Secciones Edición: 08

No pasa nada, tenemos a Arconada

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Por Francisco Ortí (@FranciscoOrti)

Hay momentos en los que la suerte interpreta un papel decisivo. Instantes en los que no importa el mérito, el esfuerzo o el trabajo realizado, sino únicamente el caprichoso deseo de la divina providencia. Si le preguntas a Luis Miguel Arconada por un episodio de su vida en el que la suerte apareciera para inclinar la balanza a su favor, te llevará como un resorte hasta la final de la Eurocopa de 1984. Concretamente al minuto 57 de aquel partido. España y Francia se enfrentaban en el Parque de los Príncipes de París y Michel Platini estaba preparado para ejecutar un libre directo en la frontal del área. El francés era el vigente ganador del Balón de Oro y un consumado especialista en los lanzamientos a balón parado. Esquivaba las barreras con una facilidad pasmosa y disponía de un amplio abanico de recursos para buscar el gol. Bajo palos, Arconada comenzó a dudar de sí mismo ante el inminente duelo contra el galo. Unas dudas injustificadas, puesto que durante todo el torneo se había mostrado muy seguro bajo palos, pero el respeto se deformó en miedo en el momento más inoportuno.

El desenlace de ese duelo Platini – Arconada es conocido por todo el mundo. Posiblemente sea una de las imágenes más célebres y decisivas de la historia del fútbol español. El internacional francés ejecutó el libre directo sin demasiada precisión. Arconada adivinó la trayectoria y el balón se dirigió manso hacia los manos del portero. Todo parecía controlado, pero inesperadamente el esférico se escurrió entre los brazos del guardameta y comenzó a rodar tímidamente en busca de la red. Arconada temió lo peor. Pensó que su error acabaría de manera inevitable en gol y durante décimas de segundo imaginó portadas y titulares acusándole de echar por tierra el trabajo de sus compañeros. Pero cuando todo parecía perdido, la suerte acudió a su rescate. Arconada no había podido frenar el balón disparado por Platini, pero sí lo haría la suerte. Después de que se le escapara el esférico se giró temiendo que lo encontraría en el fondo de la portería. Sin embargo, descubrió que éste le estaba esperando sobre la misma línea de gol. No había entrado. El barro había evitado que el balón continuara rodando y, por lo tanto, que acabara subiendo al marcador. Arconada suspiró de alivio, recogió el cuero y sacó de puerta tan fuerte como pudo, espantando los fantasmas, espantando una realidad en la que su error pudo costar un Eurocopa a España y el inicio de la época dorada del fútbol español. “Fue un milagro. Todavía no me explico como ese balón no acabó en el fondo de mi portería. Aunque prefiero no darle muchas vueltas. Estábamos bendecidos y la suerte no sonrió”, recuerda el portero.

“Fue un milagro. Todavía no me explico como ese balón no acabó en el fondo de mi portería. Aunque prefiero no darle muchas vueltas. Estábamos bendecidos y la suerte no sonrió” – Arconada

arconada01okArconada acabó siendo el héroe de aquella final. Con la suerte de su parte se sintió imbatible. Abortó todos los ataques de Francia, convertido en un gigante verde bajo palos. Sus intervenciones permitieron a la Selección española llegar con vida hasta la prórroga y, posteriormente, a la decisiva tanta de penaltis. Arconada estuvo inmenso deteniendo los lanzamientos desde los once metros de Michel Platini y Bruno Bellone, para darle el triunfo a España y llevar la Eurocopa de vuelta al país 20 años después, reeditando el éxito de 1964. Además de por sus paradas en la tanda de penaltis a Arconada se le recuerda en aquella final por recoger el título vistiendo la camiseta de Ricardo Zamora. El portero subió al palco del Palco del Parque de los Príncipes enfundado en una de las casacas del mítico Zamora. El gesto era un homenaje a la historia del fútbol español y a uno de sus mejores porteros. “Me he puesto la camiseta para celebrarlo como homenaje a Zamora, porque no pudo lograr un título con España, pero hay que recordarle por lo gran portero que era”, explicó Arconada tras el partido.

