Histórico
11 julio 2018El Enganche

Rusia 2018: Adiós, Sudamérica, adiós…

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Por Miguel Ángel Ruiz (@migruizruiz)

Julio nos trae, además de una terrible ola de calor, los últimos escalones de la Copa Mundial de la FIFA en Rusia. Solo unos días para conocer la selección que conquistará el ansiado trofeo, que surgirá de los cuatro ya clasificados para semifinales: Croacia, Bélgica, Francia e Inglaterra.

Salta a la vista que entre los cuatro que llegaron al paso previo a la gran final no hay ni un solo clasificado no europeo. Aunque es común no encontrar selecciones que no sean sudamericanas o europeas en la fase eliminatoria del Mundial, en esta edición solo existirá representación europea entre las candidatas al título.

La caída de la magia sudamericana en Rusia

Y es que parece que, de un tiempo a esta parte, el fútbol pasional y brillante del sur del continente americano parece haberse ido extinguiendo sin remedio. En Rusia, las selecciones de Uruguay (ante Francia) y Brasil (ante Bélgica) han sido las que más lejos han podido llegar, demostrando ciertas problemáticas que les han hecho hincar la rodilla ante el mayor nivel de sus rivales. Dos casos nada aislados, que podemos sumar a la decepción de Argentina y Colombia o al pobre rendimiento de Perú o Costa Rica. Incluso México, que dio la campanada ante Alemania, sucumbió a la ahora eliminada “canarinha”.

Además, las dos supervivientes en cuartos de final, apenas fueron capaces de resistir la pugna en sus partidos, viéndose muy superados por los rivales que les tocaron. En el caso de Uruguay, fue paradójico que la eliminación llegara con dos situaciones contra el mayor de sus fuertes: la defensa. La selección de Tabárez se vio superada con un remate de cabeza de Varane en el área uruguaya, superando a los zagueros charrúas (algo realmente difícil de ver) y un error de Muslera a la hora de atajar un balón lejano de Griezmann. Dos puñales dolorosos que fueron suficientes para echar a los celestes de la cita mundialista.

En el caso de los de Tite, Brasil acabó el partido exhausto, sin encontrar la fórmula correcta para contrarrestar el orden, la velocidad y la calidad de una Bélgica que sorprendió con su verticalidad al contragolpe y su rigor defensivo. Un estudio pormenorizado de Bob Martínez a los brasileños que funcionó a la perfección para desarmar una Brasil menos equilibrada sin Casemiro y sin la chispa de otras citas en la tripleta Marcelo-Coutinho-Neymar, que sufrió más de lo esperado ante las brillantes acometidas de Hazard y De Bruyne y el trabajo de Lukaku.

Una racha negativa en cuanto a títulos

En comparación con las primeras quince citas mundialistas, en las que todo fue más repartido entre tres selecciones sudamericanas brillantes en lo competitivo y en lo estético, las últimas citas desde el Mundial de Francia 98 parecen haber decantado la balanza hacia las selecciones europeas, con un total de cuatro ganadoras europeas (Francia en 1998, Italia en 2006, España en 2010 y Alemania en 2014) frente a una única ganadora sudamericana.

Si miramos atrás, parece claro que el fútbol sudamericano ha ido perdiendo enteros con respecto a la competitividad ante rivales europeos. Aún mirando solo los últimos cinco Campeonatos del Mundo (desde 1998), solo tres selecciones superaron la fase de cuartos de final: Uruguay, Brasil y Argentina. De entre estas cinco citas mundiales, solo en tres casos se llegaron a la final (Brasil en 1998 y 2002 y Argentina en 2014) y solo en uno consiguieron el trofeo (Brasil en 2002). Esto es algo completamente opuesto a los primeros años de la Copa del Mundo, en los que vimos cómo, hasta 1998 y desde su fundación en 1930, ha habido mayoría de ganadores sudamericanos: de nuevo Uruguay (1930 y 1950), Argentina (1978 y 1986) y Brasil (1958, 1962, 1970 y 1994). Entre estas tres selecciones coparon algo más de la mitad de los títulos disputados, con ocho triunfos de quince posibles. Los otros siete restantes, repartidos entre otras dos potencias dominadoras, Italia (1934, 1938 y 1982) y Alemania Federal (1954, 1974 y 1990), junto con la irrupción de Inglaterra (1966) en el Mundial en el que fue anfitriona.

La posible causa de la racha: una fácil salida a un fútbol “sanguíneo”

El fútbol en Sudamérica dura poco. Si algo parece haber cambiado en el fútbol de entonces y en el de ahora, es que las estrellas que parecen florecer en las ligas juveniles o profesionales de países como Brasil, Argentina, Chile o Uruguay, duran poco en las mismas, interrumpiendo su formación en la clase de escuela futbolística que deberán defender cuando se enfunden la remera nacional. Hoy es típico ver canteranos de clubes italianos, españoles o franceses figurar en las selecciones juveniles de los mejores países sudamericanos, pudiendo demostrar su calidad táctica, su mejor preparación física… pero un pobre traslado de la esencia del fútbol local al combinado nacional.

Ni los gigantes como River Plate, Santos o Peñarol son capaces de retener la ambición de los jugadores que escuchan cantos de sirena desde el otro lado del mundo, con promesas de dinero, fama y títulos. Hoy, nos costaría ver casos como los de Pelé, Varela o Rivelino, aduciendo a la máxima que siempre es oída pero pocas veces razonada de: “no serás nadie sin jugar en Europa”.

Sin negar la mayor, sin ser tan cínico de creer que eso no es cierto y que la gloria y el mejor fútbol están en el viejo continente, ¿no deberíamos preguntarnos si salen tan pronto que no conocen lo que es ser futbolista en su país? ¿en si salen de su barrio, de su club y de su liga siendo niños que juegan al balón mejor que otros y no siendo futbolistas?

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