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Aviación, el equipo que salvó el sentimiento rojiblanco

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Por José Hernández (@rainerbonhof)

El 17 de mayo de 2014 el escudo del Atlético volvió a volar. El cielo de Barcelona unió el sentimiento de cientos de miles de colchoneros que por fin, tras 18 años, pudieron gritar a los cuatro vientos su alegría. Porque el Atlético es algo más, un club diferente en el que el sentimiento de pertenencia se transforma en una filosofía. Vivir de rojiblanco es volar hacia un mundo de sensaciones encontradas, de alegrías y lágrimas por la gloria perdida. El pasado mes de mayo el Atlético de Madrid conoció el éxtasis, pero pocos días más tarde volvió a asomarse al abismo cuando Sergio Ramos, el faraón de camas del vecino de enfrente, conectó un remate de cabeza que nublo el paraíso rojiblanco. Porque así es el Atleti.

Esta historia comenzó en 1903, en tiempos de un fútbol incipiente en España, por lo menos en cuanto a los torneos oficiales se refiere. A principio de siglo los Sportsmen (como se conocía a aquellos locos que vivían el fútbol en su forma más primaria) luchaban por dar forma a un deporte llegado desde las islas británicas y al que muchos consideraban una actividad burda, propia de personas poco instruidas. Sin embargo, la Copa de la Coronación de 1902 constituyó un punto de inflexión en cuanto a la popularidad de este juego. Aquel Concurso de Foot-ball (como fue bautizado el campeonato) apadrinado por Alfonso XIII constituyó la primera gran competición nacional de verdadera difusión mediática, y es entonces cuando nacen las primeras rivalidades, escisiones de jugadores, fusiones de clubes y en definitiva, se forma el embrión estructural del fútbol que conocemos a día de hoy. Como sabemos, el Athletic de Madrid fue fundado un año después de la Copa de la Coronación, auspiciado por un grupo de aficionados del Athletic Club (de Bilbao) miembros de la Escuela Especial de Ingenieros de Minas. El objetivo era el de crear una sociedad que actuara como sucursal del club vasco en Madrid.

Los miembros del Athletic de Madrid pasarían a ser de la misma forma socios del Athletic de Bilbao, y como se especificaba firmemente en los estatutos, los dos equipos no podrían enfrentarse entre ellos al ser en definitiva el mismo club. Resulta curioso pensar en el camino recorrido por los dos equipos cuando ha transcurrido más de un siglo de aquella reunión fundacional producida en la sede de la Sociedad Vasco-Navarra de Madrid. La historia de dos grandes del fútbol español que llevaron el nombre del Athletic y los colores rojiblancos por el mundo, que resistieron a una guerra y sobrevivieron a la adversidad de maneras distintas. Al Athletic Club de Bilbao le salvó su filosofía, al de Madrid su instinto de supervivencia. Hay que apuntar que no fue hasta 1921 cuando el Athletic de la capital se desvinculó por completo de su homónimo bilbaíno, una circunstancia natural debido al funcionamiento independiente que ya habían adoptado las dos instituciones en los últimos tiempos; ese mismo año se enfrentaron en la final de copa, en un histórico partido que se jugó en San Mamés y en el que el conjunto vasco demostró claramente su superioridad.

Es aquí cuando debemos dar un salto en el camino para acercarnos a la cumbre de nuestra historia. En 1936 estalló la Guerra Civil Española, pero poco tiempo antes el Athletic de Madrid vivió un momento deportivo dramático. El club había pasado graves apuros en la parcela institucional, y el 19 de abril del 36 se jugó a una carta su futuro en primera división. Era la última jornada del campeonato. Los rojiblancos recibían al Sevilla: si ganaban o empataban se mantendrían con los mejores, en cambio si eran derrotados perderían la categoría. Pese a las escaseces de la época, el encuentro se vivió como una auténtica homilía del sentimiento rojiblanco. Había que salvar al club por encima de todo y el equipo les necesitaba. El Sevilla llegaba con las mismas intenciones y demostró una gran fortaleza en el Metropolitano. A falta de media hora tenía asegurada la permanencia gracias a un rotundo 1-3, pero el Atleti siempre es el Atleti. Primero acortó diferencias gracias a un gol de Gabilondo, y a falta de cuatro minutos, cuando los aficionados rojiblancos no aguantaban la respiración, Elicegui fue zancadilleado en el área ¡Penalti a favor del Athletic de Madrid!

