Histórico
5 junio 2018El Enganche

Serbia: Recuperar el trono de los Balcanes

Mitrovic

Por Mario Reinoso (@MarioReinoso17)

Ocho años. Una larga espera para volver a ver al gigante de los Balcanes en una fase final de una competición internacional. Y sí, gigante de la zona ya que fue la encargada de heredar todos los resultados y estadísticas de la antigua selección nacional de Yugoslavia. Todo esto porque la FIFA y la UEFA la reconocieron como la única descendiente oficial.

Serbia ha vuelto a un Mundial tras su pobre imagen mostrada al último que acudió. Este fue el de Sudáfrica en 2010, del cual se marcharon con un bagaje de una sola victoria y dos derrotas, suponiendo esto su eliminación en la fase de grupos. Desde entonces, han encadenado fracaso tras fracaso. Las Eurocopas de 2012 y 2016, más el Mundial de Brasil de 2014, lo vieron desde casa. Mientras tanto, vislumbraban a través del retrovisor como sus principales rivales, tales como Croacia, Rumanía, incluso Albania, les adelantaban por la derecha. O con el añadido del crecimiento de las selecciones de Montenegro y Bosnia. Un estancamiento que les estaba costando su puesto de rey de los Balcanes.

Por ello, la federación serbia decidió cambiar el chip y, con vistas a la fase de clasificación para el Mundial de Rusia 2018, apostó por Slavoljub Muslin. Con el natural de Belgrado, y ex futbolista de Estrella Roja, Lille o Brest, entre otros, se consiguió el renacer cual ave fénix de sus cenizas. Este logró dar con la tecla y sacar el máximo jugo posible de la plantilla. Muestra de ello fue su superioridad en el Grupo D, obteniendo la primera plaza por delante de Irlanda, Gales o Austria.

No obstante, Muslin nunca se guio por los nombres. Sin ir más lejos, fue capaz de dejar fuera a jugadores de la talla de Milinković-Savić o Ljajić (contó más que el primero), en busca de un grupo de futbolistas que formasen el cóctel perfecto en su particular ecosistema. Este era el de un casi innegociable 3-4-2-1 (o 3-4-3). No practicaron un fútbol precioso, es así. Pero lo que es indudable fue la capacidad que tuvieron de sacar el máximo rédito posible a sus ventajas. Algo que refrendan sus resultados durante la fase previa, cosechando una única derrota.

Además, otra de las claves del éxito ha sido la mezcla perfecta entre veteranía y juventud. De los clásicos Ivanović o Kolarov, pasando por Matić, Tadić (uno de los más favorecidos con Muslin), a los Mitrović, Kostić o Gaćinović. Un relevo generacional que está dando sus frutos de forma exitosa. Ayudado, claro está, por la fabulosa hornada que está produciendo Serbia desde años atrás. Campeones del Europeo sub-19 en 2013 o del Mundial sub-20, comandados por Veljko Paunović, del que formaron parte, entre otros, los ya mentados Milinković-Savić, Gaćinović o la gran promesa Živković.

Precisamente, esa peculiar personalidad de Muslin y su toma de decisiones le terminaron por costar el puesto en octubre de 2017, pese al haber conseguido el billete para Rusia. Le reemplazó Mladen Krstajić, quien en principio lo hacía de forma interina, y finalmente se convirtió en el seleccionador de las ‘Águilas’. Con el técnico serbio, aunque de orígenes bosnios, Serbia ha dado un vuelco. Atrás ya el antiguo esquema, es ahora el 4-2-3-1 su credo. El punto fuerte, las transiciones, las cuales hilan de forma trepidante.

Un cambio en la pizarra que, de momento, no da buenas sensaciones. De los cuatro amistosos que han disputado en la ‘Era Krstajić’, dos victorias, un empate y una derrota es el bagaje. Es evidente que los duelos no oficiales no son la mejor vara de medir el rendimiento de un plantel, aunque sí sirven para dar pequeñas pinceladas de cara al futuro. Eso sí, su primera gran medida fue la de incluir en su lista a Milinković-Savić, la pieza angular del presente-futuro de Serbia.

Habrá que esperar a que el Mundial dé el pistoletazo de salida para entrar en valoraciones más profundas e introducir el bisturí del análisis. Una Serbia que, además, tendrá una papeleta más que difícil en el Grupo E, en el que se medirá nada más y nada menos que a Brasil, Costa Rica y México. Lo que queda claro es que Serbia ya está en pos de recuperar el trono de los Balcanes.

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