Histórico
30 octubre 2018El Enganche

Maradona: La naranja de Diego

Por Miguel Angel Ruiz. 

Nunca he conseguido las imágenes de Diego Armando Maradona dándose toques con una naranja, pero he crecido con esa historia en la cabeza. Siempre me la han contado múltiples oradores con distintas intenciones, aunque coincidiendo en la capacidad técnica del jugador argentino.

Esa habilidad del ex de Boca, Barça o Nápoles la he visto emulada por otros, como Neymar o Messi, pero nunca vi las imágenes originales de “El Pelusa”.
Lo que sí que he conseguido es ver un partido amistoso del Nápoles en el que Diego Armando Maradona consigue hacer en un campo de fútbol embarrado (por ponerle un nombre al patatal que servía como escenario) lo que otros ni sueñan conseguir en tupidas alfombras de césped recién cortado.

A veces no hace falta ver, a veces solo hace falta fiarse de esas historias que te cuentan distintos predicadores sobre naranjas, toques y argentinos en los ochenta con el ‘10’ a la espalda. A pesar de que todo esto es cierto, Maradona estaba hecho para verlo, generalmente, con la boca abierta.

La huida del ’10’

Sin embargo, aún hoy, la figura de Maradona es fruto de debates interminables entre lo que es un futbolista y un ejemplo, o si deben ser lo mismo. No se separa el Diego persona del Diego futbolista, aun cambiando tanto el resultado de tan distinto disfraz.

Se notaba que su recinto de seguridad era el campo. Para Diego Maradona, antihéroe del fútbol mundial, el terreno de juego le servía como refugio de todo lo que se oía fuera. Dentro de las líneas de fondo y de banda, no llegaban las garras de quien le perseguía y podía manifestarse con el balón. Ni Butcher, ni Baresi, ni Goikoetxea… a Diego solo le paró entender que lo que de verdad debía temer estaba en su interior. Ya se golpeaba él, no le hacía falta ayuda.

El fútbol tiene estas cosas. Podemos intentar que Diego siga siendo quien queremos que sea, pero siempre será quien es. Podemos hablar años y años de ese debate que pone en la balanza la carrera de un futbolista genial y la vida de un personaje desgraciado, pero la única solución que hallo es que son la misma persona… y a la vez dos distintas.

El dueño del “Gol del Siglo” seguirá siendo él, con buen o mal ejemplo, con drogas o sin ellas, con positivos o sin ellos, el ‘10’ es el ‘10’. Ese que dejó atrás a los ingleses, el que engañó con su mano, el que taladraba las líneas de gol con arte y con furia. Ese que torturaba con bella rabia las cinturas de los defensores, incapaces de seguir su talento siquiera con la mirada, ilusos y suertudos, intentaban detener algo que apenas podían mirar. Un genio absoluto. Un mito.

Naranjas y patadas.

En las visitas de mi hermano mayor a casa, aprovechamos para ponernos al día de todo un poco. Entre los temas importantes, familia, literatura y fútbol. A veces, también cine. Su favorita es la saga de “El Padrino”. El film de Coppola le vuelve loco y parece que lo he “heredado” de tanto oír hablar de ellas. El caso es que entre las curiosidades que tiene la saga, mi favorita es la que envuelve a las naranjas. En varias escenas, la fruta acompaña a personajes que serán víctimas de la muerte o de la traición de mano de sus familiares o compañeros.

La función de la naranja no es más que anunciar que la desgracia va a llegar, que la situación se complica.
Siempre he visto alguna relación entre la figura de Maradona y el curioso efecto de las frutas en pantalla durante la película de Coppola. Como si su escena dando toques con la naranja hubiera provocado que la tragedia lo persiguiera. Como si la fruta que pateara en ese vídeo quisiera vengarse del delantero argentino por usarlas de juguete y no como refrigerio.

Una crueldad.

Al margen de mis historias “Coppolanas”, lo que está claro es que Diego Maradona consiguió que sus habilidades pervivieran en el tiempo para aquellos que quisieran quedarse con el juego y dejaran atrás el terrible lado oscuro que le perseguía fuera del campo. En su cumpleaños, merece que le regalemos esto: pongámonos del lado del artista y no de ese personaje golpeado.

Pongámonos delante de sus vídeos, de sus historias, de esos relatos magníficos que hablan de gestas y goles, de regates y pases. Disfrutemos de la obra que nos regaló el genio, no dando importancia a sus manchas, a sus errores o a sus miedos, tratando de ignorar que en esta escena ya ha aparecido, inexorable, la función de la naranja, golpeada, una y otra vez, sin que el ‘10’ la dejara caer al suelo.

En su cumpleaños, delante de su obra, tengo clara una cosa: el fútbol, aunque a alguien le pese, sería peor sin Maradona.

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