Histórico
5 julio 2018El Enganche

Los problemas de España

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Por Carlos de Jurado (@carlosdejurado) y Miguel Ángel Ruiz (@migruizruiz)

Se veía venir. Las sensaciones no eran idóneas para la consecución del título, ni siquiera para hacer un buen papel en la Copa del Mundo. La Selección Española cayó con estrépito frente a Rusia en octavos de final y dijo adiós a un Mundial que, ya con con total seguridad, marcará un antes y un después en el combinado español. ¿Cuáles fueron los motivos del desastre? En ElEnganche hemos enumerado algunos de ellos.

El caso “De Gea”

Una parada en cuatro partidos; 91’6% de los disparos recibidos acabados en gol, o lo que es lo mismo, seis goles encajados de siete tiros a puerta; transparente en la decisiva tanda de penaltis contra Rusia, así se resume grosso modo el pobre Mundial ofrecido por David de Gea.

El mejor portero del mundo para Rio Ferdinand y José Mourinho, entre otros, hizo aguas en la cita mundialista y dejó una imagen que está a años luz de la ofrecida estas últimas temporadas en la Premier League, donde ha salvado a los red devils en infinidad de ocasiones y dejado intervenciones para la historia. Aunque en los próximos días, si la negociación con el United no se tuerce, se convertirá en el guardameta mejor pagado del mundo, su triste desempeño en Rusia es una mancha que difícilmente podrá borrar de su currículum.

Todos los jugadores cometen errores, sí, y posiblemente el desacierto de un delantero cueste el mismo precio que el de un portero, aunque mediáticamente tenga menos trascendencia. Lo cierto es que, en ambos casos y más en un torneo donde cualquier falta de concentración puede mandarte para casa, hay que tomar decisiones. De Gea no viajó a Rusia, se quedó en aquel error contra Suiza en el Estadio de la Cerámica, y a Fernando Hierro le faltó mano izquierda para sustituirlo cuando más falta le hacía a España.

Esto no hace que deje de ser uno de los porteros más destacados del planeta fútbol, pero un Mundial exige estar hecho de otra pasta.

Inexistencia de un plan B

Cuando en junio de 2010, Llorente entró en el minuto trece de la segunda parte, Portugal no sabía la que se les venía encima. Vicente del Bosque reaccionó ante el cerrojo de Queiroz para intentar sacar partido de la altura, la capacidad de remate y la inteligencia del ariete. La España de solo ocho años después no maneja en su chistera ningún conejo que, al sacarlo, resuelva la problemática del equipo. Si en el partido ante Marruecos fue un taconazo de Aspas quien salvó (VAR mediante) los muebles, ante Rusia la plantilla de Hierro no disponía de un “plan B” para forzar el resultado favorable a pocos minutos de la tanda de penales. No contar con un plan alternativo es un lujo que pocos entrenadores o equipos pueden correr. Ante los rusos, España no contaba con una pieza clave que pudiera cambiar el sino de los acontecimientos con su simple presencia y rol, facilitando que los planes de los rivales pudieran llevarse a cabo.

Dominar un estilo no te promete nada, dado que la victoria y la derrota (por suerte o desgracia) no entienden de belleza o de excelencia. A nivel de jugadores, España contaba con pocos recursos para que, en tres cambios (cuatro con el alargue), pudieran cambiar todo un modelo de juego. A nivel de intervención desde el propio seleccionador, además, no se supo cómo ordenar esos cambios con lo que ya había en el campo. Fondo de armario, que lo llaman…

Ausencia de varios pilares

Hacer un buen papel en un Mundial no se consigue sólo por los nombres de la camiseta, ni por juntar jugadores que a nivel de clubes están en la cresta del fútbol mundial, ni por vivir de éxitos de tiempos pasados. Un Campeonato del Mundo lo gana un equipo, en mayúsculas. 23 futbolistas que conocen a rajatabla su rol y el de sus compañeros y defienden un plan común. La pareja de centrales Piqué-Ramos fue superada con una facilidad pasmosa por selecciones de mucha menor entidad que La Roja, Busquets nunca encontró su sitio sobre el terreno de juego y ni Silva ni Iniesta supieron asociarse con un Isco que cargó sobre su espalda toda la creatividad del equipo. Un Mundial es demasiado corto como para que los que tienen que marcar la diferencia se ausenten o rindan por debajo de lo que se espera de ellos. Y qué difícil es sentar en el banquillo a jugadores que han dado tanto al fútbol español.

