Histórico
5 octubre 2018El Enganche

Espanyol: La senda del perdedor |Copa UEFA 06/07

Por Javi Roldan.

Para un equipo de fútbol existen dos maneras de grabarse en el recuerdo: ser influyente o ser campeón. La primera está relacionada directamente con la virtud. Se ha de ser revolucionario o artístico en tal grado que, a la postre, el propio desarrollo sea considerado esencial y haga olvidar la finalidad de toda competición, que no es otra que la consecución del título, ese éxito cuantificable. La justicia del que trasciende por esta vía es absoluta, pero dada su dificultad conviene no obsesionarse con ella: si no se es la Naranja Mecánica o la Brasil del 82, será mejor olvidarse.

El segundo cauce que lleva a la gloria va ligado al mérito. Al no precisar necesariamente de la cualidad, esta es una senda más accesible para el común de los mortales. Se puede ser meritorio de muchas maneras, solo se trata de ir ganando, de conseguir resultados, de ser capaz. Una vez en la cumbre, el nombre aparecerá en los libros de historia; en la medida que sea, se habrá alcanzado la eternidad. Como cabe esperar, la mayor facilidad de llegar por este camino tiene su contrapartida, siendo el tiempo un animal que, con desapasionada selección natural, devora a todo lo que no sea el ganador. Este cruel aspecto es tan real como también lo es decir que, la mayoría de las veces, es sinónimo de injusticia.

RCD Espanyol, subcampeón de la UEFA 06/07 

Ernesto Valverde llegó al banquillo del Espanyol para verano de 2006, llevando en la mochila un curso en Segunda B con filial del Athletic, una clasificación UEFA con el primer equipo bilbaíno, una renuncia y un año sabático. Por su parte, el club presidido por Sánchez Llibre venía de la estrambótica situación de ser ganador de Copa y tener que salvarse del descenso en la última jornada. El agónico gol de Corominas había mantenido al equipo, pero no a su entrenador, un Lotina que plegó tras dos temporadas en el cargo.

Pese al mal año liguero, el 4-1 frente al Zaragoza en la Copa del Rey permitiría que el equipo disputase la próxima UEFA. Pero haber olido Segunda hizo que el nuevo objetivo prioritario para la Junta fuese salvar la categoría cuanto antes. Aun con el riesgo que conllevaba, Valverde tenía un activo en Europa que no estaba dispuesto desperdiciar.

El Txingurri tomó una plantilla joven, que fue reforzada principalmente en los costados. El regreso de Riera desde la Premier y el fichaje de un Rufete que había perdido su puesto en el Valencia a medida que ganaba edad, acabarían siendo las principales novedades. Aún ni se intuía la posterior importancia de ambos. En el capítulo de bajas, Lopo se marcharía al Deportivo y Juanfran al Osasuna. A fin de cuentas, el joven jerarca de la zaga Dani Jarque, el genio de De la Peña y el alma de Tamudo seguían en el equipo; el resto, era secundario.

Como en la mayoría de principios, las dificultades no se hicieron esperar. Ernesto inició el curso tratando de emular el sistema y la idea de juego que había practicado en su único club en Primera, un 4-2-3-1 con presión a mitad de campo que centrase sus ataques en la figura del mediapunta. Donde en Bilbao estuviese Yeste, aquí trató de estar De la Peña para hacer de enganche, resguardado por dos mediocentros tácticos como Ito y Costa. En los costados, la figura del falso extremo a pierna cambiada de Ezquerro pretendió calcarse con Luis García, pero quedó patente que este rol limitaba la movilidad por el ancho del ataque que luego lo hizo destacar. Arriba, el ídolo Tamudo haría las veces de Ismael Urzaiz en lo referente al sentimiento y, sobre todo, al gol. Por piezas, una plantilla con la mayoría de estas posiciones dobladas era óptima para desarrollar la idea propuesta, pero los resultados fueron adversos y el míster se vio obligado a ir variando.