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Los hinchas colchoneros se abrazaban y los jugadores no querían mirar la ejecución del lanzamiento, una responsabilidad que recayó en las botas de Eduardo González Valiño “Chacho”. Él era uno de aquellos jugadores adorados por el público, una leyenda eterna capaz de lo mejor y de lo peor, como marcarle 6 goles a Bulgaria con la camiseta de la selección española (récord absoluto del equipo nacional) o fallar en uno de los momentos clave de su carrera. Chacho estrelló el balón en el poste derecho de la portería defendida por Eizaguirre y el Athletic descendió. Unos meses después estalló la guerra civil, al mismo tiempo que los clubes preparaban sus plantillas con la evidente falta de medios y efectivos, justo antes de que las competiciones oficiales se paralizaran. Curiosamente, esta macabra circunstancia iba a provocar años después que el Atlético no jugara en segunda división, aunque para que ello tendría que aparecer el gran protagonista de nuestra historia, el Aviación.

Al contrario de lo que se ha afirmado en muchas ocasiones, el fútbol no se paralizó durante el conflicto bélico. Los historiadores han demostrado que hubo fútbol, y mucho, en los años en los que las dos españas se encontraban en guerra. Pero obviamente la situación de los clubes se volvió muy cruda, en especial la del Athletic de Madrid. El estadio Metropolitano fue completamente arrasado por los efectos colaterales de la guerra, y muy pocos podían pensar que el equipo lograría salvar la situación en el futuro. A falta de fútbol oficial, se crearon varios equipos surgidos de las diferentes unidades militares y formados por jugadores y milicianos. Entre ellos cabe destacar al Recuperación de Levante y al Aviación Nacional. El último de ellos nació en la base aérea de Matacán, en Salamanca, pero un año después de su fundación se fue a Zaragoza debido al traslado de sus unidades. Es decir, sin saberlo, el futuro del Athletic de Madrid se gestó en Salamanca y en Aragón, donde el Aviación Nacional llegó a participar en el campeonato regional una vez terminada la guerra. El Aviación se había convertido en uno de los conjuntos más potentes del país, con nivel suficiente para poder formar parte de la recuperada primera división española. Pero en 1939 la Federación emitió un Decreto en el que se recuperaban las competiciones tal y como habían quedado en el momento de iniciarse la guerra, por lo que el Aviación (ya trasladado a Madrid) debería comenzar desde las divisiones regionales para ganar el derecho a jugar con los mejores. Pero había otra opción para ellos, intentar una fusión.

noche02Acabada la guerra existían dos clubes de Madrid que tendrían que disputar la liga de segunda división: el Athletic de Madrid y el CD Nacional. Hay que apuntar que de los dos, el primero era el que más dificultades tenía para subsistir (caprichos del destino), por tanto la posibilidad más viable para el Aviación era fusionarse con los segundos abocando al Athletic prácticamente a su desaparición. Afirmamos esto porque el Aviación tenía en ese momento una estructura más potente, y porque el Athletic había quedado arrasado; sin estadio, sin fondos monetarios y prácticamente sin jugadores. Tras largas negociaciones se produjo el gran acuerdo de la historia del club que conocemos a día de hoy como el Atlético de Madrid, la fusión con el Aviación (El CD Nacional desapareció ese mismo año). Gracias al acuerdo el potente Aviación se aseguraba jugar al menos en segunda división, mientras que el Athletic podía seguir sobreviviendo. Se acordó cambiar el nombre al de Athletic-Aviación Club y se aceptaron los colores del Athletic como propios. Cambiaba el escudo y el Aviación aportaba a su gran plantilla de futbolistas, algunos de los mejores del país en ese momento (Escudero, Pepote, Machín…) Además, el Aviación llegaba con un fichaje de campanillas, nada menos que el legendario Ricardo Zamora, retornado de Francia y que iniciaría así su carrera de entrenador en nuestro país. Pero por si fuera poco el milagro del Athletic al haber cruzado su camino con el Aviación, no sería de menor calado el que iba a ocurrir en las siguientes fechas. Milagrosamente el Athletic no jugaría en segunda división (como obligaba el descenso de 1936), sino que lo haría en la máxima categoría y terminaría la temporada de la forma más brillante de todas, siendo campeón de liga.