Escasa tendencia al disparo

Desde el comienzo del Mundial de 2018, España ha disparado un total de sesenta veces. En cuatro partidos. De las cuales, solo fueron entre los tres palos veinte, un tercio de los disparos. De entre todos esos, España consiguió convertir sólo seis en gol (sin contar el que se consiguió ante Rusia, en propia meta), anotados por Costa (tres), Nacho, Isco y Aspas. Y de esos seis, sólo uno desde fuera del área. Es curioso, por contar con jugadores como Asensio, Saúl o Koke, jugadores con buena puntería con sus equipos y que con la selección, bien por falta de minutos o bien por la falta de confianza, no han conseguido acertar entre los tres palos. Parece que la figura del artillero lejano no cuaja en la actual España, que trata siempre de marcar con la ventaja razonable de acercarse a la línea de gol lo más posible. Incluso en los partidos en los que aparecen por el equipo jugadores con la habilidad de marcar con tiro lejano, es hipotecada en pos de seguir el patrón habitual de juego, con un estilo combinativo que, como hablaremos después, en vez de acercar el gol, lo entretiene y lo despista.

Dudas en el lateral derecho

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Dani Carvajal llegaba lanzado a Rusia cuando una lesión en la final de la Champions dejó pendiendo de un hilo su comparecencia en la cita mundialista. Lopetegui, consciente de que en condiciones óptimas el de Leganés es uno de los mejores laterales del mundo, decidió esperarle e incluirle en la lista definitiva. No llegó al debut contra Portugal, ocupando Nacho su demarcación y anotando un golazo. Sin embargo, en los duelos decisivos ante Irán y Marruecos Carvajal volvió al once, pero nunca al nivel al que nos ha tenido acostumbrados a lo largo de la temporada.

Contra Rusia, Fernando Hierro podría haber optado por dar entrada a Odriozola, un futbolista con unas características similares -salvando las distancias- a las del madridista y que dejó un muy buen sabor de boca las veces que fue de la partida con Lopetegui, pero optó por volver a utilizar en el carril derecho al multiusos Nacho. Tras la lesión de éste a comienzos de la segunda mitad, el técnico malagueño introdujo a Carvajal en el terreno de juego, a sabiendas de que no se había desempeñado como debiera en las oportunidades que le dio en el segundo y tercer partido de la fase de grupos.  Una parte de la afición se quedó con ganas de ver en acción al lateral de la Real Sociedad, que finalizó su experiencia mundialista sin disputar un solo minuto.

Isco como baluarte de un fútbol exquisito pero poco decisivo

Hay una belleza inusual en el toque de balón por parte de algunos futbolistas. Si por algo queremos, en muchos momentos de un partido, que la pelota vaya a ese jugador que buscamos con fervor, es sabiendo que su superioridad y su trato con el esférico generará situaciones de peligro, vértigo y oportunidad. Esos sentimientos son comunes en los partidos en los que, sabiendo siempre que hay pocos, juegan esa clase de futbolistas que más que fútbol hacen arte. A priori, Iniesta, Silva o Isco son de esos. Jugadores con la vitola de artistas, que con su toque de balón despertarán las miradas de los aburridos, afianzarán la oportunidad y servirán o se surtirán a otro del bien más preciado: el gol. Sintiendo el dardo de quien reconoce algo doloroso, la España de Rusia 2018 no ha sabido crear el escenario para que jugadores con tales habilidades las exploten, demostrando que el control del balón y de la posesión del mismo ha de servir siempre a la oportunidad de abandonarlo tras la línea de gol.