Tras perder los dos duelos de la Supercopa de España contra el Barça de Rijkaard, el equipo saldó las cuatro primeras jornadas con tres derrotas y un empate. ” No podemos seguir así“, declararía Valverde ante lo irregular del juego de su equipo. Por suerte, como bálsamo ya estuvo una UEFA en ciernes, para cuya tercera fase entraba en liza el club blanquiazul. El débil Artmedia Bratislava fue su sparring, y sobre todo el de quien un año después sería el hombre más importante de la competición. El ariete uruguayo de 30 años Walter Pandiani haría doblete en el 3-1 de la vuelta que dio la clasificación. Serían los primeros de los 11 goles que lo significarían como máximo artillero del torneo.

Para octubre comenzaría lo serio, la fase de siete grupos. En un cuadro compartido con Ajax, Zulte-Waregen, Sparta Praha y Austria Viena, el conjunto catalán se estrenaría venciendo al combinado checo.

Pese a las victorias en Europa, la deriva en Liga arrastró un ir y venir constante en las alineaciones que, entre otra serie de cambios, llevaron a De la Peña de la mediapunta al banquillo. Sin su participación, el equipo acabó la primera semana de noviembre eliminado de la Copa por el Rayo Vallecano. Valverde estaba a punto de ser rescindido tras diez jornadas ligueras en las que sólo había ganado una cita. Quizá ante su última oportunidad, el técnico tendría que medirse al Athletic con la triste posibilidad de recibir la puntilla por el club que había sido su hogar.

Para el encuentro contra los vascos que se jugó el día 19, el conjunto perico presentó un 4-4-2 integrado por Kameni/Zabaleta-Torrejón-Jarque-Chica/Moisés Hurtado-De la Peña/Riera-Rufete/Luis García-Tamudo. Lo que parecía una probatura más del entrenador en un plantel a punto de hacer crac, acabaría siendo el once tipo que relanzaría al grupo y salvaría al técnico. El partido llegó al último minuto con empate a dos, pero un Pandiani salido desde la banqueta daría los tres puntos a los suyos, haciendo buenos los dos tantos de Tamudo.

En una entrevista, Valverde habló sobre un De la Peña que regresó al once. “Me fijé que bajaba demasiado a coger el balón para jugarlo, y opté por ahorrarle ese paso situándolo más retrasado. Ahora le doy más libertad y Moisés guarda la posición y otorga el equilibrio”.

Moisés Hurtado, central residual la campaña anterior, se ganó un puesto como mediocentro “físico” desde la victoria contra el Artmedia. Junto a él, Valverde había sabido rectificar sobre la suplencia de Iván situándolo ahora como organizador de juego con libertad creativa. Tras las derrotas continuadas, el técnico entendió que un equipo como el Espanyol debía aprovecharse de un futbolista como el canterano del Barça y que el encaje de este no podía ser el problema, sino que debía pasar por ser primero la solución y, luego, el camino a seguir. Delante de ellos la principal variante fue la eliminación del “diez”, ejerciendo ahora Luis García como pareja de ataque de Tamudo o Pandiani, según la situación. El míster acercó al canterano blanco al gol en las jugadas rápidas, que solían acabar bien en centros laterales de los dos extremos a pie dominante, Riera y Rufete, o bien en pases al espacio desde la bota (que no la mirada) de De la Peña. Además, situándolo en compañía de un “nueve” le dio posibilidades de recepción entre líneas en los ataques estáticos, permitiéndole controlar los balones filtrados para tratar de influir desde la frontal del área.

Luis le regala espacios a Tamudo, por eso le pido que no fije posición, que se mueva. Y le va bien, porque sabe tirar desmarques”.

