Histórico
20 septiembre 2018El Enganche

F91 Dudelange : Un club sin complejos

IMG_20180920_114106Por Miguel Angel Ruiz. 

Siempre tuve en mi cabeza una especie de complejo por mi estatura. Centro de gravedad bajo, que le llaman. Y es curioso que me venga este dato a la mente, pero me ha llevado a pensarlo ver las imágenes del partido entre los Estados Unidos y México la pasada semana. En ellas se puede ver a Matt Miazga burlarse de la estatura de un impasible Diego Láinez, que pese a mirar desde abajo, no quiso abandonar su sitio mientras el jugador “yankee”, con la mano, le recordaba su estatura.

Como este, existen casos muy curiosos. El que siempre me ha gustado, uno que protagonizaron Álvaro González y Leo Messi en un duelo de Copa del Rey entre Espanyol y Barcelona. El ‘perico’, tras un lance, le espetó al ‘10’ que era “muy bajito”, mientras que el argentino, sin quedarse con las ganas, le respondió que, en cambio él, “era muy malo”. Un segundo después, parece que ambos confirmaron tener razón y siguieron, entre risas, con el juego. Ahora, como simpático, el gesto que tuvieron los compañeros de Kanté con el centrocampista de Francia tras el Mundial, cantándole una canción que, entre otras cosas, decía que, a pesar de ser muy bajito, había sido el único en parar a Messi.

De bajito a bajito y tiro porque me toca. El que no se consuela es porque no quiere ¿no? Kanté y Messi, dos poseedores de un centro de gravedad bajo. Ya es algo que comparto con Messi, Kanté y alguno más. Y a pesar de ese elemento común, yo estoy en mi casa, mientras los veo en la Champions League en pijama (con suerte). Trasladando el problema de la altura a la realidad, parece que el fútbol es partidario de romper esa guerra entre altos y bajos, ricos y pobres o fuertes y débiles, con una crueldad y justicia difícilmente hallable en nuestro día a día.

David contra Golliat, el jueves a las 21:00 horas

Un ejemplo lo tendremos este jueves, con uno de los encuentros más llamativos de la primera jornada de la Europa League 2018/19. El F91 Dudelange se enfrentará al AC Milan en su primer partido de fase de grupos. Y el fútbol, con esa costumbre tan suya de no respetar héroes de épocas pasadas, junta en perspectiva dos clubes, que, por escudo, no pueden estar más lejos, pero que, disputarán como iguales una competición internacional. Como metáfora del duelo entre David y Golliat, hay que reconocer que es un gran ejemplo.

Fundado en 1991, tras la fusión de tres clubes históricos venidos a menos, el Dudelange fue ascendiendo hasta llegar a la División Nacional, primera categoría del fútbol luxemburgués. Con varios títulos en el bolsillo, el equipo estaba acostumbrado a caer en las rondas previas de la UEFA. No fue así en 2018, ante el Cluj, pues un global de 5-2 le dio la tinta para seguir escribiendo páginas en su historia. Y es que las páginas las escribirán para el club, pero también para su país, siendo el primer equipo luxemburgués en llegar a disputar una fase de grupos de competición europea. Casi nada.

Al otro lado, Golliat. El Milan, por muchas horas bajas que sufra, podría llevar en el parche de las mangas de su camiseta un logo con el reconocimiento a sus cinco títulos de campeón de la Champions League. Y eso, queramos o no, pesa. El equipo, habiendo mejorado en algo sus últimas versiones, visitará el Estadio de Jos Nosbaum, en Dudelange, para intentar que la historia de David y de Golliat, cambie al final y no respete el original.

Curioso lo que nos lleva a pensar el fútbol. Y curioso que muchos, como yo, a veces apoyemos al pequeño solo por eso. Aunque la única razón sea esa. Que el jueves, en Luxemburgo, habrá miles de ojos puestos en un estadio con apenas 3000 localidades esperando un resultado. Y que veinte futbolistas, en su mayoría anónimos, vivirán, al menos una vez, una noche en San Siro. En primera fila. A ras de césped, vaya. Por ser pequeños, los animamos, sí. Como si con cada victoria suya, fuéramos a crecer un poco más nosotros. O es que quizá nos sentimos un poco ellos. No lo sé. Quizá no es eso. Pero lo que seguro es cierto, es que, si hay algo en este mundo que pueda igualarnos a todos como seres humanos, es el pitido inicial de un buen partido de fútbol.

A mí me vale.

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