Histórico
3 julio 2018El Enganche

Suiza: Del cerrojo de Rappan al sueño de Rusia

Karl-Rappan vía amoelfutboldeantes.blogspot

Por Guillermo Berenguer (@GuiBerRa)

Suecia y Suiza protagonizarán un duelo inédito en la historia de la Copa Mundial. Ambas selecciones llegan a esta instancia con la etiqueta de tapadas, y la presencia de cualquiera de las dos en los cuartos de final de Rusia 2018 representará una de las sorpresas más refrescantes del torneo. Dos países de frío, nieve y hockey sobre hielo están citados en San Petersburgo para escribir un nuevo capítulo en su historia futbolística.

Fases de clasificación para la Eurocopa y el Mundial aparte, suecos y suizos solamente se han enfrentado una vez en un certamen internacional. Fue en las semifinales del Torneo Olímpico de Fútbol de París 1924, y el resultado fue de 2-1 a favor del combinado helvético. El autor de los dos goles fue Max Abegglen, máximo realizador histórico de Suiza hasta que Alexander Frei batió su marca (34 dianas) en el año 2008.

En la final, sin embargo, los alpinos cayeron a manos de la gran Uruguay, una selección mítica que volvió a colgarse el oro olímpico cuatro años más tarde en Ámsterdam y que conquistó la primera Copa Mundial de la FIFA de la historia en 1930, de la que fue anfitriona. En cualquier caso, aquella plata supo a gloria y sentó las bases de una selección suiza que revolucionaría la pizarra en las décadas venideras.

Karl Rappan, un técnico austriaco que desarrolló casi toda su carrera profesional en Suiza, fue el líder de esta revolución. Entrenador del Servette y del Grasshopper, entre otros, compaginó sus labores diarias en el fútbol de clubes con el banquillo de la selección helvética en distintas etapas. Consciente de las limitaciones técnicas de sus internacionales, Rappan ideó un plan para contrarrestar la diferencia que había entre su equipo y los grandes conjuntos del panorama internacional de la época, que solían emplear un inamovible, e impensable hoy en día, 2-3-5.

Su estrategia consistía, básicamente, en formar una defensa de tres y situar a un cuarto hombre por detrás de ellos. Dicho jugador ejercía de cierre y era el encargado de barrer todos los balones que pudieran penetrar por la línea defensiva más poblada que se había visto hasta la fecha. Además, su plan era inequívoco: alternar marcajes en zona y al hombre, entregar descaradamente la posesión al rival y esperar agazapado en su campo para lanzar contragolpes letales. La táctica fue bautizada como el “cerrojo suizo”, y alcanzó su apogeo en la Copa Mundial de Francia 1938.

cerrojo suizo vía www.efdeportes.com

En un torneo sin fase de grupos, las eliminatorias directas prometían emoción desde el primer instante. Suiza quedó emparejada con Alemania, y el partido terminó con empate a un gol tras 120 minutos de juego. Dado que entonces aún no se recurría a las tandas de penaltis para deshacer las tablas, se tuvo que disputar un encuentro de desempate cinco días más tarde. Y la Mannschaft cayó en la tela de araña que había tejido Rappan.

Pese a empezar perdiendo 0-2, la selección suiza no se descompuso y consumó la remontada en la segunda mitad. Andre Abegglen, hermano de Max, contribuyó con dos tantos al histórico triunfo por 4-2, que permitió a los alpinos meterse en cuartos de final, su mejor resultado hasta la fecha en un Mundial (igualado en 1934 y 1954). Hitler, por su parte, sufrió su derrota deportiva más amarga desde la gesta del atleta Jesse Owens en Berlín 1936. Fue, además, la única vez que Alemania quedó eliminada a las primeras de cambio en un Mundial, hasta la sorprendente y más reciente debacle en Rusia 2018.

Y así germinó la semilla del catenaccio, un estilo de juego muy particular que cuenta con tantos defensores como detractores, pero que también sirve, al fin y al cabo, para ganar partidos y títulos, como bien ha quedado demostrado a lo largo de la historia.

En 1962, ya en el ocaso de su carrera en los banquillos, Rappan advirtió no obstante que su fórmula no sería eterna: “Si no reestructuramos nuestro fútbol de élite, y hay que ponerse manos a la obra inmediatamente, puede que Suiza protagonice algún que otro milagro futbolístico aquí y allá, siempre y cuando le acompañe la suerte. Sin embargo, a la larga, acabaremos por no pintar nada a nivel internacional”.

Y el preparador acertó en su pronóstico: Suiza cayó en la fase de grupos de los Mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966, y no volvió a la gran cita planetaria hasta Estados Unidos 1994, de la mano del inglés Roy Hodgson. En aquella ocasión, y al igual que en Alemania 2006 y Brasil 2014, el combinado helvético quedó apeado del torneo en octavos de final.

En Rusia, el conjunto dirigido por Vladimir Petkovic se está mostrando correoso y eficaz de cara a puerta. Las bajas en defensa del capitán Lichtsteiner y de Fabian Schär —por acumulación de tarjetas en ambos casos— no serán fáciles de suplir, pero el trabajo incansable de sus centrocampistas, el buen hacer del portero Yann Sommer y la explosividad de sus atacantes podrían bastarle para volver a colarse entre las ocho mejores selecciones del mundo.

Además, seguro que el tanto de Xherdan Shaqiri en el minuto 90 del choque contra Serbia, en una jugada en la que arrancó en su campo, se fue por velocidad y potencia y batió con gran precisión al guardameta serbio, habría hecho sonreír al bueno de Karl Rappan.

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