Histórico
29 septiembre 2018El Enganche

Luka Modric, el niño de la guerra

Por Obed Ruiz. 

En el fútbol abundan las historias de equipos y jugadores “Cenicienta” o “Caballos negros”, es decir, aquellos que a pesar de contar con un sinfín de vicisitudes y problemáticas logran ganar partidos o incluso campeonatos en contra de todo pronóstico. Tal es el caso de Luka Modric, el 10 croata que en la espalda no solamente lleva la responsabilidad de uno de los números más significativos en la historia del fútbol sino que también tiene una historia que, sin caer en sentimentalismos, debe contarse.

El 9 de septiembre de 1985 en la ciudad de Zadar, perteneciente a la región de Dalmacia, en lo que antes era Yugoslavia, nació Luka Modric. Actualmente cualquier aficionado lo reconoce sobre el rectángulo de hierba, pero una de las primeras apariciones que tuvo sobre el césped y que no hace mucho tiempo salió a la luz poco tiene que ver con su palmarés como futbolista y aborda más el inicio del periplo que tuvo que recorrer en su infancia.

Durante la Copa del Mundo de Rusia 2018 se dio a conocer un fragmento que es autoría del documentalista Pavle Balenovic, misma donde un niño con el pelo trigueño ayuda a su padre a juntar un rebaño de ovejas mientras se grababa la forma en que los lobos, a modo de rapiña, acechaban a los rebaños para alimentarse: un recuerdo bucólico de la primera vez que Modric apareció frente a una cámara en la montaña Velebit muchos años antes de que los reflectores apuntaran al mediocampista ofensivo capaz de dar el último pase antes del gol o de sorprender con sus disparos de media y larga distancia.

Apenas un año más tarde de que se recogieran dichas imágenes, en 1991, estalló la Guerra de los Balcanes en la que Croacia tuvo fuertes diferencias nacionalistas con Serbia, algo que no pasó desapercibido de la atmósfera infantil de Modric. Su abuelo, quien tenía el mismo nombre, fue asesinado por militares que eran seguidores y defensores de la causa serbia que también prendieron fuego a su casa. Las condiciones fueron tan desfavorables que sus padres Stipe y Jasminka decidieron que por cuestiones de seguridad la familia debía mudarse a Zadar. Luka permaneció ahí junto a su madre y su hermana mientras que su padre decidió unirse al ejército croata por la lucha independentista y se convirtió en técnico de aviones durante el conflicto.

Ante la falta de condiciones favorables y los constantes bombardeos y tiroteos el hotel Kolovare se convirtió en un centro para refugiados con sus 191 habitaciones. Luka practicaba la mayor parte del tiempo en el estacionamiento y cuando no podía hacerlo debido a la amenaza de francotiradores no dejaba de inventar gambetas y partidos en los minúsculos pasillos junto a los demás niños. Ahí fue donde los golpes del balón en las puertas, las paredes y los corredores suplantaran los estallidos del exterior. Fue tal su habilidad que un día el director del hotel lo vio jugar y para fortuna del prodigio también trabajaba en el NK Zadar, por lo que no dudó en recomendar al niño y llevarlo a una prueba donde fue aceptado.

Para 1995 su padre regresó con su familia y quería establecerse para recuperar lo perdido, pero al llegar al Hotel Iz, el nuevo hogar improvisado por encontrarse justo al lado del campo del entrenamiento, se encontró con la sorpresa de que su hijo tenía una habilidad casi nata para el fútbol a pesar de la hostilidad del entorno, donde la gente tenía que improvisar con lo que tuviera a la mano para suplir necesidades como la falta de luz y agua que duró dos años debió a las 500 granadas que caían a diario.

Su habilidad era indudable y como la mayoría de las personas nacidas en Dalmacia y amantes del futbol el sueño de Luka era jugar en el Hadjuk Split, uno de los clubes más reconocidos en Croacia, sin embargo, más allá de sus dotes técnicos y su precoz lectura del juego no fue aceptado debido a sus condiciones físicas, ya que era muy delgado y bajo. El apoyo por parte de sus entrenadores no decayó y con 16 años lograron que el Dinamo de Zagreb, el equipo de mayor poderío y acérrimo rival del Hadjuk apostara por el adolescente.

Parecía que comenzaba a dilucidarse su camino para llegar a jugar futbol profesionalmente, no obstante la espera se prolongó pues aún cuando el club lo habían fichado no le tenía confianza plena así que lo mandaron un año a foguearse a Zrijinski, en Mostar, dentro de la liga bosnia. Un año después volvió a Zagreb con la ilusión de quedarse en el Dinamo pero otro préstamo alargó el destino. Inter Zapresic, un equipo ubicado a 30 kilómetros de la capital croata tomo a préstamo a Luka y en apenas un semestre logró el campeonato de invierno y una convocatoria a las selección croata sub-21, progresos que desvanecieron las dudas en el club al que pertenecía y que debido al rápido crecimiento y adaptación del jugador decidió recuperarlo para finalmente hacerse con el título al final del año futbolístico.

El resto de su carrera como futbolista está por demás detallarla. Tras cuatro temporadas en el club más poderoso de Croacia pasó el mismo número de años en las filas del Tottenham Hotspur hasta que en 2012 dio el salto al Real Madrid, donde lo ha ganado todo y es un referente indiscutible. Pero todavía faltan cosas por decir. Es necesario hacer justicia y destacar que en la última década que ha sido dominada por el duopolio Messi-Cristiano es el primer jugador desde Kaká que logra colocarse por encima de ambos astros en cuando a distinciones individuales se refieren pese a las dudas de los más escépticos.

Modric es uno de los llamados “niños de la guerra”, creció mientras Croacia trataba de librar una guerra de nacionalismos contra Serbia y encontró en el futbol un mecanismo de escape que le permitía aprovechar los mejores años de su niñez con la alegría de una pelota y que vio en los primeros años de tranquilidad y reconstrucción a la selección que llegó a las semifinales de Francia 1998 con apenas unos años de haber consumado una cruenta guerra. Luka tenía 13 años cuando Boban, su ídolo, fue el capitán de la casi heroica participación croata que con base en el futbol dio conocer al mundo el surgimiento de una nueva nación que era para muchos desconocida pero que marcó a esa generación que en Rusia 2018 superó a sus antecesores y alcanzó la final.

El niño que aprendió a sortear rivales entre minas y que pisó el césped por primera ocasión en la aldea de Zaton Obrovacki es sólo uno de los ejemplos de una generación que más allá de la guerra encontró el futbol un mecanismo de salida y el mejor refugio para explotar sus habilidades.

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