Histórico
27 septiembre 2018El Enganche

Benfica: La luz de un club maldito

Por Miguel Angel Ruiz.

Insistir. Esa cualidad innata que todos hemos de desarrollar en algún momento de nuestra vida. Resulta que lo de insistir vale para casi todo. Si no llegas a subir la cuerda en gimnasia, insiste. Si no la das al primer toque, insiste. Si no te entran los verbos irregulares en inglés, insiste. Si a tu hijo no le gustan las verduras, insiste. Si la chica que te gusta no te mira… no, ahí mejor no insistas, probablemente no sea lo mejor.

Pero el caso es que, en (casi) toda ocasión, lo de insistir nos acerca algo más a la meta. Si insistimos, tenemos, al menos, la certeza de que nuestro objetivo sigue ahí, que no se ha perdido toda esperanza. De lo de insistir, nos podría dar una “master class” un equipo que no ha dejado de hacerlo gran parte de su historia. A pesar de mirar atrás y ver caídas, una y otra vez, no cesan en su empeño de acercarse al objetivo. Aunque el final fuera siempre repetido: caída, derrota, capitulación. El Benfica tiene en su haber una ristra de argumentos para no creer en la insistencia. Y, sin embargo, insiste.

El pasado miércoles tuvo una más, aunque no definitiva, ante el Bayern Múnich de Niko Kovač. El equipo insiste con pasión, a pesar de haber sufrido reveses de lo más duros. El más reciente se dio en 2014 ante el Sevilla, en la Final de la Europa League. En la tanda de penaltis en la que se resolvió el encuentro, el equipo portugués volvió a hincar la rodilla, permitiendo que fuera el conjunto hispalense quien levantara la copa de campeón en el Juventus Stadium. Era la octava final europea perdida, en una terrible racha que supera ya los 50 años.

Para ser más exactos, son 54 años, desde que, en mayo de 1962, la directiva del club decidiera poner a Béla Guttmann de patitas en la calle, tras negarle un aumento por ganar ante el Real Madrid, la segunda Copa de Europa de los lisboetas. Y eso, habiendo ganado la primera también con él, justo el año anterior. Con estas palabras, dedicadas al club al marchar, se cree que “gafó” a las Águilas: “sin mí, el Benfica no ganará nunca más en Europa”. Seguro que ese día, más de uno se reía, sobre todo viendo el equipo que había montado el técnico húngaro y que seguiría compitiendo con el escudo encarnado. Desde entonces, el Benfica insiste, pero sin olvidar que, quizá, lo de echar a Guttmann fue precipitado.

Béla nació en Budapest, un 27 de enero de 1899. El fútbol estaba dando sus primeros pasos en Europa y él comenzó a caminar junto a él. A pesar de llegar ser jugador en Hungría, Austria o Estados Unidos, sus mayores logros los consiguió como entrenador y teórico del deporte rey. Con un cartel inigualable como innovador y exportador del sistema que utilizaba la mejor Hungría de la historia, tuvo siempre fama de problemático, entre otras cosas por pasar de un equipo a otro continuamente. El húngaro evitaba entrenar más de dos temporadas seguidas en el mismo club. A ese ritmo, llegó a entrenar a una veintena de equipos, además de ser seleccionador de Austria en 1964, destacando, sobre todo, en el Benfica, con el que conquistó dos veces la Copa de Europa y construyó un gran equipo alrededor de uno de los jugadores más importantes de la historia: Eusébio. Entre esos veinte clubes, equipos de Hungría, Países Bajos, Austria, Rumanía, Italia, Argentina, Chipre, Brasil, Portugal, Uruguay y Grecia. Casi nada.

La verdad que no soy mucho de magia, ni de maldiciones. Pero algo debía de haber si, 54 años después de las palabras del futbolista y entrenador húngaro, el Benfica no deja de capitular en cada oportunidad de coronarse en Europa. Como curiosidad, una pequeña anécdota. Se cuenta que, tras el funeral de Guttmann, Eusébio, no sabemos si desconsolado por la muerte de su mentor o por la desgracia de su club, rezó a los pies de su lápida. Entre rezos, pidió el perdón para su equipo al bueno de Guttmann. De momento, desde esas oraciones, así como las de los aficionados, han caído ya en tres nuevas finales: la de 1990 (murió justo antes de la final celebrada en Viena, ante otro de sus ex equipos, el Milán), la de 2013 y la de 2014. O Béla Guttmann no escucha… o no quiere escuchar.

Mucho me temo que, visto lo visto, solo les quede insistir.

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