Histórico
29 junio 2018El Enganche

Mundial 2018: Un paseo por el Hermitage a golpe de balón

Por Darío Garzarón (@dGarzaron)

El Museo del Hermitage de San Petersburgo no es solo una de las instituciones museísticas más importantes del mundo sino que, paseando por sus salas, el visitante llegado allí quizás con motivo de la cita mundialista, se encuentra de forma inesperada con siete obras de arte que resumen a la perfección lo que ha deparado la fase de grupos del Mundial de Rusia.

Grupo A. Rembrandt, Retorno del hijo pródigo

Grupo AAl igual que en el Retorno del hijo pródigo de Rembrandt colgado en las paredes del Hermitage, en el partido inaugural, aquél que nunca debería haberse marchado volvió. No hablamos de Ignashévich, llamado a la causa a sus 38 años y tras dos años retirado de la selección, sino del soldado rojo Artiom Dzyuba.

En enero del 2018, Roberto Mancini, por entonces entrenador del Zénit de San Petersburgo, pedía la salida de Dzyuba de la disciplina del equipo. El delantero acabó siendo cedido al Arsenal Tula, donde jugaría 10 partidos, marcando 6 goles. Uno de ellos, el definitivo empate a tres frente al Zénit, tras haber pagado de su bolsillo los 150.000 € de cláusula que le permitían disputar el partido.

Dzyuba no comenzaba el Mundial de titular, relegado al banquillo por Smólov, a priori una de las grandes estrellas del combinado ruso. Era el minuto 71 de partido y Dzyuba ponía en marcha su particular revolución, anotando su primer gol. La sandalia que en el cuadro aún calza el hijo arrodillado ante su padre, no es sino la representación de la bota derecha del gigante ruso con la que anotaba el 3 a 0 ante los saudíes.

Mientras que en la obra de Rembrandt el color rojo representa el lujo y la prosperidad, para el delantero ruso no es sino la tonalidad de la coraza que en cada partido lo protege como si fuese un soldado más de la facción futbolística del Ejército Rojo, que busca otorgar a Rusia un puesto en la élite del fútbol mundial.  Con el pase a octavos de final, Dzyuba continúa con la misión.

Grupo B. Henri Matisse, Conversación

Grupo B

Henri Matisse es el principal exponente de un movimiento pictórico conocido como fauvismo, es decir, de las fieras, donde el ímpetu del pintor se apoderaba del lienzo. En el fútbol, el espectador es la transposición perfecta del artista pasional, dando al gol el valor que Matisse daba al color. El gol es la liberación, el júbilo, el aullido de la edad contemporánea o, al menos, así había sido hasta la llegada del VAR.

En el Mundial de Rusia todo pasa por el gélido filtro de la habitación conocida como VAR ROOM, donde una serie de árbitros sentados como la figura que aparece en la parte derecha del lienzo, dialogan con el árbitro que, erguido como la figura de la izquierda, espera la aprobación para poder conceder alegría o tristeza a los aficionados.

En esta obra del 1909, el pintor sitúa entre ambos personajes, un espacio rectangular que adquiere la apariencia de una ventana, mientras que, más de 100 años después, el árbol y el jardín que se vislumbran a través de la ventana han cedido su espacio a repeticiones televisivas desde los ángulos más insospechados que, como ya ha ocurrido en los últimos minutos de los partidos de este grupo B, han llegado a Rusia para ser protagonistas.

Grupo C. Jean-Honoré Fragonard, El beso robado

Grupo C

Perú volvía a un Mundial 36 años después y lo hacía desplegando un fútbol vistoso y atrevido que le hizo merecedora, ya desde el primer partido, de todo tipo de elogios.

El vestido de gala que Perú había elegido para su puesta a punto cuidaba hasta el último detalle, al igual que el pintor francés Fragonard había hecho más de 200 años atrás en su obra, El beso robado. Donde el lienzo nos muestra una gran precisión, como es el caso del vestido de la doncella o el pañuelo apoyado en la silla, Perú se mostraba preciosista cuando el balón se acomodaba en los pies de Farfán o de Carrillo.

Al igual que en el cuadro presente en el Hermitage, Perú, la doncella que permanecía apartada de la fiesta desde España 82, veía cómo desde la oscuridad del pragmatismo danés, un joven moreno de apellido Poulsen, le robaba un beso. Se trataba, probablemente, de aquel beso que jamás habría querido regalar y que les hizo recordar cuán amargo podía ser aquel momento que todo un país había soñado durante décadas y que, como la joven de Fragonard, tuvo que abandonar antes de que finalizara.

Grupo D. Edgar Degas, Plaza de la Concordia

Grupo D

Con el título de Plaza de la Concordia, Degas muestra al visitante del Hermitage una plaza francesa desierta que, de haber caído eliminada Argentina en la primera fase, bien podría haber sido una estampa de la plaza bonaerense de San Martín, uno de los lugares de reunión de los hinchas argentinos durante el Mundial.

