Histórico
8 octubre 2018El Enganche

Spartak Moscú: Roman Eremenko, volver a ser

Por Xane Silveira. 

Drogas, alcohol y fútbol. Durante mucho tiempo estas tres palabras fueron de la mano, pero con la profesionalización de una de ellas, las otras dos, por suerte, perdieron importancia. Ni una está permitida, ni el consumo de la otra bien vista. La vida de Eremenko, sin embargo, tomó un camino de no retorno, sin poder resetear el día, la semana, o el mes, y hacer que las cosas sucediesen de otra manera. El seis de octubre de 2016 Roman Eremenko fue sancionado por consumo de cocaína. La UEFA le inhabilitó por dos años, y pasados los 730 días, Eremenko regresó.

Finlandés, nacido en Moscú un 19 de marzo de 1987, Roman Eremenko llegó al fútbol ruso en 2011, después de su paso por la liga local, Italia y Ucrania. Fue el Rubin Kazan el que apostó por el espigado mediapunta, buscaba calidad para la medular, y la encontró. En 2014 Leonid Slutsky lo fichó para su CSKA, sin Keisuke Honda y con Dzagoev azotado por las lesiones, el CSKA encontró en Eremenko a la nueva estrella del ejército rojo. Ya era en Kazan uno de los mejores futbolistas de la categoría, pero fue en Moscú donde disputó sus mejores minutos. En pleno pico de su carrera todo se truncó. Una prueba rutinaria y un positivo en cocaína valieron para separar el camino del CSKA y Eremenko. Todos salían perdiendo. El CSKA no solo perdía a su estrella, también un potente valor económico del club, que veía como su mejor jugador abandonaba la disciplina rusa sin dejar un euro en las arcas.

El fútbol, que es paciente, sabio y, sobre todo, justo, siempre da una segunda oportunidad. Y esta llegó para Eremenko, otra vez en Rusia, otra vez en Moscú. Pero, esta vez, no en el club al que, digamos, dejó tirado. Roman Eremenko tenía varias ofertas de los mejores equipos del país, pero se decantó por el eterno rival, por el Spartak. Con el 26 en la parte trasera de la camiseta, Eremenko fue presentado, a sabiendas de que no podría jugar hasta octubre. Y aunque muchos creen que es pura fortuna y codicia lo que movió a Eremenko a firmar con los rojiblancos, para Roman, lo importante en la vida, no solo es el dinero.

En Moscú Eremenko coincide cada día en los campos de entrenamiento con su hermano menor, Sergey Eremenko, que juega en las bases del Spartak. El joven de 19 años podrá aprender y verse bien influenciado por la experiencia de su hermano, que ya conoce la categoría como la palma de su mano. A mayores, a Eremenko lo que más le convence es la propuesta de Massimo Carrera. Cortita y al pie. El CSKA de Goncharenko es un equipo muy diferente del que se vio obligado a abandonar, un equipo que prioriza la velocidad y el contragolpe al pase, que es donde más cómodo se siente Eremenko.

El domingo siete, en Krasnoyarsk, volvió a nacer a más de 4000 kilómetros del lugar donde vio la luz por primera vez. Ante el FC Enisey de Dmitry Alenichev y Yegor Titov, Massimo Carrera dio entrada a Eremenko con 30 minutos por delante y un 1-2 favorable en el electrónico. El encuentro dio mil vueltas, y fue de todo menos favorable para el fútbol de Roman. Ritmo alto y balón largo, el césped del Estadio Central de Krasnoyarsk se convirtió en una pista de carreras, donde el finlandés fue posicionado en una banda, algo alejado de la zona de influencia, el medio, donde él más cómodo se siente. 2-3 con gol agónico y victoria, Eremenko regresó y sonrió. Dos años después, la tempestad se había pasado.

Roman Eremenko es culpable, eso no lo duda nadie. Pero también es ese jugador que hace familia, afición e hinchada. Amable con los compañeros, tímido con la prensa, apenas dio señales de vida en estos dos largos años. Y es que lo único que quiere el finlandés es volver a disfrutar del fútbol. Y el fútbol disfrutar de él. Hoy, todos ganan. Eremenko está de vuelta.

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