La situación ocurrida fue la siguiente. En junio de 1938 la Federación Española acordó conceder a Osasuna una plaza en primera división para ¡Agradecer los servicios del pueblo navarro hacia el vencedor de la guerra! Una decisión arbitraria que no tardó en convertirse en el gran tema del verano futbolístico. Equipos como el Celta, el Deportivo e incluso el Ceuta, reclamaron una situación de favor similar. Ante esta coyuntura la Federación dio marcha atrás a la decisión y decidió sortear el calendario sin más contratiempos. Mientras tanto el Athletic-Aviación aguardaba su turno en segunda división. Lo que ocurrió fue que el Oviedo (que debía jugar en primera división) renunció a su puesto debido a que su estadio había quedado arrasado, y a pesar de que la Federación quiso que la liga se jugara con 11 equipos en lugar de los 12 preestablecidos, Osasuna volvió a reclamar el premio que se le había concedido en el pasado. Pero la oportunidad del Aviación había llegado. Sus dirigentes entendieron que si había que conceder una nueva plaza en primera división, ésta debería ser para el Athletic- Aviación, al fin y al cabo, y a pesar del descenso de 1936, deportivamente era el siguiente equipo que lo merecía debido a la renuncia del Oviedo.

El problema fue de dimensiones tan inmensas que la Federación tuvo que reunirse con carácter extraordinario para decidir la confrontación entre Osasuna y el Aviación ¿Para quien debía ser esa plaza en primera división? A pesar de estar ante un problema que la propia federación había creado sin necesidad, se decidió resolver la situación de la manera más elegante posible: Athletic-Aviación y Osasuna tendrían que jugarse su plaza en la máxima categoría en un partido que se disputaría en Valencia. El 26 de noviembre de 1939 los dos equipos se enfrentaron en el estadio de Mestalla con una plaza en primera división en juego. Formaron así:

ATHLETIC AVIACIÓN: Tabales; Mesa, Alejandro; Blanco, Germán, Machorro; Enrique, Escudero, Elícegui, Campos y Vázquez.

OSASUNA: Florenza; Archanda, Cervantes; Aranaz, Cuqui Bienzobas, Irastorza; Casariego, Gastón, Vergara, Paco Bienzobas y Múgica.

Ganó el Athletic, con Zamora en el banquillo. Hay que recordar que la última gran actuación de Ricardo Zamora como jugador en España había sido precisamente en ese estadio, cuando en la final de copa de 1936 pasó a la historia siendo uno de los grandes artífices del triunfo del Madrid (entonces sin el Real en el nombre) ante el Barcelona. Tres años después, en otro puesto y con una guerra y un exilio de por medio, volvía a ser clave en la historia del fútbol español, ya que conseguía de forma milagrosa que el Athletic-Aviación mantuviera la categoría. Pero la historia es todavía más caprichosa ¿Recuerdan aquello de que ser del Atleti es una emoción diferente? Pues lo es, para la desgracia y también en las situaciones más inverosímiles cercanas a la felicidad. Aquí debemos recordar aquel penalti que Chacho falló ante el Sevilla en 1936 y que condenó al Athletic al descenso, ya que cuatro años más tarde la historia volvía a unir el destino de los madrileños y los andaluces.

El Athletic-Aviación realizó una temporada fantástica, llegando al último encuentro ante el Valencia con opciones de ser campeón de liga. Para ello dependía de su victoria y de que el Sevilla no lograra vencer en Alicante ante el Hércules. La realidad superaba a cualquier guión establecido, pero así fue. En el campo de Vallecas el Athletic-Aviación (poco tiempo más tarde pasaría a llamarse Atlético debido al decreto de españolización de los nombres) se impuso y el Sevilla empató. Los rojiblancos celebraron la primera liga de su historia en medio del clamor popular. La historia continuó y aquel club que estuvo al borde de la desaparición siguió llenando su vitrina de trofeos y al mismo tiempo alimentando su fama vinculada a la mala suerte. Pero sin duda, terminada la guerra civil la fortuna se alió con ellos, el Aviación había salvado el corazón del futuro Atlético de Madrid.

 


 

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