Histórico
30 noviembre 2018El Enganche

Eintracht Frankfurt, recuperando esencias

Eintracht Frankfurt Por Shark Gutiérrez. 

Recuperar las esencias se antoja como objetivo perenne para todo ser humano que se cree perdido. Volver a lo conocido, a lo seguro, a todo aquello que no conlleve riesgos de ningún tipo. No deja de ser una referencia, al mismo tiempo que una postura conservadora de cómo afrontamos la existencia; algo que nos diferencia, entre seres humanos.

En una noche berlinesa de mayo de 2018, el Eintracht Frankfurt volvió a sus esencias. Su entrenador, Nico Kovac, había derrotado al todopoderoso Bayern Múnich en la final copera, tan solo un año después de quedarse a las puertas y transcurriendo tres décadas desde su último título nacional. Era su cuarta DFB Pokal y le daba el pasaporte para volver a Europa League.

Esa esencia perdida del Eintracht a lo largo de los noventa y primera década del siglo XXI, les llevó a ser un equipo “ascensor”, inestable en lo institucional y económico e irregular en lo deportivo. Carecía de un estilo propio. La llegada de Fredi Bobic como jefe de la dirección deportiva, la salida de un histórico como Armin Veh, y la llegada de Nico Kovac, fue sucediendo de repente, de golpe y casi de sopetón. El técnico berlinés (y origen balcánico) no solo supo salvar a un equipo de un enésimo descenso, sino de construir un equipo con una imagen sólida, fiable y que mantuvo una regularidad apabullante entre 2017 y 2018. Su camino le ha llevado hasta Múnich.

Esta temporada se presentaba como un reto porque, no solo se marchó el artífice de los recientes éxitos del club, sino tres jugadores capitales en los triunfos cosechados: Hradecky, Omar Mascarell y Kevin-Prince Boateng. Bobic se puso manos a la obra, tras confirmarse que Kovac no seguía y fichó a un entrenador desconocido para el fútbol germano, pero no en el fútbol suizo: Adolf Hütter, del Young Boys. Dos estilos contrapuestos: mientras Kovac construye los equipos de atrás hacia delante, el nuevo técnico del Eintracht lo hace de manera diferente.

A eso hay que sumarle que el comienzo de temporada no fue positivo; el equipo tardó en acostumbrarse a su nuevo entrenador, añadido al hecho de que disputaban Europa League, encuadrados en un grupo complicado junto a Marsella y Lazio. El reto no es sencillo: mantener el legado competitivo de su anterior entrenador, cambiando o matizando mucho su propuesta de juego.

Los dos últimos años, el Eintracht Frankfurt era un equipo que evolucionó en apartados que se antojaban claves para el desarrollo competitivo del colectivo. El primero de ellos, la fase inicial (o ataque posicional). Con Kovac, al equipo le costaba iniciar juego y llevar el peso de los encuentros ante rivales, teóricamente, inferiores e incluso jugando como local ante sus iguales. Su idea era mucho más reactiva y se basaba en cuatro pilares: Hradecky, Hasebe, Mascarell y Boateng.

Esos cuatro jugadores hacían que el equipo rindiera bien bajo un contexto siempre más reactivo que proactivo. La velocidad de Marius Wolf, el aprendizaje a jugar en zonas intermedias de un auténtico incordio como Rebic, o el juego de espaldas de Haller, ayudaron a consolidar un dibujo formado por un 1-3-4-2-1, cambiando la distribución de los tres de arriba en función de rival y circunstancias (lesiones, expulsiones, etc). A ese Eintracht no le importaba renunciar al esférico, con tal de aprovechar los huecos dejados por sus rivales y defendía, prácticamente, en bloque medio la mayor parte del tiempo, con un pressing medio-alto sobre la salida rival y ocupando los espacios en recepciones de los rivales. Les obligaba a caer en su trampa.

Esto, muchas veces, no sirvió de nada. Bien por errores en las marcas, por los errores en las entregas o por hacer buena la teoría de “la manta corta”, algo que se suele aplicar a los equipos que presionan alto y buscan alterar el resultado de la salida de pelota rival e intentar recuperar lo antes, así como lo más arriba posible. Se matizaba en función de la modificación de esos cuatro pilares nombrados a comienzos del presente párrafo.

Adi Hütter, sin embargo, ha evolucionado hacia un equipo que tiene una fluidez mayor con la pelota en los pies. Es cierto que se marcharon jugadores clave en el desarrollo del Eintracht a lo largo de 2017 y parte de 2018, pero llegaron otros. La parada sobria de Hradecky, se ha suplido con la vuelta de Kevin Trapp (en calidad de cedido por el PSG), encontrando un guardameta que, aún sigue tendente al fallo y con tendencia a salir en la foto (par bien y para mal), pero que ha evolucionado en otros aspectos como el juego de pies, las salidas por alto y la agilidad bajo la línea (algo en lo que siempre destacó).

En la defensa, el joven Ndicka ha llegado tirando la puerta abajo y forma, junto a Hasebe y Abraham, una tripleta de centrales complementarios entre sí. Mientras el galo es pura potencia, el nipón hace de defensa “escoba” e iniciador del juego, aprovechando que es un jugador polifuncional. Abraham, más lento que Ndicka y menos preciso que Hasebe, es quizás el elemento más prescindible en favor de Russ. En cualquier caso, se tratan de defensas que apenas tienen errores en las marcas zonales o mixtas, que van bien en el juego aéreo y tienen capacidad para desempeñar otras funciones dentro del mismo XI.

