Histórico
7 junio 2018El Enganche

Suecia: No Ibra, no party?

Foto Ibrahimovic

Por Darío Garzarón (@dGarzaron)

Volver a un Mundial doce años después y hacerlo sin el líder indiscutible de tu selección en la última década, no es una tarjeta de presentación que invite al optimismo. A pesar de esto, desde el momento en el que accedió al cargo en el año 2016, Janne Andersson decidió convertir al ejército de filisteos que se escondían tras el Goliat nacido en Malmö en mucho más que una mera comparsa.

A lo largo de la historia del fútbol, tanto los clubes como, en este caso, las selecciones, se han movido siempre entre dos extremos. Por un lado, han confiado su suerte a la inspiración de un único jugador o, por otro lado, han decidido apostar por un equipo equilibrado y con varios elementos sustentantes. Apostar por un solista o hacerlo por un coro, he aquí el dilema.

En el primer grupo, el de “la selección de…”, podríamos encuadrar al combinado sueco que participó en la Eurocopa de 2008, 2012 y 2016, pero que no logró clasificarse para las fases finales mundialistas de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014.

Era la selección de Ibrahimović y, como tal, el esquema y el modo de juego se concentraba en una circulación rápida y directa cuyo único objetivo era entregar el esférico al 10. Una vez en los pies del genio sueco, todo era posible. “Crafted for destruction” sugería un anuncio de la marca que posee sus derechos de imagen, o lo que es lo mismo, “diseñado para la destrucción”.

A actuaciones individuales como el póker de goles anotado a Inglaterra en un amistoso en el 2012, o el doblete ante Dinamarca que certificó la clasificación de Suecia para la pasada Eurocopa de Francia, se ha sumado siempre un rendimiento por debajo de lo esperado de una selección que no ha dado la talla en las últimas citas a nivel de selecciones, cayendo eliminada en la fase de grupos en las tres últimas Eurocopas. Precisamente aquellas en las que Ibrahimović era ya la estrella indiscutible del equipo.

Desde un punto de vista mediático, Ibrahimović se erigió como el digno sucesor de las rastas de Henrik Larsson, que, en Estados Unidos 1994, habían derrumbado dos estereotipos: no todos los suecos eran rubios con la piel clara y algunos de ellos eran muy buenos futbolistas.

Nacido diez años después de Larsson, y diez años antes de Forsberg, el mayor talento de la selección sueca actual, Ibrahimović quedará en los libros de Historia como un magnífico futbolista que permitió que la selección nacional de Suecia no desapareciera del panorama futbolística entre los años 2008 y 2018, a pesar de no haber disputado nunca un Mundial como solista, con el país que vio nacer a ABBA.

El 21 de junio del 2016, un día antes del partido ante Bélgica que, a posteriori, significaría el adiós de Suecia a la Eurocopa de Francia, y de Zlatan a Suecia, el ex jugador de Juventus, Inter, Milán y Barcelona, entre otros, anunciaba, tras 115 partidos y 62 goles, que abandonaba la selección sueca.

Puede resultar curioso el hecho de que, tras el adiós de la inigualable Z del fútbol sueco, la Federación de Fútbol del país decidiera entregar las riendas del equipo a Janne Andersson, un entrenador con el apellido más terrenal y popular del país.

El paso de la Z a la A supuso reiniciar el sistema y, con ello, dejar de lado el modelo de “la selección de…” para recuperar así el valor del colectivo, lo que, en un pasado no muy lejano, había dado grandes alegrías a Suecia: semifinales en la Eurocopa de Suecia de 1992 y en el Mundial de EE.UU. de 1994.

Con decisión firme, tal y como se ha observado en los cruces de declaraciones de los últimos meses, en los que el once veces campeón del Guldbollen (Balón de Oro sueco) aseguraba, por ejemplo, que “un Mundial sin mí no sería un Mundial”, el seleccionador sueco respetaba “lo que él mismo dijo”, cerrándole así las puertas de la selección.

Dejar fuera del Mundial a tu mejor jugador es, sin lugar a duda, una idea descabellada. No convocarlo cuando tiene 36 años, juega en un campeonato de menor exigencia y tienes a tu disposición a varios jugadores de dos de las mejores generaciones futbolísticas de tu país, es, por el contrario, una decisión bastante razonable (e incluso previsible).

Es ahí donde reside la fuerza de esta Suecia del año I d.Z.

La primera conclusión que se extrae de la lista de convocados que el técnico sueco hizo pública el pasado mes de mayo es que, tras el reinado de Ibrahimović, la monarquía absoluta ha dejado paso a una democracia en la que todos y cada uno de los futbolistas tendrán derecho al voto.

