Histórico
9 julio 2018El Enganche

De Gary Lineker a Harry Kane: El delantero inglés

Miniatura Inglaterra

Por Alex García (@futbolitisalex)

Elegante, con clase, buen toque de primeras, polivalente y estético. De este modo podríamos definir al delantero moderno, ese al que se le valora más por lo que genera que por lo que convierte. Un enfrentamiento candente en los últimos años pero que el fútbol inglés aun no ha experimentado. Inglaterra siempre ha contado con arietes de clase mundial pero que no han podido demostrar sus aptitudes en las grandes citas, ya sea por no contar con una plantilla capaz de hacerles llegar balones o porque, sin ir más allá en la investigación, no era el momento ni el lugar. En El Enganche nos planteamos un objetivo, conocer qué delanteros han sido utilizados en el combinado inglés desde los años noventa, sus perfiles y cómo el esquema estaba enfocado hacia ellos. ¿Lo conseguiremos?

El Mundial de Italia 1990 es clave en la historia del fútbol inglés, ya que ha quedado marcado como la última vez que los británicos llegaron a unas semifinales del Mundial. Por aquel entonces, Sir Bobby Robson ordenaba el equipo en torno a un 4-4-2 que variaba hacia un 3-5-2 con un líbero que se insertaba en la zaga. La pareja de atacantes la formaban Peter Beardsley y Gary Lineker. El primero, un atacante de baja estatura que solía jugar por detrás del punta. El segundo, más reconocido por todos, un matador del área que, quizás no contaba con las mejores armas, pero era capaz de ser el primero en disparar. Jorge Valdano, tras un Real Madrid-Barcelona de 1987, definía así al atacante inglés: “Lineker los mataría a todos en el Oeste. Desenfunda más rápido que nadie; su juego es barroco y poco atractivo, pero brutalmente efectivo”.

Tras el fracaso en la clasificación para Estados Unidos 1994, nos encontramos con un combinado inglés obligado a llevar a cabo una buena participación en Francia 1998. Pero el equipo dirigido por Glenn Hoddle caería ante Argentina en la tanda de penaltis donde su pareja de delanteros -formada por Michael Owen y Alan Shearer- no fallaría. El esquema en este caso era un 4-4-2 que potenciaba a los dos arietes. En Michael destacaban dos aspectos de su fútbol, la inteligencia y la velocidad. Además, tenía unas condiciones físicas y técnicas que no supo mantener con regularidad. Por otro lado, Shearer era el más rematador de ambos. Siempre será recordado por la gran cantidad de goles que anotó de cabeza en la Premier League. Juntos formaban un tándem de los más temidos en el torneo, pero como hemos comentado anteriormente, no era el momento ni el lugar para hacer historia.

Sven Göran Eriksson fue el elegido para dirigir a Inglaterra en la Copa del Mundo de 2002, y cómo no, mantuvo el 4-4-2 vigente. Sin Alan Shearer -retirado de la selección-, la pareja de delanteros la formaban Michael Owen -del que ya hemos hablado anteriormente- y Emile Heskey, un atacante de 1,88 metros con una gran potencia física. Juntos disputaron encuentros en las categorías inferiores de Inglaterra, así que se conocían mutuamente. Pero su mal rendimiento en la competición hizo que todo el país se planteara si era la pareja adecuada para acompañar a Owen. Una polémica acentuada ante la aparición de un joven que sería historia del combinado inglés, Wayne Rooney. El conjunto británico se apearía del torneo en cuartos de final ante la Brasil de Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho.

El técnico sueco repetiría experiencia en el Mundial de Alemania 2006, pero se produciría un cambio en el planteamiento. Ante la falta de atacantes de calidad –Michael Owen sería relegado a la suplencia y Peter Crouch interpretaba el papel de suplente perfecto– y la aparición de Wayne Rooney, el equipo pasaría a ordenarse en torno a un 4-1-4-1 con la famosa pareja Lampard-Gerrard como interiores y Beckham-Cole como alas del equipo. Wayne aportaba algo inédito hasta el momento. Al ser un delantero polivalente, podía hacer tanto de único punta con la misión de incrustarse entre centrales, realizar desmarques a la espalda de la zaga…como de segundo punta, sobre todo si el guión del encuentro no estaba siendo el esperado y era necesario que se acercase más al inicio de la jugada. Famoso es su pisotón a Carvalho en los octavos de final de esa Copa del Mundo en la que Inglaterra quedaría apeado del torneo.

Jermaine Defoe entra en escena. Ese delantero veloz y tan inteligente que es imposible que te caiga mal. Un atacante que seguramente no ha tenido todas las oportunidades en el combinado nacional que merecía, pero que formó junto a Wayne Rooney la pareja de delanteros en Sudáfrica 2010. Fabio Capello volvió al 4-4-2 en un torneo marcado por los errores de sus guardametas y por la goleada que les dejaría fuera del torneo ante Alemania. Desde 2008, Emile Heskey volvió a acudir a la selección a cuentagotas, siendo del agrado del técnico italiano para viajar a África. E incluso contaría con minutos, dejando en mal lugar a Peter Crouch. Fracaso tras fracaso, 2014 nos dejaría una de las peores actuaciones de Inglaterra en un Mundial. Con Roy Hodgson en el banquillo, el equipo se ordenaría en base a un 4-2-3-1 muy ofensivo, con atacantes como Rooney, Sterling y Welbeck en la línea de tres cuartos, y con Daniel Sturridge como referencia ofensiva, un atacante con una zurda prodigiosa, veloz y asociativo, un perfil diferente al que veníamos viendo con anterioridad.

Como tónica general, los años 90 en el fútbol inglés destacaron por la inclusión en el once de dos puntas diferenciados, un rematador nato junto a un jugador más hábil, algo que Gareth Southgate ha recuperado para el Mundial de Rusia, pero de una forma distinta, ordenando al equipo en un 5-3-2 donde rodea al delantero de jugadores veloces y con una calidad por encima de la media. Harry Kane representa perfectamente el perfil de atacante inglés, y su acompañante, Raheem Sterling, representa esa figura del acompañante dinámico que enlaza el centro del campo con el ataque. Una pareja que, hasta el momento, está funcionando, ya que el combinado inglés está a dos victorias de ser nuevamente campeón del Mundo cincuenta y dos años después.

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