Histórico
8 enero 2019El Enganche

Joshua Kimmich: Vísteme despacio que tengo prisa

Joshua Kimmich Por Shark Gutiérrez. 

Acostumbrados a llevar “velocidad” por apellido y “veloz” por calificativo, la mayoría de los laterales pretenden escapar -nunca mejor dicho- de las valoraciones ajenas. Ellos, simplemente, “son como son”. No eligieron ocuparse de los carriles, la mayoría de ellos, sino que han aprovechado algunas de sus cualidades como futbolista para poder desarrollar una labor concreta, en un espacio concreto. Nada nuevo y todo muy obvio.

No obstante, cabe hacerse la pregunta con cierta clase de futbolistas: ¿De verdad que no nació siendo lateral? ¿Por qué juega tan bien en una posición tan simple como compleja? Las respuestas a esas cuestiones pueden argumentar, con cierta lógica, las razones de un buen desempeño y se intentará dar una respuesta en este texto.

Puede que John Wesley dijese aquello de “no tengo tiempo para tener prisa”, pero lo cierto es que Joshua Kimmich no solo hace honor a la frase, sino que, además, se ha hecho hueco en un club como el Bayern Múnich, y a una velocidad que ya quisiera Usaín Bolt para sí. Con 20 años, Kimmich recala en el Bayern tras ser traspasado por el Stuttgart quienes, a su vez, le habían cedido durante dos temporadas al RB Leipzig, donde estuvo dos temporadas formándose y aprendiendo de la combinación Zorniger-Rangnick. 8.5 millones desembolsados por una promesa que aún no había debutado en primera división. Una decisión que, aún hoy en el Mercedes-Benz Arena, siguen reclamando con una rabia nostálgica.

Sin duda, se trataba de un riesgo considerable: la mayoría de los grandes talentos nacionales de la última década que habían surgido en Alemania, lo hicieron de manera repentina y “tirando la puerta abajo”. El salto era grande: pasar de 2ª división a disputar Champions League solo se podía hacer, mientras fuese Guardiola tu tutor y mentor. Así fue: a mediados de septiembre de esa temporada, Guardiola le daría la alternativa en Bundesliga. Las circunstancias primero le ubicaron de mediocentro, luego de interior y terminó siendo defensa central ante las inclemencias de lesiones en el cuadro bávaro esa temporada.

Tres entrenadores después (cuatro, si contamos a Löw), Joshua Kimmich ha alcanzado un pico de rendimiento muy alto en el Bayern…y en la selección alemana. Esto ha generado multitud de halagos y comparaciones, debido a su versatilidad a la hora de ubicarle en el campo. Central con Guardiola, MC posicional con Ancelotti (quién lo dejó mucho tiempo en el banquillo) y lateral derecho con Jupp, Kimmich es un auténtico comodín para Niko Kovac.

Sin embargo, cuando a alguien le pregunta al joven futbolista, parece señalar que el aprendizaje con Guardiola fue esencial en multitud de ámbitos: no sólo sabía qué clase de jugador era Kimmich y qué usos podría darle, sino que también enseñó al jugador a tocarla de primeras, a colocarse y ubicarse posicionalmente, a tener un manejo de los espacios que no había aprendido antes, a saber qué hacer incluso antes de conseguir tener la pelota…algo que obliga a conocer muy bien a los compañeros de equipo. Un entrenador que le indicaba al jugador lo que quería inmediatamente, si veía algo que indicarle. Como reconoce el jugador abiertamente: “una gran visión de fútbol” al referirse al técnico catalán.

Fue solo una temporada, pero Kimmich exploró una versatilidad desconocida para él. Hizo que jugar al fútbol fuera mucho más sencillo, unido a su carácter (donde tuvo que superar que el Stuttgart no quisiese contar con él, o cuando se lesionó en Leipzig de relativa gravedad), le han conseguido formar como un jugador sobre el que cimentar el futuro del Bayern y de la selección alemana. Hoy en día, Kimmich decide mejor cuándo incorporarse cuando es lateral, qué hacer con el balón cuando juega en la banda o en una zona más interior, cuando soltarla, qué tiene que ver cuando tiene la pelota, así como también qué hacer cuando se enfrenta a un rival, sea extremo, lateral o centrocampista y una capacidad innata, acompañado de gran técnica, para decidir cómo, cuándo y dónde tiene que ser decisivo.

La madurez como futbolista también se nota en la personal: “no quiero ser un segundo Lahm o el clon de Lahm; quiero ser yo mismo”, explica en una entrevista con The Guardian. Aprende español y lo practica con Thiago o Javi Martínez; Kimmich aprende de todo y no quiere, bajo ningún desligarse del dicho “Vísteme despacio que tengo prisa”, porque “Lo importante no es llegar, sino mantenerse”, y eso es algo que el talento, la madurez, así como la seguridad de Kimmich parecen querer mostrarle en su camino.

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