Histórico
12 julio 2018El Enganche

Mundiales: El estadio, aquel gran olvidado

Por Darío Garzarón (@dGarzaron)

Toda obra de arte queda ligada al lugar para el que se concibió. Aquel espacio que creaba una atmósfera idónea para la primera representación de una ópera de Verdi o para dar cobijo a un nuevo tríptico de arte flamenco. En el fútbol, la diversidad de espacios que encuentra el arte quedan resumidos en uno solo: el estadio.

A pocas horas de la final del Mundial de Rusia, en la que el Estadio Luzhniki de Moscú se convertirá en el foco de todas las miradas, vamos a recordar cómo en los últimos 20 años, a estos protagonistas arquitectónicos que acogieron la final de otras ediciones del Mundial, les ha deparado una suerte desigual.

Stade de France o Stade Saint-Denis (Francia 1998)

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Aforo: 81.338 espectadores (para un encuentro de fútbol)

Inaugurado el 28/01/1998 con un amistoso entre Francia y España (1 a 0 para los galos con gol de Zidane), este estadio, de propiedad del Estado francés, se ha convertido en uno de los más importantes a nivel europeo.

Construido con motivo del Mundial de Francia 1998, cuando acogió, entre otros partidos, la gran final, Saint-Denis ha logrado mantener un rol importante en la vida cultural y deportiva de una ciudad como París, evitando el degrado y albergando, por ejemplo, la final de la Eurocopa del 2016 en Francia, o dos finales de Champions League en el año 2000 (victoria del Real Madrid) y el 2006 (victoria del FC Barcelona).

Hoy Saint-Denis, sede de los partidos de la selección francesa de fútbol y de rugby, se proyecta hacia el futuro con una fecha y un objetivo muy claros: la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos del 2024 en París en la que, una vez más, hará las veces de escenario para un evento a nivel planetario.

Estadio internacional de Yokohama o Nissan Stadium (Corea del Sur y Japón 2002)

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Aforo: 72.327 espectadores

Si bien su inauguración se produjo en el año en que se celebraba el Mundial de Francia, este recinto no sería protagonista hasta cuatro años después, cuando se convirtió en el escenario del pentacampeonato de Brasil, con Ronaldo a la cabeza.

Desde marzo del 2005, el estadio que hoy acoge los partidos del Yokohama F. Marinos pasó a denominarse Nissan Stadium. En ese mismo año, sería esta la sede de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA que, hasta el 2016, eligió el Estadio internacional de Yokohama (en este evento no se podía incluir el nombre del patrocinador) como sede para las finales de la anteriormente denominada Copa Intercontinental, cuyas finales desde el 2002 al 2004 también albergó.

Sede de la Copa del Mundo de Rugby del 2019, en el 2020 también formará parte de las instalaciones de los JJ.OO de Tokyo.

Una curiosidad: bajo los graderíos hay una pista de atletismo cubierta, que a veces es utilizada por los futbolistas para realizar ejercicios de calentamiento.

Estadio Olímpico de Berlín (Alemania 2006)

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Aforo: 74.475 espectadores

La apariencia que hoy presenta el estadio donde se celebró la final del Mundial del 2006, es fruto de numerosas remodelaciones que desde que se inauguró el estadio original, han ido moldeando este espacio de representación de origen nazi.

El Estadio Olímpico de Berlín fue construido por el Reich para albergar los JJ.OO de Berlín de 1936, con capacidad para 100.000 personas. Durante el periodo nazi, a inicios de la II GM, dicho estadio hizo las veces de búnker, fábrica de detonadores o almacén de munición.

La importancia que esta sede ha adquirido en la historia del deporte mundial no solo se debe a los eventos futbolísticos que aquí se han celebrado, como por ejemplo una final de Champions League en el 2015 o un Mundial femenino en el 2011, sino que, en el 2009, fue testigo de las dos mejores prestaciones del hombre más rápido de los tiempos. En el Mundial de atletismo de dicho año, Usain Bolt establecía los récords de 100 m libres y 200 m libres que aún hoy, 9 años después, siguen vigentes.

Estadio Soccer City o FNB Stadium (Sudáfrica 2010)

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Aforo: 94.736 espectadores

El Mundial llegaba a África por primera vez, y junto al balón de la FIFA, millones de dólares comenzaron a correr por las calles de las ciudades sudafricanas.

Con el Mundial como excusa y, al mismo tiempo, objetivo, se erigieron o remodelaron numerosos estadios (denominados elefantes blancos) que, una vez finalizado el torneo, se dieron de bruces con la realidad del país.

El Soccer City de Johannesburgo, que quedará para siempre ligado al de nuestro combinado nacional, se presentaba al mundo como el estadio más grande del continente africano. Si bien su nombre original era y sigue siendo el de FNB Stadium (First National Bank), se denominó Soccer City para respetar la normativa FIFA que prohíbe el nombre de sponsor en los estadios que acogen cada Mundial.

El Mundial de Sudáfrica supuso para el país unas pérdidas de 3.000 millones de dólares, dejando como legado unas mejoras en los medios de transporte públicos desde cuyas ventanillas, un ciudadano sudafricano común, puede vislumbrar las ruinas de este estadio, condenado al olvido sólo 8 años después, en parte, por los elevados costes que su uso suponen para los equipos locales de rugby o criquet, que ven derrumbarse (literalmente) ante sus ojos, la posibilidad de compartir el césped que un día, en un lejano minuto 116, pisó Andrés Iniesta.

Estadio Nuevo Maracaná (Brasil 2014)

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Aforo: 78.838 espectadores

“El Maracaná aún no está en condiciones de recibir a la selección. Necesitan arreglar los vestuarios y las butacas. Cuando lo tengan en orden, iremos. Realmente está medio abandonado”, afirmaba el pasado año el Presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Marco Polo del Nero.

El problema de Maracaná va más allá de la falta de planificación, las comisiones cobradas por la asignación de obras y el simple deterioro estético de un estadio cuya remodelación no sólo devolvía al mundo del fútbol uno de sus símbolos sino que, en cierto modo, se convertía en el abanderado de un crecimiento económico de Brasil que le hizo albergar, a dos años de distancia, dos de los eventos deportivos más importantes del planeta: el Mundial de fútbol de Brasil 2014, así como los JJ.OO de Río de Janeiro del 2016.

Si hoy paséaramos por los aledaños del estadio veremos cómo día tras día, y siguiendo los pasos de la selva amazónica, hierbas y árboles están devorando parte de la historia del fútbol.

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