somos? Qué poco respeto los periodistas ingleses contando esas cosas al mundo.

Y en apenas seis minutos de tarifa Madrid-Bakú, todas las leyendas y sueños contados se desplomaron. El romanticismo que irradiaba la idea de un niño al frente de un club como merecimiento a su capacidad erudita para gestionar fútbol desde un portátil era tan grande que los curiosos nos asomamos para comprobar que la realidad, incluso con toques virtuales, acaba superando a la ficción. Algunos pudimos encajar el golpe y asumimos la derrota cuando apenas éramos adolescentes. Vugar, al que supongo secuestrado en su habitación intentando fichar a la última perla azerbaiyana en su nueva partida con el Binh Duong vietnamita y rellenando su taza de café para reponer fuerzas sin pestañear, vivió su sueño, uno tan particular y exclusivo que solo sigue existiendo en su cabeza. No fue tal. No fue real. Nunca lo cumplió. Y lo peor: nunca lo asumió. Para medio mundo, siempre fue el técnico más joven de la historia. Para los que habéis llegado hasta aquí, en parte, también. La locura es un placer que solo el loco conoce. ¿Desde cuándo el fútbol nos prohibió soñar?

 


 

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