Los laterales largos o carrileros siguen estando presente: Da Costa se ha hecho con el puesto de Chandler. Internacional en todas las categorías inferiores de la selección nacional, el carrilero de veinticinco años parece destinado a tener un hueco, más pronto que tarde, en el combinado nacional. Es un carrilero con mucha presencia ofensiva, que llega más de lo que está, y elige, cada vez mejor, sus incorporaciones al ataque. No obstante, el Eintracht depende mucho tanto de él, como su pareja en el otro costado, para cuando tienen posesiones más largas. No obstante, se trata de un carrilero más poderoso y potente que un jugador técnico. Muy al contrario que Filip Kostic, quien se ha adaptado relativamente rápido a su rol de carrilero.

Kostic no solo llega, sino que también está. El balcánico es un futbolista que tiene un cambio de ritmo muy destacado, casi eléctrico y muy difícil de parar si el defensa deja el más mínimo hueco. Con el paso de los meses, ha aprendido a defender y sacrificarse en defensa, siempre que el contexto y el equipo se lo pide, pero vive mucho más que Da Costa. Al fin y al cabo, no deja de ser un extremo reconvertido y, en estos casos, “la cabra siempre tira pá’l monte”.

Estos carrileros se sitúan a la altura de una pareja de interiores dinámicos, con despliegue, nervios, llegada y, a su vez, disciplinados en el plano táctico. Fue uno de los aspectos que más le ha costado pulir a Hütter. La razón es sencilla: la distancia entre líneas que dejan estos dos interiores con respecto a la defensa. Así que esto implica reparto de tareas y funciones con perfiles mucho más marcados, a día de hoy.

Si bien Mascarell era un jugador que tenía buen pie para salir por fuera como para llevarla pegada y cruzar divisoria, abarcando así mucho más campo, la llegada de Lucas Torró primero y la inclusión del suizo Fernandes después, ha hecho que De Guzmán abarque mucho más terreno, siendo un rol en el que se siente mucho más cómodo: conectar la línea de medios, con la delantera. Tanto el español como el helvético son dos centrocampistas con buenas virtudes en el plano táctico: corrigen, se junta con la defensa, cuando el equipo se organiza bien en el pressing alto, y no dudan en enviar directo al espacio si ve la oportunidad.

Un equipo se define en función de los responsables de tomar decisiones con la pelota en los pies, y el Eintracht Frankfurt está muy bien definido. Esto, en parte, es culpa del canadiense De Guzmán, quien tiene más responsabilidad organizativa y elige muy bien los momentos de cuando llegar y pisar área, como en el hecho de defender, replegarse, juntarse y ponerse el mono de faena. Siendo un equipo menos fuerte defensivamente que el año pasado, hoy el Eintracht es un equipo mucho más completo y que sufre menos con su pareja de centrocampistas.

La punta del ataque es sinónimo de gol. Empezando por el galo Sebastian Haller, que es un auténtico espectáculo en lo que a movimientos se refiere: descarga envíos directos que baten líneas, realiza un gran juego de espaldas, a su vez, como no le importa perder opción de remate, si los compañeros están mejor situados. No es un jugador egoísta, pese a ser un nueve eminentemente rematador al primer toque.

Sin embargo, estas dos temporadas en Frankfurt le han permitido evolucionar como delantero, moverse mejor fuera del área y potenciar a sus compañeros. Como, por ejemplo, el archiconocido y deseado Ante Rebic, finalista en el Mundial de Rusia con su selección nacional. A decir verdad, Rebic conocía la Bundesliga con el RB Leipzig en la segunda categoría, pero su cesión y fichaje por el Eintracht Frankfurt (ya en propiedad) promete ser uno de los fichajes más rentables en términos económicos y deportivos de los últimos años.

Rebic sigue siendo el mismo incordio que el año pasado. Es un futbolista que no deja de pelear cada balón hasta el último aliento, que maneja muy bien los espacios y las zonas intermedias y que se encuentra cómodo partiendo ligeramente escorado. La permeabilidad tanto de Haller, como de Jovic, le han permitido acudir a zonas de remates con frecuencias. Aparte está el hecho de su velocidad en los desmarques de ruptura cortos. Luka Jovic, por otro lado, es tan “nueve”, como lo puede ser Haller, pero se mueve mejor en compañía que en solitario.

Es el clásico delantero que siempre está en el momento justo y con el “timming” adecuado para el remate. Está de dulce: aprovecha cada movimiento de Haller y forma, con Rebic, una dupla balcánica letal. Es un delanero con un instinto muy poco frecuente y eso está siendo tenido en cuenta por clubes más grandes, tras adquirir el Eintracht Frankfurt su propiedad. Ya la temporada pasada, especialmente en la segunda vuelta, salvó muchos puntos saliendo desde el banquillo. La salida de Boateng y la nueva ubicación de De Guzmán, han permitido que entre en el XI.

Un XI potente y fijo que parece haberse establecido como “fijo” para un Adi Hütter al que le gusta tener más contactos con el balón y dominar mucho más a su rival a partir de él. Su banquillo, no obstante, está siendo fundamental para poder competir en dos frentes (hubo temprana eliminación copera, mientras el equipo se adaptaba). Jugadores como Russ, Salcedo, Willems, Torró o Fernandes, Gacinovic, Paciencia o Geraldes, son jugadores que consiguen dotar de opciones variadas a una plantilla que parece haber encontrado una identidad en la que creer. Una apuesta más pausada y, al mismo tiempo, sin dejar de perder progresividad y riesgo.

No nos equivoquemos, no obstante, pues es solo un recurso más que hace al equipo de las águilas mucho más flexible, lo que también puede ser más imprevisible e igualmente un rodillo difícil de parar. Al fin y al cabo, se trata de una unión o armonía (significado de Eintracht en castellano) que mantiene un crecimiento sostenido y sostenible con el objetivo de volver a las esencias competitivas que le permitían ser un equipo a tener en cuenta a nivel nacional y porqué no, a nivel internacional a medio plazo.

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche