Histórico
23 junio 2018El Enganche

Suecia: La generación de oro que no pudo con Pelé

Milan

Por César Bellido (@Cesar_B_O)

La Segunda Guerra Mundial estaba acabada y llegaba otro de los conflictos más duros de la época, la Guerra Fría. Entre 1945 y 1947 la Unión Soviética, y sus países aliados, y Estados Unidos, con sus aliados capitalistas, tuvieron varios enfrentamientos de índole ideológica y política. Los derechos humanos se vieron afectados por la llamada Guerra Fría, nombre que se le dio porque a pesar de las discrepancias no tuvieron ningún enfrentamiento directo entre ambos países. Suecia, aunque públicamente no se posicionó hacia ningún bando, permitió que sus jefes entablaran conversaciones con Estados Unidos. Después de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría, los suecos comenzaron a crecer en la industria y en su estabilidad social. En 1946, Suecia vio en el deporte una de las vías de escape para olvidar los problemas sociales que azotaba el país. Una de las decisiones fue solicitar la organización para el Mundial de 1958. Tuvieron que pasar varios años para saber la decisión, en 1950 se aceptó a Suecia como sede para la gran cita futbolística. Llegaba una generación de grandes futbolistas suecos y el país quería verles triunfar ante sus ojos.

Suecia logra el oro en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948

El fútbol era uno de los deportes que más estaba creciendo en Suecia. Las participaciones en los distintos grandes eventos de la época se contaban por triunfos, en la escala que marcaba el poder que tenían los diferentes países. En el Mundial disputado en 1938 Suecia alcanzó una meritoria cuarta plaza, que mejoró 12 años después con el tercer puesto logrado en Brasil. Entre medias, en los Juegos Olímpicos disputados en Londres en 1948, Suecia se proclamó campeona. Esta cita olímpica siempre estará guardada en el recuerdo de los aficionados suecos. Suecia se impuso a Yugoslavia en la gran final por tres tantos a uno en la que Gunnar Nordahl, Nils Liedholm y Gunnar Gren lideraron un combinado que años más tarde estuvo muy cerca de alcanzar la gloria en una cita mundialista.

Gre – No – Li, el trío de oro de Suecia

Gunnar Nordahl fue el primer futbolista en abandonar Suecia, lo que le costó su puesto en la selección ante la enorme tristeza del delantero, para enrolarse en las filas del Milan en 1948. La facilidad goleadora de Gunnar llamó la atención en Italia. El jugador natural de Hörnefors logró ser cinco veces máximo goleador del campeonato. Desde su llegaba al club italiano siempre se caracterizó, además de por su fútbol, por su sencillez y profesionalidad. El seleccionador George Raynor entre 1946 y 1954 hablaba de la potencia descomunal que poseía el delantero a la hora de perforar la meta rival: “Nordahl había nacido para marcar goles”, afirmó en una declaración. La compenetración con sus amigos suecos fue más que evidente en el Milan, como manifestó en más de una ocasión: “Cuando llegué a Italia me di cuenta de que, en Suecia, los equipos jugaban mucho más adelantados. Intenté aprovecharme de esa experiencia para abrir espacios en las defensas. Liedholm y Gren me cedían pases perfectos al hueco y me ponían en bandeja balones facilísimos, listos para que yo los empujara a puerta”. Este era Nordahl, uno de los culpables del auge del fútbol sueco en el mundo y el que dio el empujón al Milan para ser uno de los grandes del continente europeo. Su carta de despedida fueron 210 goles en ocho campañas, máximo realizador de la historia del Milan en la actualidad.

Uno de los acompañantes de Nordahl en el Milan fue Nils Liedholm, uno de los mejores futbolistas de la década de los 50. Junto a su amigo Nordahl lideró el ataque de Suecia durante varios años. Liedholm, tras lograr dos campeonatos con el IFK Norrköping, decidió emprender rumbo a Italia para firmar por el Milan. “Il Barone”, como era conocido el fino centrocampista nacido en Valdemarsvik por su elegancia sobre el terreno de juego, marcó una época y perteneció a una de las mejores plantillas del club italiano. Entre los años 1950 y 1959 conquistó cuatro campeonatos italianos. Sus asociaciones en el campo con Nordahl fueron espectaculares, motivo de debate en Italia. ¡Cómo podría ser tan fácil la comunicación entre ambos!, exclamaban los periodistas del país transalpino. Liedholm fue la mano derecha de Nordahl en tierras italianas. Su marcha en 1962 no fue una despedida cualquiera, fue ovacionado durante cinco minutos en su último partido con la zamarra rossonera, la que defendió durante 12 años.

Gunnar Gren fue otro de los jugadores suecos que se hizo grande en el Milan. Al igual que sus compatriotas, Gren desarrolló parte de su carrera deportiva en el Milan. Sus inicios en el balompié fueron en el Göteborgs AIK para posteriormente recalar en el Gårda BK antes de llegar al IFK Göteborg, equipo con el que levantó su primer torneo liguero. En 1949 se hizo oficial su fichaje por el Milan, donde Gren estuvo hasta 1953 antes de marcharse a la Fiorentina. En el conjunto milanista logró varios títulos nacionales y formó una gran tripleta con sus colegas suecos. Considerado, junto a Liedholm y Nordahl, uno de los mejores futbolistas de la historia de Suecia. Los tres jugadores fueron las piedras angulares del proyecto milanés de los años 50. Una de las páginas más brillantes del conjunto rossonero fue con estos tres jugadores suecos en sus filas. Las tres estrellas suecas eran reconocidas en el mundo del fútbol por la Gre-No-Li.