Una necesidad imposible de ignorar si se quiere ganar desde el control, es generar ocasiones, convertirlas, e ir a por más. Sin esa verticalidad hacia la portería contraria, esos jugadores a los que las miradas buscan para surtir de fútbol-arte la escena, quedarán relegadas al amparo del guión, aburrido y repetitivo, del pase en la frontal. Sin esa quinta marcha necesaria, el partido se llena de jugadas previsibles, tratando de encontrar huecos que no hay, para delanteros que no ven llegar el arte para convertirlo en gol. El estilo solo es el camino, la herramienta es la posesión y la creación de gol… pero el destino, siempre, ha de ser el gol.

El factor Asensio-Vázquez, olvidado

En el partido decisivo contra Rusia con los anfitriones defendiendo con todos los jugadores disponibles, Hierro pudo echar un vistazo a la pizarra de su homólogo y excompañero Zidane para abrir el campo, pero no. Fernando no llamó a Zinedine para pedirle consejo -entiéndase como ironía- y no supo que Marco Asensio por la izquierda y Lucas Vázquez por la derecha son piezas clave para desenredar partidos donde la defensa rival concede muy pocas ocasiones por el medio. Lo hicieron mil y una veces con el Real Madrid pero Fernando no lo leyó. Desoyó lo que pedía el partido y quiso seguir con su guion hasta el final, al pie de la letra. Un guion que con el trascurso del encuentro pasó a convertirse en una película de serie B que fácilmente podría optar a un Premio Razzie.

Cuestión de roles

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No se entiende bien el rol de Silva y Asensio ante Rusia, así como el de Costa. Al primero, parecía habérsele dado la instrucción de soltar rápido el balón, correcto, pero sin alardes. Al segundo, que tocara con precaución, huyendo del cara a cara, bien pegado a la banda, abriendo el campo. Y al tercero, sin más, parecían haberle amenazado en caso de tocar el balón. Tres grandes fichas en un tablero de juego digno de un Mundial, ante la anfitriona y con la necesidad de demostrar que España había llegado para más que para ser primera por un quilombo.

Ya dijo Del Bosque en 2010 que prescindir de Silva quizá era “un lujo demasiado arriesgado”, al dejarlo fuera en varios partidos en favor de otros futbolistas. Aún siendo titular, el lujo sigue vivo, no dándole el timón de un equipo sin capitán ni tripulación. Fuera de tiempo, con pocos asociados, encarando poco o nada. Le quitaron la esencia de juego a un creativo como el canario.

De un archipiélago a otro, Asensio no apareció como el jugador que promete ser. Tímido en el juego, sin la capacidad de asociarse con Silva o Isco primero o con Iniesta después, parecía un mero extremo sin velocidad y sin desborde. Como jugar al ajedrez con caballos haciendo de peones, España no quiso recurrir a uno de los bienes más preciados del presente y el futuro de “La Roja”, limitando su juego, esperando que el fogonazo llegara a pesar de no buscarlo.

Diego Costa apenas tuvo balones que intentar colar. Un futbolista cuyo mayor recurso es el desgaste arriba, apenas contó con oportunidades para buscar el remate o el disparo en el área de Rusia. Superado por los defensas y poco y mal alimentado por los mediocampistas, abandonó el terreno de juego esperando poder rematar el primer balón peligroso para Akinfeev. Cosa curiosa, pues a partir de la salida del campo del delantero más rematador de entre los tres posibles (Aspas, Rodrigo y el propio Costa), empezaron a llover balones al área: tarde y mal.

Tres piezas a priori básicas desaprovechadas, que bien por rol o por rendimiento, no supieron ser la clave en un partido que desde el inicio cumplió con todas los requisitos para ser un desastre.

El naufragio de Busquets, un termómetro a bajo cero

Sergio Busquets, timón, brújula, termómetro de La Roja se sintió solo. Posiblemente sea, como dijo Casemiro recientemente, el mejor jugador del mundo en su posición, pero necesita de una simbiosis para funcionar y no la encontró. Fernando Hierro optó por cambiarle de escudero por tres veces consecutivas: Koke jugó a su lado contra Portugal y, posteriormente, contra Rusia; se quedó aislado frente a Irán (el seleccionador sustituyó al atlético por Lucas Vázquez); y compartió doble pivote con Thiago ante Marruecos. Todo esto con Saúl viendo la vida pasar desde el banquillo.

