Histórico
24 noviembre 2018El Enganche

FC Barcelona: Un pase de Arthur

Arthur Melo Por Jordi Cardero.

Dicen que las primeras impresiones son las que duran para siempre. Bastan pocos minutos para ver que Arthur Melo es un futbolista diferente al resto. En una época en la que, cada vez más, se cuestiona el fútbol de posesión, el centrocampista brasileño ha llegado a Europa para que los más escépticos se replanteen algunos conceptos. Porque no es la idea, sino la ejecución de esta, la que marca el éxito. Arthur, en el viaje transoceánico, ha demostrado que está preparado para abanderar un estilo de juego. Su estilo.

En la primera temporada de Ernesto Valverde en el Camp Nou, el Barcelona vio que su esquema tradicional, el 4-3-3, mutaba a un 4-4-2. Un matiz que le restó imaginación en ataque, pese a potenciar la conexión de Leo Messi con Jordi Alba, pero le otorgó un equilibrio que le sirvió a los culés para volver a ganar La Liga. Es muy difícil cuidar a una generación de campeones a medida que estos ya superan los treinta años.

Cada uno de ellos necesita que se le creen contextos específicos -y no siempre favorables para el ecosistema-, que se les arrope. Pasó con la coyuntura de Sergio Busquets con Ivan Rakitic, una unión que se fracturó cuando Valverde decidió juntar a Philippe Coutinho y Ousmane Dembélé en la banda izquierda, como interior y extremo respectivamente. Sin embargo, Wembley volvió a marcar un punto de inflexión.

Aunque es incomparable a las dos Copas de Europa que el Barça ha conseguido en Londres, la titularidad de Arthur ante el Tottenham supuso un cambio de percepción. Un viaje al pasado. La melancolía de aquella noche de mayo de 2011 en la que los catalanes levantaron su tercera Champions League, ante el Manchester United. Quizás el techo del Barça de Pep Guardiola, la consolidación de una idea.

El binomio Coutinho-Dembélé aportaba al equipo una capacidad de desequilibrio muy grande, en diferentes zonas y alturas del campo. Aun así, las ocasiones se generaban por inercia, por el propio peso de la calidad de los atacantes. No había movimientos pautados y Jordi Alba fue uno de los principales afectados. No obstante, en conjunto, el bloque perdió el equilibrio.

Tras pérdida, el Barça se desintegraba. Se desencadenaba el peor síntoma: Busquets corriendo hacia atrás. Y también lo padecía Gerard Piqué. Entonces llegó Arthur.

El brasileño se afianzó en el once tras Wembley y el Barça volvió a reconocerse a partir del balón. Rápidamente, por su naturaleza, Arthur se entendió con Busquets. La relación no es a posteriori, como el Busquets-Rakitic tras pérdida de balón, sino a priori. El ex de Gremio se acerca al pivote para crear. Algo que ya se le vio en Brasil y se le intuyó en el Camp Nou, es la extrema tendencia hacia la horizontalidad. Tomar pocos riesgos con el esférico de cara a los atacantes, pero ser un seguro con este. Como cualquier proceso -y a medida que la confianza aumenta en uno mismo- Arthur ha ido creciendo paulatinamente en cuanto a agresividad.

Con el apoyo de Sergio a su espalda, la recepción interior de Coutinho y la amenaza en largo de Jordi Alba al espacio, el centrocampista de Goiana, por naturalidad y encaje en el sistema, tenderá un poco más hacia pases más arriesgados, más verticales. Es la propuesta de su entorno más cercano.

Una de las consecuencias que ha tenido la entrada de Arthur en el once ha sido el desplazamiento de Coutinho hacia la línea de ataque. Sin embargo, empezó la campaña más atrasado. No fue su primera experiencia como interior. En Liverpool, tras el fichaje de Mohamed Salah, Philippe ya actuó como interior izquierdo.

También lo hizo con la selección brasileña durante el Mundial, para paliar el déficit creativo en el centro del campo. Trasladado al extremo, Coutinho desarrolla un movimiento, natural y necesario, de fuera hacia dentro. Por un lado, vacía el carril exterior a Jordi Alba y, por otro lado, aparece en zonas interiores, donde tiende hacia la finalización. En la translación, la decisión de Leo Messi. El lateral derecho del rival tiene que decidirse entre el catalán o el brasileño y el Barça siempre agudiza el dolor en esa parcela. Coutinho ha pasado a convertirse en un jugador que vive en el pico del área. Donde es más peligroso y puede finalizar sus acciones con su clásico tiro al palo largo.

Un cambio que se ha convertido en rutina es el de Arturo Vidal por Arthur, en las segundas mitades. El brasileño, tras el descanso, no consigue regresar al nivel de la primera parte, el equipo lo nota y Valverde busca otras vías. Con el chileno, el Barça se escalona diferente. Rakitic vuelve a juntarse con Busquets y es Vidal quien se adelanta. La relación con el balón es más distante, porque la amenaza llega por otra vía.

Decía Henry Miller que “nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”. El Barça fichó a un extranjero con sangre de canterano. Arthur cambió la mirada del equipo, la hoja de ruta de la temporada. A partir de un pase de Arthur, el Camp Nou recuerda. El mensaje no es nuevo, pero es un recuerdo nostálgico al paso del tiempo. De las figuras de Xavi Hernàndez y Andrés Iniesta que, a veces, se difuminan, y del resto de una generación que, poco a poco, se va apagando.

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