Histórico
12 julio 2018El Enganche

VAR: La continuidad a la pedagogía de Ken Aston

2018 FIFA World Cup: International Broadcast Center in Moscow

Por Guillermo Berenguer (@GuiBerRa)

Han sido muchos los cambios introducidos en el reglamento del fútbol desde que se redactaron sus 14 normas originales en 1863: varias modificaciones en la regla del fuera de juego, la autorización de las sustituciones tácticas (y no exclusivamente por lesión), la inclusión de la tanda de penales como método de desempate —la primera en un Mundial no llegó hasta la semifinal entre la RFA y Francia en España 1982— o la cesión al portero. Pero si hay un cambio que marcó un antes y un después en la manera en que conocemos el deporte rey hoy en día ese fue, sin duda, la introducción de las tarjetas amarillas y rojas en México 1970.

En 1935, un maestro de escuela del condado de Essex llamado Ken Aston tuvo que arbitrar un partido de fútbol entre sus alumnos. Era la primera vez que se enfrentaba a algo así, pero resolvió la papeleta con buena nota y le picó el gusanillo. Poco después, Aston decidió apuntarse a un curso de arbitraje.

A principios de los años sesenta, ya establecido en la élite de los colegiados ingleses, Ken Aston fue requerido para dirigir el choque inaugural de la Copa Mundial de Chile 1962 entre la selección anfitriona y Suiza. Su buen hacer le valió el reconocimiento de la FIFA y le reportó el dudoso honor de arbitrar el Chile-Italia apenas unos días después, un duelo que pasó a la historia como “la batalla de Santiago”. La policía incluso tuvo que intervenir en varias ocasiones para echar una mano a Aston en medio de una verdadera batalla campal.

Si bien en aquel entonces sí se advertía y se expulsaba verbalmente a los jugadores por cometer acciones antirreglamentarias, el público, los entrenadores, los periodistas y los aficionados que seguían los partidos por televisión solamente podían intuir el resultado de aquellas conversaciones —o acaloradas discusiones, más bien— entre imparcial y futbolistas.

Ken Aston se retiró en 1963 y pasó a ser miembro de la Comisión de Árbitros de la FIFA en 1966, la cual presidió entre 1970 y 1972. Fue durante el Mundial de Inglaterra 1966 cuando todo cambió…

Tras el tenso encuentro de cuartos de final entre la selección anfitriona y Argentina, en el que el árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al argentino Antonio Rattín —el propio Rattín y otros dos compañeros suyos habían sido amonestados en el primer minuto de juego—, la prensa inglesa dudaba si el colegiado había apercibido también a Jack y a Bobby Charlton, por lo que consultó a la FIFA. Fue en ese instante cuando Ken Aston tomó una decisión: había que encontrar el modo de que todas las partes —jugadores, entrenadores, periodistas, público y telespectadores— supieran en todo momento lo que acontecía sobre el terreno de juego.

Como ocurre tantas veces en la vida, la solución a los problemas más complejos es bastante sencilla y, en ocasiones, la tenemos justo ante nuestros ojos: “El semáforo se puso en rojo mientras conducía por la calle Kensington de Londres”, explicó Aston en su día. “Y entonces pensé: ‘amarillo, ándate con cuidado; ‘rojo, estás expulsado’”.

Esta breve reflexión durante un suceso cotidiano dio origen a unas cartulinas que cambiaron para siempre la manera de ver y dirigir los partidos: el gesto de un árbitro sacando una tarjeta de su bolsillo se volvió, muy pronto, en algo tan intrínseco a este deporte como un tiro a puerta o una parada. Gracias a ellas, los colegiados podían comunicar sus decisiones de manera inequívoca y entendible para todos. El fútbol dejó de ser definitivamente en blanco y negro y pasó a brillar en color.

Casi medio siglo después, y en plena era digital, el Mundial de Rusia 2018 está sirviendo para estrenar la tecnología en una competición de selecciones absolutas. “El fútbol necesita actualizarse y emplear las herramientas existentes para hacer de él un deporte más justo, como ocurre ya en otras disciplinas”, decían unos. “Incluir la tecnología en el fútbol acabará con su esencia. Los colegiados perderán mucho tiempo consultando el monitor y no zanjará del todo las polémicas arbitrales”, esgrimían otros.

Opiniones aparte, lo cierto es que el sistema VAR se ha convertido ya en uno de los grandes protagonistas de la cita rusa. Ese ojo que todo lo ve, esa herramienta que ha de ayudar a los árbitros para tomar la decisión correcta en las jugadas más polémicas y difíciles de apreciar, está demostrando su utilidad partido tras partido. Los asistentes de la sala VAR están en contacto permanente con el colegiado: penaltis no señalados en un primer momento, goles mal anulados por fuera de juego… Las acciones más decisivas se analizan ahora con lupa.

El VAR posee, además, un elemento pedagógico evidente. Porque las cámaras no se encargan solamente de asistir a los árbitros, sino también de dejar en evidencia a todos aquellos futbolistas —los menos, afortunadamente— que intentan simular un penalti o una agresión y que, en definitiva, pretenden engañar al árbitro para obtener un beneficio injusto; acciones que podrían alterar el resultado final ya no sólo de un partido, sino de un torneo del calibre de un Mundial. Si el mensaje de centrarse más en jugar y menos en fingir va calando poco a poco, podremos hablar de un gran triunfo en el fútbol, aunque haya sido necesario recurrir a esta especie de Gran Hermano para evitar la exagerada teatralidad en algunas jugadas.

El VAR acaba de llegar, sí. Y tiene muchísimo margen de mejora, seguro. Pero también va a servir —tiempo al tiempo— para ver cada vez menos piscinazos, menos simulaciones y algo más de justicia en el deporte más universal.

Como todos los cambios introducidos a lo largo de la historia del fútbol, el VAR requerirá de un tiempo de adaptación y, a medio y largo plazo, de alguna revisión y más de una actualización, pero es un hecho que su recién estrenada presencia ha transportado al fútbol de la era analógica a la era digital. Y ya era hora.

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