Con una alineación cargada de jugadores ofensivos, el equipo tuvo que afinar la táctica milimétricamente. Los de Valverde seguían esperando en mitad de campo para presionar, achicando espacios centrales de manera radical con los extremos cerrados y las líneas juntas, pero, a diferencia de la estrategia clara del bienio de Lotina, las posibilidades de ataque se ampliaron, estando ahorra centradas en que el balón transitase con claridad a partir de la bota de De la Peña. Si bien el contraataque no pasó al olvido, el fútbol de combinación había llegado al otro equipo de Barcelona.

“Estaban demasiado acostumbrados a jugar al contragolpe. Intento que los jugadores sepan desenvolverse en cualquier situación (…)”.

Tras la victoria en Liga, la UEFA volvió a ser fundamental. Si en el primer enfrentamiento del grupo el equipo había tomado algo de aire derrotando a domicilio al Sparta Praha por cero goles a dos, ahora, tras haber tocado fondo, la segunda victoria adquiría una importancia capital. Valverde repitió dibujo y con él endosó un 6-2 al Zulte-Waregen dirigido por Francky Dury. El Rifle volvió a hacer de las suyas, anotando un hat-trick y reafirmándose como el mejor aliado de Valverde para la competición europea, donde el Txingurri no dudo en darle la merecida titularidad. Por su parte, Luis García hizo doblete como dupla del ataque y Coro abrió el marcador partiendo desde la derecha, en un nuevo rol secundario pero muy recurrido que el técnico supo administrar ante la exigencia de recambio para un Rufete de 30 años o la necesidad de sumar un delantero más al ataque españolista.

Para dejar atrás el mes de noviembre, las dos siguientes citas serían a domicilio, por lo que la euforia acumulada en tierras barcelonesas aún podría tornar en tragedia. Pero no fue así. Ante el Betis, Pandiani volvió a dar la nota heroica igualando en el ´90, consiguiendo estimular el empate y hacerlo parecer una victoria. Cuatro días después, la visita al Amsterdam Arena para medirse al Ajax de Ten Cate, principal rival del grupo, cerró el círculo de la recuperación. En un partido donde los ajacied empezaron dominando con unos buenos Sneijder, Roger, Rosales o Huntelaar, el testarazo de Pandiani mediada la primera mitad ante el que Stekelenburg nada pudo hacer, dio alas a los pericos. El choque acabó con un 0-2 en el luminoso y el Espanyol asentado en el liderato. Con la clasificación encaminada y el equipo viento en popa, para diciembre Ernesto Valverde empezó a pensar seriamente en la posibilidad de aspirar a lo que apenas un mes antes parecía utópico: conquistar la Copa de la UEFA.

En adelante y hasta final de 2006, se sucedieron nuevas victorias que dotaron de fiabilidad al mecanismo. La fase de grupos europea se cerró con el Espanyol clasificado en primera posición, habiendo ganado todos sus partidos.

Para la ronda de dieciseisavos de final que se disputaría en febrero, el rival sería el Livorno, que había finalizado tercero del grupo A. Después de un inicio de año algo inestable, el equipo de Valverde volvería a aprovechar las jornadas europeas para encadenar victorias. Los italianos no fueron rival para un grupo de jugadores que ya había priorizado sus objetivos, y cayeron tanto en su feudo como en el Olímpico de Montjuic, por un global de 4-1.

Tras encajarle un 4-0 en la vuelta de octavos de final al Maccabi Haifa dirigido por Roni Levy, con exhibición y goles de todo el frente de ataque, en cuartos aparecerían para el Espanyol los equipos que habían sido eliminados en la Liga de Campeones. Se mediría a dos de ellos, tantos como eliminaría. El primero sería el Benfica de Fernando Santos, que contaba en sus filas con hombres de primerísimo orden como David Luiz, Rui Costa, Simao o Nuno Gomes. Si contra los israelitas la eliminatoria había empezado a domicilio, ahora los del Txingurri tendrían las ventajas y los inconvenientes de abrir la ronda como locales. El 4 de abril se jugaría la ida de cuartos de final. Como durante toda la temporada, Tamudo y Pandiani decidieron no faltar a su cita con el gol, permitiendo que el equipo sacase un 3-2 que, si bien no ponía todo de su parte para el duro partido que se esperaba en Portugal, sí permitía que un empate en tierras lusas diese la clasificación. Y así fue, ya que la cita acabó sin goles. Mención especial tuvo Gorka Iraizoz, que había pasado desde inicios de campaña a ser el portero de la UEFA, a favor de Kameni en la competición doméstica, y sus destacadas intervenciones fueron cruciales tanto en esta eliminatoria como en la siguiente. Siendo suplentes en el día a día, Pandiani e Iraizoz demostraron que su nivel no era inferior al de los compañeros que ocupaban su lugar en el once.

