Histórico
2 octubre 2018El Enganche

La luz de Julian, la rutina del Hoffenheim

Por Miguel Angel Ruiz.

El pasado martes, mientras miraba por la ventana, pensaba con estupefacción lo que acababa de ocurrir. Hacía solo unos minutos, Harvey Elliott, canterano del Fulham, entraba en el minuto 81 del partido ante el Millwall, para debutar en la Carabao Cup. Este hecho apenas coparía portadas si no fuera porque la “criatura” apenas alcanza los 16 años. Con 15 años y 174 días exactamente, el muchacho jugó nueve minutos como parte del primer equipo de las ‘urracas’.

Gracias a todo ello, sigo contemplando a través del vidrio, como aquellas “musas” de Hopper en sus cuadros, admirando la tranquilidad que deja la rutina y la importancia de que la luz, con su brillo penetrante, acelere la imagen y nos regale algo nuevo. Unos días antes del partido del Fulham, debutaba con edad parecida (apenas doscientos días más) Matheson, un jugador del Rochdale inglés. No contento con la hazaña, el jovencito quiso ser MVP. Así, para empezar.

Uno mira atrás y se pregunta qué ha hecho con quince años, aparte de intentar no cagarla demasiado. No sé a vosotros, pero a mí no me sale nada parecido. Aunque, como se suele decir, esto no es cómo empieza, si no cómo acaba.

Una luz en Baviera

En la pequeña localidad bávara de Landsberg am Lech, nació hace ya 31 años un futbolista que decidió pensar más en cómo iba a acabar la historia que en cómo empezó. Tras lesionarse varias veces de gravedad con apenas veinte años, luchó para lograr que en caso de que tuviera que vivir el fútbol sentado, haría todo lo posible para que fuera en un banquillo. Comenzó su andadura como entrenador en 2008, con apenas 21 años, una edad atípica para los banquillos, como ayudante de otro ilustre mánager germano, Thomas Tuchel. Sin embargo, ha sido en los últimos dos años en los que su nombre ha crecido y ha conseguido mostrar su calidad como gestor desde el banquillo. Julian Nagelsmann cautiva no solo por su edad, si no por su increíble irrupción en la élite del fútbol alemán. Tras ser nombrado en el año 2016 mejor entrenador de la Bundesliga, esta temporada ha conseguido debutar en Champions League con el equipo que confió en él siempre, el Hoffenheim, en la primera aventura del equipo en competiciones internacionales tras muchos intentos.

Nuevos horizontes para Nagelsmann

Su precocidad al debutar (es el más joven en dirigir a un equipo en Champions League), debió de contagiar a los suyos, pues un gol de Grillitsch a los seis minutos adelantó a los germanos ante su primer rival en Europa, el Shaktar Donetsk. A pesar de que el temprano gol no consiguió que el debut del entrenador de Baviera no fuera del todo dulce (empató finalmente a dos goles), Nagelsmann afronta este año la que será su temporada más importante e ilusionante. Este martes, un paso más, esta vez contra un rival peligroso como el Manchester City, herido gravemente en el orgullo, pero que supondrá un bonito nuevo reto para Nagelsmann. Uno de esos retos en los que seguir demostrando luz entre rutina, con la capacidad y la osadía que ha demostrado inculcar a sus futbolistas en la Bundesliga y los cuales quiere medir si valen para avanzar en Europa y dejar su impronta eterna en la historia del club, en el que será su último año con los del Rhein-Neckar. Julian Nagelsmann ha firmado ya para entrenar al RB Leipzig desde julio de 2019 y durante las cuatro temporadas siguientes. Un reto mayúsculo a lomos de uno de los equipos más controvertidos del panorama futbolístico germano, con un dato que hace presagiar una carrera meteórica: cuando acabe ese contrato, apenas tendrá 35 años.

Lo que está claro es que la carrera de Nagelsmann sigue avanzando paso a paso, pero parece hacerlo de una manera segura y constante. Todo eso vaticina que, como en mi comparación con las quince primaveras de Elliott y Matheson, el entrenador alemán seguirá dejándome en la constante y placentera infinitud de mis vistas a través de la ventana, con su luz y con sus sombras y rutinas, como en esos cuadros de Edward Hopper. Pensando y mirando, me sorprendo cavilando que, sin esa rutina, sin esa normalidad a veces exasperante, aquellos que nos deslumbran con su genialidad como la luz de Hopper, perderían de inmediato su valor. Hemos de entender nuestra suerte los que miramos desde este lado, pues podemos comparar nuestra rutina con la de otros que, habiendo sacrificado la suya, nos siguen deslumbrando mientras observamos, plácidamente, su luz por la ventana.

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