Histórico
10 enero 2019El Enganche

La Sampdoria de Boskov, Vialli y Mancini

Roberto Mancini en su etapa como jugador de la Sampdoria Por Alex García

Los años 80 y 90, aquella lluvia de estrellas en los estadios de Italia que parece estar más lejos que nunca. El futbol ha cambiado en los últimos 25 años y cada vez son menores las probabilidades de ver a un modesto levantar de sus asientos a todo un país. Italia no se libra de ello. El dominio de Juventus, Inter de Milán y Milan solo pudo ser interrumpido por los principales equipos de Roma allá por el inicio de siglo. Pero previo a este oligopolio futbolístico, hubo un equipo que, desde el anonimato, transformó una plantilla modesta en una gran potencia del Calcio. Hablamos de la Sampdoria de Vujadin Boskov.

El técnico serbio llego en 1986 al club genovés, logrando una simbiosis perfecta entre la experiencia y la juventud, pero, sobre todo, entre los jugadores nacionales y los extranjeros. Aquel equipo formaba con Gianluca Pagliuca bajo palos, con Vierchowood y Dossena por delante, Lombardo, Srecko Katanec y el brasileño Toninho Cerezo por delante y una dupla ofensiva que rompió con la maldición de los arietes italianos -desde el 82 había una crisis de talento nacional en la delantera- formada por Gianluca Vialli y Roberto Mancini. Como actores secundarios también destacaban futbolistas como Amadeo Carboni, Mannini, Ivernizzi o Luca Pellegrini.

De la mano de Voskov, la Dorio logró las Coppas de Italia de las temporadas 1987-88 y 1988-89, siendo especial ésta última, al lograrla ante el Napoli de Maradona y Careca ganando 4-0 en el partido de vuelta. Ese mismo año, el club pudo marcar un antes y un después, pero perdió la final de la Recopa de Europa ante el Barcelona. Pese a las derrotas, los éxitos no cesarían. Pese a que en la Serie A la dupla formada por Vialli y Mancini no tuvo cifras notables -11 goles el primero por 10 del segundo-, todo su potencial explotaría en la competición europea.

Brann, Borussia Dortmund y Grashoppers fueron los primeros rivales del conjunto italiano en su único título europeo. Una exhibición de Katanec facilitó el primer duelo ante los noruegos, pero a partir de ese momento la dupla atacante comenzó a resolver cada partido. El Dortmund fue el primero en sucumbir gracias a un doblete de Vialli, y los suizos no fueron capaces de sacar un resultado positivo en ninguno de los dos encuentros. El Mónaco esperaba en semifinales, pero de nuevo un doblete de Vialli abrió el camino hacia la final. Vierchowood y Lombardo contribuyeron en el partido de vuelta para dejar sentenciada la eliminatoria.

El Ullevi de Gotemburgo fue el teatro donde Vialli, Mancini y compañía presentarían su espectáculo aquel 9 de mayo de 1990. Su rival sería un Anderlecht que había dejado atrás al verdugo del conjunto italiano un año atrás, el Barcelona. El partido estuvo desnivelado de principio a fin, pero gracias a la solidez defensiva de los belgas el partido acabó yendo a la prórroga. Sería de nuevo Gianluca Vialli, cerrando su excepcional Recopa, quien con un doblete daría el triunfo a la Doria.

El equipo de Liguria se convirtió en una gran potencia de Italia tras los exitosos tres años anteriores. Ese mismo verano se disputaba el Mundial de Italia, donde Mancini y Vialli se atisbaban como la dupla titular, pero Andrea Carnevale -delantero del Napoli que acabaría en la Roma ese mismo verano- y más tarde Salvatore Schillaci, le quitarían el puesto a Mancini. La dupla se mantendría en la Sampdoria y lograrían el único Scudetto de su historia, el de 1991. Gianluca Vialli lograría su único Capocannoniere con 19 dianas, anotando prácticamente un tercio de los goles de aquella temporada.

La gesta pudo ser aún más grande, pero el Barcelona volvería a entrometerse en su destino. En aquella recordada final de Wembley, un gol de Koeman dejó sin su Copa de Europa a la Sampdoria. Más de dos décadas después, aquel gol sigue levantando ampollas en la ciudad italiana de Génova. Dos descensos a Serie B después y tras un camino lleno de altibajos, la Sampdoria comienza a remontar el vuelo de la mano de Marco Giampaolo y con un Fabio Quagliarella que podría haber causado estragos en los años 90 de haberse juntado con Gianluca Vialli. Pero el fútbol no es lugar para ficción, y los aficionados de la Doria deben confiar en un equipo capacitado no para levantar un Scudetto, pero sí para asaltar los puestos de Liga de Campeones.

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