Ese balón atascado en el barro supuso el inicio de un lustro de oro para el fútbol español. Posiblemente no vuelva a existir una selección capaz de ganar tanto como aquella. El sendero de gloria arrancó con el triunfo en la Eurocopa de 1984 y, posteriormente, también se mudarían a la vitrina de trofeos de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) la Copa del Mundo de 1986 y la Eurocopa de 1988. Arconada no pudo disfrutar del último éxito en Alemania 88 como protagonista sobre el terreno de juego, pero sí fue decisivo en México 86. Sus intervenciones en la final, salvando dos claros mano a mano ante Karl-Heinz Rummenigge, fueron decisivas para sentar a España en el trono del fútbol mundial. Esas paradas suponen uno de los momentos inolvidables de aquel Mundial, junto al cabezazo de Camacho en las semifinales ante Argentina y el gol de Julio Alberto en el minuto 116 de la final frente a Alemania. “Casera para todos”, gritaba el popular lateral izquierdo, quien se convirtió en un símbolo querido por todo el país.

Pese al final feliz del Mundial de México 1986, no fue un torneo fácil para Luis Miguel Arconada. El portero tuvo que convivir durante toda la fase final con las críticas y acusaciones que apuntaban que no se encontraba en su mejor momento de forma. Pese a ser capitán y líder del conjunto nacional, en la prensa se debatía con crueldad sobre su rendimiento. Desde que encajara tres goles ante Gales en la clasificación para el Mundial se cuestionaba su continuidad bajo palos. También le pasaba factura la rivalidad entre el Athletic Club de Bilbao y la Real Sociedad, lo que provocó que muchos vieran en Andoni Zubizarreta la alternativa en la portería y exigieran su titularidad en México 86. Pese a todo, Miguel Muñoz mantuvo la confianza en Arconada y se acabó demostrando que estaba en lo cierto. Aunque lo que más dolió al portero no fueron las críticas profesionales, sino las que se referían a su vida personal.

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Y es que su mediática relación sentimental con la televisiva Eva Nasarre se convirtió en epicentro tanto de la prensa rosa como deportiva. Ella era un icono televisivo por poner a hacer ejercicio a todo el país cada mañana desde las pantallas de televisión española. Él, un símbolo del fútbol nacional. El morbo estaba servido. Tampoco ayudó que televisión española, en una maniobra comercial destinada a aumentar la audiencia, incluyera a Eva Nasarre en el equipo que la cadena envió a México para la retransmisión de los partidos y la situó a pie de campo, justo detrás de la portería. Continuamente se insinuaba que esta relación amorosa suponía una carga para el portero y su presencia en el césped le distraía durante los encuentros. Arconada siempre defendió a su pareja y silenció las críticas con un ardiente beso ante las cámaras tras ganar el Mundial. Pese a todo, nunca consiguió que la relación entre ambos estuviera bien vista.

Tras colgar las botas, Luis Miguel Arconada probó suerte tanto en los banquillos (llegó a dirigir a la selección española) como en los despachos, siendo directivo de la Real Sociedad y, posteriormente, de la RFEF. Aunque donde se ha perpetuado es como presidente de la UEFA. El exportero asaltó el sillón presidencial del máximo organismo futbolístico europeo en 2007 tras vencer en las elecciones al sueco Lennart Johansson. Su mandato, sin embargo, ha estado marcado por la polémica. Se ha enfrentado a iconos del fútbol mundial como Cristiano Ronaldo -quien le negó el saludo tras la final del pasado Mundial de Clubes- y se ha visto salpicado por el escabroso caso del Qatargate. Arconada defiende su inocencia como defendiera su portería, pero necesitará otra vez de la colaboración de la suerte para escapar del escándalo de corrupción que azota tanto a la UEFA como a la FIFA.

 


 

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