Para lograr un entramado muy diverso, pero de gran precisión, que ha dejado por el camino a selecciones como Holanda e Italia, el seleccionador nacional ha decidido sustentar el grupo en dos de las generaciones más exitosas del fútbol sueco de las últimas décadas.

La ausencia de Ibrahimović supone, ante todo, la ausencia del gol, un bien de un valor incalculable en un Mundial, cuya búsqueda y posterior consecución Andersson ha asignado a Marcus Berg y Ola Toivonen.

Por vez primera, la dupla de delanteros que llevó a Suecia hasta las semifinales de la Eurocopa sub 21 del 2009, tendrá como tarea principal no solo la de anotar goles, sino la de servir de punto de referencia para un equipo que sigue haciendo del balón largo su razón de ser. En su primera prueba de fuego, la fase de clasificación para Rusia 2018, entre los dos lograron anotar 11 de los 26 goles de su selección (Suecia fue la más goleadora de su grupo).

A Berg y Toivonen se unen otros cuatro integrantes de aquella selección sub 21: el portero Nordfeldt, los defensas M.Olsson y Lustig y el centrocampista G.Svensson. De estos cuatro jugadores, solo el lateral derecho Lustig aparecerá con total probabilidad en el once inicial de cada partido, mientras que los tres restantes quedarán relegados a una presencia testimonial.

Si deseamos buscar la generación que, no solo, justifica la apuesta por el fútbol base en Suecia, sino que, también, avala la decisión del seleccionador de dejar fuera a Ibrahimović a favor de la solidez del grupo, debemos retrotraernos al año 2015, cuando, una vez más, una selección sub 21 colocaba a Suecia entre las principales potencias futbolísticas del continente, proclamándose campeona de Europa por primera vez.

Tres de los jugadores del 11 ideal de aquel torneo eran suecos. Uno de ellos, Lewicki, no ha jugado ni un minuto en toda la fase de clasificación, mientras que los otros dos, el defensor Augustinsson y el delantero Guidetti, desempeñarán un rol importante en Rusia, éste último como relevo de la dupla Berg-Toivonen.

Además del lateral izquierdo Augustinsson, participaron en aquel campeonato el jugador del Manchester United Lindelof, que formará la pareja de centrales titulares junto al veterano capitán Grandqvist (Balón de oro sueco en el 2017), y Helander, pareja de Lindelof en aquella Eurocopa, que esperará su turno desde el banquillo.

No será Helander el único jugador titular de aquel histórico grupo de la sub 21 a esperar su turno desde el banquillo. A él se sumarán el centrocampista Hiljemark, el delantero Thelin y el ya citado Guidetti.

infog suecia convocados

En el 4-4-2 de tintes clásicos que Andersson ha inculcado a este equipo, el papel de los interiores es vital, puesto que son ellos los responsables de generar las segundas jugadas derivadas de las batallas cuerpo a cuerpo que Berg y Toivonen lidian en cada partido. V.Claesson o Durmaz desde el costado derecho, y E.Forsberg desde el izquierdo son, junto al mediocentro Ekdal, los catalizadores de una estrategia ofensiva que busca finalizar siempre las jugadas así como acumular varios jugadores en el área, y que tiene en el disparo lejano un arma peligrosa, especialmente en el caso de Durmaz y Forsberg.

Es precisamente Forsberg el jugador que, además del dorsal, ha heredado de Ibrahimović la mayor dosis de talento de toda la selección, que no duda en sacar a relucir en los golpeos de falta, así como en los balones filtrados al área, una auténtica mina de oro para dos estajanovistas del derroche físico y el gol como son Toivonen y Berg.

Tal y como se pudo ver en el partido de ida de la repesca ante Italia, la presión que los jugadores suecos ejercen en la salida del balón del rival les permite recuperarlo en zonas cercanas al área, pero, a su vez, les confiere una gran debilidad si el rival consigue superar la primera línea de presión.

A pesar de contar con dos defensas centrales de gran estatura, Lindelof mide 1,87 m y Grandqvist 1,92 cm, son los centros desde los laterales el origen principal de los goles encajados por los escandinavos, fruto de un balance defensivo mucho menos efectivo que el de ataque.

El techo de esta selección está aún por definir, más aún si observamos el grupo F en el que ha sido encuadrada, donde, sobre el papel, tras la gran favorita Alemania, tanto México, como Corea del Sur y la propia Suecia tienen muchas posibilidades de hacerse con la segunda plaza.

Tras realizar una fase de clasificación cuanto menos sorprendente y superar en la repesca a la tetracampeona Italia, los niños dorados de Suecia buscarán seguir haciendo historia soñando con llegar a lo más alto del fútbol sueco donde, de forma condescendiente, Ibrahimović les acogerá recordándoles aquella famosa frase de “puse a Suecia en el mapa del mundo”.

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