En semifinales esperaba otro rival que venía de caer en Champions ante Chelsea y Barça y había dejado recientemente en la cuneta al joven y ambicioso Ajax. Un oponente alemán, el Werder Bremen, y una ronda UEFA a doble partido hicieron aflorar el traumático recuerdo de otro olvidado perdedor. En 1988, el Bayern Leverkusen ya había demostrado al Espanyol y al mismo Valverde que a ida y vuelta los teutones eran huesos durísimos de roer, remontándoles y ganándoles una final europea en la que el equipo entrenado por Clemente había superado escollos de nivel muy superior al que se le presumía a los periquitos. Pero ahora los chicos de Ernesto no habían llegado hasta ahí para dejarse intimidar por el potencial del rival, pese a que en el banquillo se sentase el gran Tomas Schaaf y sobre el césped se vertebrase una columna con Frings, el crack brasileño Diego Rivas y uno de los mejores goleadores de la historia, Miroslav Klose.

El Olímpico vivió otra noche de ensueño aquel 26 de abril de 2007. Dos cabezazos de Moisés y Pandiani y un último tanto de Coro en las postrimerías del partido cuando el arquero Tim Wiese ya había sido expulsado, sellaron un 3-0 inolvidable que abría de par en par las puertas de la final. Aun así, el equipo tuvo tiempo de cosechar otra victoria, un 1-2 en territorio teutón, antes de presentarse en Hampden Park para el partido decisivo en el que aguardaría el vigente campeón, el Sevilla de Juande Ramos.

A diferencia de un Espanyol que llegó sin conocer la derrota, en su camino a la final el Sevilla había tenido más dificultades. En su grupo finalizó segundo tras el AZ Alkmaar, con un balance de dos partidos ganados, uno empatado y un uno perdido. Tras pasar por encima del Steaua Bucarest, las citas contra un Shaktar Donestk procedente de Champions y ante el Tottenham que había acabado su cuadro ganando todo, fueron durísimas. Ambas se decidieron por la mínima, en uno de los dos partidos de la ronda. Pero si complicadas fueron esas más lo fue la semifinal contra Osasuna, teniendo que remontar el Sevilla el 1-0 traído de Pamplona. Por suerte, el gol del habitual Luis Fabiano en la primera mitad y el de Renato en la segunda fueron suficientes para que los de Ziganda se despidieran de la competición en el Sánchez Pizjuán.

La final de la UEFA 2006/07 se jugaría el 26 de mayo, en Glasgow. La acabó ganando el Sevilla, que repetía título, tras adelantarse en dos ocasiones en el marcador. Pese a la expulsión de Moisés en el minuto 68, el Espanyol consiguió aguantar hasta la prórroga y, una vez en ella, volver a empatar el partido a cinco de la conclusión. La tanda de penaltis no entiende de esfuerzos, pero sí de héroes con guantes. Palop fue esta vez más decisivo que Iraizoz, deteniendo tres de los cuatro lanzamientos y dando con ello el título a los andaluces. El Espanyol se quedó sin trofeo siendo el único equipo que no perdió ningún partido. Pasados los años, todos los méritos hechos por los de Valverde serían olvidados; solo quedó el Sevilla campeón.

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