En la época dorada de La Roja tuvo como compañero inseparable a Xabi Alonso y juntos constituían el mejor doble pivote del mundo pero, cuando el fútbol del tolosarra pasó a formar parte de los libros de historia, hubo que buscar una alternativa que compaginase a la perfección con el de Badia. Ha habido tiempo para ello, años, pero no se ha conseguido. A Sergio no le gusta eso de experimentar, requiere tiempo para acoplarse a quien tiene a su lado y, si él no se encuentra cómodo España tampoco, y eso acaba pasando factura.

Mitificación de la generación 2008-2012

Hay quien creía en 2008 que las vacas flacas no llegarían nunca. Que el tiempo no pasaría. Que Xavi se volvería más joven cada día. Que Casillas pararía siempre. Que Iniesta llevaría sexta marcha hasta su retirada. Que Villa, sería el ‘7’ ya de por vida. O que Puyol seguiría salvándonos con sudor y sangre. Por desgracia, se equivocaban. Esta selección ha demostrado que la generación de éxitos en España no podía morir… porque ya lo había hecho. Solo unos pocos integrantes de las grandes gestas del pasado quedan en el equipo, más lentos, más cansados, más imprecisos y sin el calor comprensible de tener al lado a quien te entiende. Como en esos amores de cuento en los que el uno acaba las frases del otro, a estos artistas que vieron los grandes éxitos del ayer, les quedan solo recuerdos en el hoy. Recuerdos de los tiempos en los que la columna vertebral la formaban porteros, defensas, medios y delanteros. En los que todos jugaban a una, porque así lo hacían desde las categorías inferiores. Tiempos en los que los tutores eran más que los tutoreados.

Tiempos en los que se creyó muy tarde en el talento… pero a tiempo. A tiempo de ganar dos Eurocopas y un Mundial de fútbol con un grupo que contaba, entre otros, con Casillas, Puyol, Piqué, Ramos, Xavi, Xabi Alonso, Busquets, Iniesta, Silva, Torres y Villa. Tiempos en los que la mayoría bailaban al ritmo, después de haber pasado años en el dique seco, esperando a poder demostrar que sabían bailar de oído. Hoy, con los escombros de esos tiempos en los que el propio tiempo dejaba de importar viéndoles jugar a ese amor que llamamos fútbol, les vemos rotos, sobre el césped, sabíendo que podrán ser guardianes del recuerdo aún mucho tiempo, pero ya jamás del juego.

Cambio de seleccionador dos días antes de debutar

Es cierto que tanto la actuación de Julen Lopetegui como la del Real Madrid fueron poco ortodoxas, que hay muchas maneras de abordar con responsabilidad un fichaje y ellos no eligieron -desde luego- la forma más adecuada, que en vísperas de una Copa del Mundo lo primordial debe ser la Selección y que cualquier negociación externa debe esperar. Es cierto, sí. Como también lo es que la decisión de cesar al seleccionador nacional dos días antes del debut es una cagada -tal cual- inmensa. Tal vez desde el punto de vista institucional -dicen- no fue tan mala idea, pues Lopetegui había sido “infiel” a la Selección y dado prioridad a sus intereses personales antes que a los del grupo. Y eso, comentan algunos, es merecedor de un fulminante despido. Rubiales, recién nombrado Presidente de la Federación, tuvo una oportunidad de lujo para hacerse notar y no la desaprovechó, sabía de sobra que tanto manteniendo a Julen como cesándolo le iban a dar palos.

Las decisiones de traje y corbata nunca deben estar por encima de las deportivas. Por mucho que Lopetegui se equivocase, los jugadores no merecían perder a su líder un rato antes de disputar su primer partido en un Mundial. Ya habría tiempo para colgarse medallitas pero Rubiales, impaciente, no quiso esperar.

Ah, y Hierro en todo ésto no es más que un señor al que, por estar en el momento y lugar equivocados, le ha tocado comerse un marrón de dimensiones elefantinas.

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