Un gran Pelé aparta de la gloria a los suecos

El Mundial que se iba a disputar en Suecia en 1958 llegaba en el mejor momento para los apasionados al fútbol. El país seguía creciendo a pasos agigantados y la selección de Suecia tenía a unos de los mejores futbolistas del mundo. 12 sedes serían las que acogerían cada uno de los 35 partidos que se iban a disputar entre el 8 y el 28 de junio. Unión Soviética, Gales e Irlanda del Norte eran las debutantes en el torneo ante selecciones del potencial de Brasil, Argentina y Suecia. Estos últimos llegaban con uno de los mejores planteles de la época. A los ya citados Gren y Liedholm, se unían jugadores de la talla del portero Svensson, Kurt Hamrin, Lennart Skoglund y Agne Simonsson. Nordahl fue el único del trío de los grandes de Suecia que se perdió el Mundial que tras su marcha a Italia en 1949 se le cerraron las puertas de la selección. Era sin lugar a dudas una pérdida muy importante para los europeos.

Suecia iba a quedar emparejada en el Grupo 3 junto a México, Hungría y la debutante Gales. El primer partido de los anfitriones se disputaría en Solna ante los mexicanos. Los suecos estuvieron muy por encima de su rival y se impusieron por un contundente tres a cero. Simonsson, en dos ocasiones, y Liedholm lograron los tantos de la victoria de los hombres dirigidos por el inglés George Raynor. Dos goles de Hamrin permitieron a los suecos sumar dos nuevos puntos ante los húngaros. El empate a cero ante Gales en la última jornada de la primera fase permitía a Suecia terminar liderando el grupo y acceder a los cuartos de final. El fútbol de los europeos estaba llamando la atención por su tremenda verticalidad y por la calidad de sus jugadores.

La Unión Soviética, otra de las selecciones que debutaban en este tipo de torneos, se cruzaría en el camino de Suecia. El partido fue más igualado de lo previsto pero en la segunda parte Hamrin y Simonsson desatascaron el duelo para terminar metiendo a los suyos en una de las semifinales. El pueblo sueco disfrutaba del mundial y del juego de sus jugadores. La gloria de alcanzar la final por primera vez en su historia estaba mucho más cerca. Era una oportunidad histórica gracias a la hornada de grandes futbolistas que había producido Suecia durante todo este tiempo. Alemania Federal, la que defendía el título conquistado en Suiza 1954, sería el siguiente escollo para los suecos. Un gol de Hans Schäffer en el minuto 24 puso en ventaja a los germanos pero los anfitriones reaccionaron de inmediato ante el clamor de los aficionados que abarrotaban el Ullevi de Gotemburgo. Antes de llegar al descanso, Lennart Skoglund ponía las tablas en el marcador. La insistencia de los locales daría sus frutos a escasos minutos para el final por mediación de Gren y Hamlin. Con el resultado de tres a uno el colegiado húngaro Zsolt decretaba el final. Suecia estaba en el duelo decisivo de su Mundial y allí esperaba Brasil, a quien había que ganar ante su pueblo y alejándose de cualquier duda sobre amaños que venían siendo rumoreados año tras años en sedes mundialistas locales.

Las horas previas a la final fueron un hervidero de alegría para todo el país. Suecia se medía a Brasil y el único objetivo de los europeos era el triunfo pero enfrente estaba un jovencísimo Pelé. El encuentro no pudo tener mejor comienzo para Suecia. En el minuto cuatro Liedholm, tras una preciosa jugada colectiva, ponía el uno a cero ante el estallido de alegría de los seguidores suecos. Brasil no tardaría en reaccionar y Vavá anotaba el empate cinco minutos más tarde. El propio delantero brasileño puso en ventaja a los cariocas antes del descanso. La calidad individual de los visitantes era más que evidente y todavía faltaba el protagonismo de Pelé. Primero fue Zagallo y después Pelé, con un doblete, los que dejaron la final finiquitada. Simonsson arregló el resultado poco antes de la conclusión. El gran protagonista del mundial fue sin lugar a dudas Pelé, que él solo eclipsó la oportunidad histórica de Suecia de ganar la cita que se disputaba en su país. El jugador de 17 años del Santos, autor de seis goles en la fase decisiva del torneo, acababa de un plumazo con las aspiraciones de una generación de oro de Suecia.

La impotencia fue la nota predominante en las gradas del estadio Råsunda en Solna. Los aficionados asistían atónitos a la celebración de los brasileños, que conquistaban su primer mundial, mientras que los jugadores suecos lloraban sobre el terreno de juego. Además de perder el partido final, veían como se les había escapado una gran ocasión con unos jugadores inigualables. La generación de los Gren, Nordahl y Liedholm se quedaban sin un gran premio. Fue la última vez que Suecia se quedó a las puertas del triunfo, Pelé lo había evitado.

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