Histórico
30 junio 2018Francisco Ortí

Uruguay: Tabarez, el maestro charrúa

FotoJet

Por Alex García (@futbolitisalex)

“La antigua sabiduría fue olvidada en Occidente. Los reyes hicieron tumbas más hermosas que las casas de los vivos, dando más valor al nombre de sus antepasados que al de sus hijos.” Esta cita podría haber salido de la boca de nuestro protagonista, Óscar Washington Tabárez, pero no, realmente es una de las citas más célebres de Gandalf, uno de los personajes más reconocidos de la saga El Señor de los Anillos o El Hobbit. ¿Y por qué entonces relaciono estas dos realidades? Futbolísticamente hablando, Uruguay siempre ha sido un país de añoranza que situaba en un pedestal a sus héroes mundialistas de los años 30 y 50, los Ghiggia, Schiaffino, Míguez, Iriarte, Castro… pero que no valoraba el presente. Hasta la llegada de Tabárez, claro. Al igual que el Mago Blanco, Óscar dirige a sus pupilos con bastón en mano hacia un objetivo casi imposible de alcanzar, la gloria mundialista.

Hasta su llegada en 2006, la mejor participación en un Mundial de los charrúas era un cuarto puesto logrado en México 70 -sin contar los títulos mencionados con anterioridad-, donde la campeona, Brasil, les eliminaría tras un partido excelso de Jairzinho y Rivelino. Treinta y seis años sin saborear tan siquiera el estar entre los ocho mejores, e incluso no se lograría con el propio Tabárez, ya que no debemos olvidar que el técnico uruguayo dirigió al combinado nacional en el Mundial de Italia 90, donde caería ante la anfitriona con un gol, cómo no, de Salvatore Schillaci, el nombre propio de aquella Copa del Mundo. Óscar, de la mano de una de las mejores generaciones uruguayas de futbolistas, llevaría al país sudamericano al cuarto puesto en Sudáfrica, donde comenzarían unos años gloriosos que todos conocemos. Pero no nos centraremos en Uruguay en sí, sino en conocer más de cerca la historia de su técnico.

La carrera de Óscar Washington Tabárez no se entiende sin pupilos a los que enseñar. Siempre ha estado acompañado de personas a las que dirigir o encaminar hacia un objetivo, unas veces niños, otras veces futbolistas. Su apodo “el maestro” no surge por casualidad. Conocida es su faceta de profesor de educación primaria, una labor que llevaba a cabo al mismo tiempo que desarrollaba su carrera como futbolista primero, y como técnico después, ya que, en esos años, vivir del fútbol era prácticamente imposible. Sobre todo, como futbolista, ya que Tabárez nunca fue un jugador de renombre y no logró ningún título, siendo el fútbol mexicano, la única salida al fútbol extranjero que pudo llevar a cabo, pero ya al final de su carrera.

Tras retirarse de su deporte favorito, su idea no era volver a él tan pronto, pero tras la llegada al mundo de su cuarta hija y al verse sin dinero para ir al campo de Peñarol, escuchó por la radio que el club buscaba técnicos para las categorías inferiores con experiencia en el mundo del fútbol y lo más importante, estudios. Ambos requisitos eran sencillos de cumplir por separado, pero no en conjunto. Pero Óscar era un privilegiado. A partir de entonces, todo es historia del fútbol uruguayo. Devolvió al combinado sub20 al escaparate mundial ganando los Juegos Panamericanos en 1983, y tras pasar por grandes clubes de su país como Danubio o Montevideo Wanderers, logró su primera Copa Libertadores con Peñarol.

Pero su etapa más gloriosa a nivel de clubes la vivió en Boca Juniors, dirigiendo al propio Diego Armando Maradona. El pelusa le definió de la siguiente forma poco después de conocerlo: “un bife de chorizo, no te hace ni bien ni mal”. Sus éxitos le catapultaron al fútbol europeo, siendo el Cagliari italiano el primer equipo en confiar en él. Logró un meritorio noveno puesto con el club de Cerdeña y entonces llegó su gran oportunidad. Entrenar al Milan sustituyendo a ni más ni menos, que a Fabio Capello. Pero el destino no le tenía reservado triunfar en Italia. Tras unos meses de paupérrimo rendimiento, Arrigo Sachi le sustituiría en diciembre de 1996. Su siguiente parada fue el norte de España, más concretamente, Oviedo.

El conjunto de la ficticia Vetusta cambió su percepción futbolística con la llegada del uruguayo, sobre todo en el apartado de preparación. Mejora de instalaciones, cambios en la alimentación y entrenamientos exhaustivos contribuyeron a la mayor profesionalización del club carbayón, pero no a la mejora del rendimiento a corto plazo. Pese a salvar la categoría en la promoción ante la UD Las Palmas, Tabárez abandonaría el club. Tras volver a Italia y pasar por Argentina, la federación uruguaya volvería a requerir sus servicios para la selección absoluta. Doce años después de su llegada, Uruguay vuelve a ser considerada candidata a alzar la Copa del Mundo, y el país ya no tiene que vivir de fantasmas del pasado, sino de héroes del presente.

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