En un primer plano podemos observar al Conde de Lepic que, encaminándose hacia la derecha, parece mostrar cierta prisa por salir de la escena, algo que, por el contrario, no ha mostrado el seleccionador Sampaoli, quien, a pesar de las peticiones de algunos de jugadores, se ha mantenido en el cargo.

La concordia a la que hace referencia el título de esta obra, ha sido la gran ausente en una concentración caracterizada por una montaña rusa de emociones y sinsabores que han tenido a la albiceleste al borde del abismo durante dos tercios de la primera fase pero que, a fin de cuentas, le llevará a enfrentarse mañana a Francia en el primer partido de los octavos de final.

Grupo E. Rembrandt, Hamán reconoce su destino

Grupo EBrasil acudía a la cita mundialista como una de las grandes favoritas, a pesar de la alargada sombra del 1-7 sufrido ante Alemania en las semifinales de cuatro años atrás.

Todo era brillo y color en el debut de la canarinha pero, al igual que ocurre en este lienzo con el título de Hamán reconoce su destino, los destellos de luz de sus jugadores pronto dieron paso a la oscuridad y a los colores neutros.

La máxima expresión de la neutralidad, es decir, el empate, ante Suiza y una victoria ante Costa Rica en el tiempo de descuento habían aportado más sombras que luces a una selección que, al igual que en la obra de Rembrandt, parecía entregar su destino a tres de sus futbolistas. A excepción de Coutinho (que bien podría ser el personaje que aparece en primer plano), tanto Neymar como Gabriel Jesús aún deben surgir desde las sombras para acercarse al espectador.

En el lienzo, así como en muchas otras obras del pintor holandés, pinceladas cargadas de pintura, y que aparentemente no están relacionadas entre sí, se integran en el conjunto de la escena. ¿Podrá Tite respetar a las individualidades y pintar el lienzo del Hexacampeonato?.

Grupo F.  Miguel Ángel, Joven en cuclillas

Grupo FSituado frente al Joven en cuclillas liberado del mármol por Miguel Ángel, el visitante del Hermitage probablemente no logre hallar una interpretación sencilla y completa a la escena que está presenciando.

Delante de Chicharito Hernández, que rompe a llorar sobre el césped del Luzhniki tras la victoria ante Alemania, el espectador intuye rápidamente la liberación que emana de aquellas lágrimas que se entremezclan con el sudor de una victoria histórica.

La camiseta era siempre verde pero, esta vez, quien se agazapaba buscando consuelo era Mesut Ozil. Protagonista en el Mundial de 8 años atrás, el jugador del Arsenal ha sido uno de los grandes señalados en este fracaso teutón.

El recogimiento que muestra la escultura del creador del Moisés busca indicar quizás el hecho de que, solo a través de la reflexión es posible visualizar lo que no se llega a intuir. En el caso de México, un primer partido de ensueño. En el caso de Alemania, una pesadilla que durará, al menos, hasta la próxima Eurocopa del 2020.

Grupo G. Antonio Canova, Las Tres Gracias

N.SK.-506;0; Canova, Antonio. The Three Graces.Antonio Canova ha pasado a la historia del arte como un escultor que halló en la recuperación de los valores y las formas clásicas un lenguaje expresivo único y personal, al igual que Roberto Martinez, técnico de los belgas desde el año 2016 y que, desde un primer momento y a pesar de las críticas recibidas, buscó imponer su lenguaje a una selección de compleja sintaxis y caligrafía imprecisa.

Las Tres Gracias, representadas en esta escultura de forma sensual y cargadas de una complicidad equilibrada y sostenida eran, según la mitología griega, tres diosas hijas de Zeus. Las Gracias representaban el hechizo, la alegria y la belleza, valores todos ellos que Bélgica ha mostrado en esta primera fase en la que, junto a Croacia y Uruguay, se ha mostrado como una de los valores seguros de las primeras dos semanas de Mundial.

Eden Hazard, Dries Mertens y Romelu Lukaku han tomado el puesto de Eufrosine, Talia y Aglae y, siguiendo el carácter coral del grupo escultórico de Canova, han unido sus atributos futbolísticos para, a fin de cuentas, regalar al país centroeuropeo un rol de protagonista en un Mundial que, observando el cuadro de emparejamientos, parece discurrir suavemente como la mano del escultor italiano lo hizo a lo largo del marmol de esta obra.

GRUPO H Henri Matisse, La danza

Grupo H

Hace cuatro años la selección de Pekerman quedaba apeada en los cuartos de final frente a Brasil, dejando un muy buen sabor de boca debido a su fútbol ofensivo y alegre que dejó para el recuerdo la imagen del Ras tas tas, el baile que, al igual que La Danza de Matisse, rápidamente se convertiría en un icono.

Con la derrota frente a Japón y gracias, en medida, al gran nivel que Senegal había mostrado en su partido con Polonia, la selección colombiana veía cómo de la noche a la mañana las esperanzas puestas en los chicos de Don José podían desvanecerse. Lejos quedaban el baile y las sonrisas.

Precisamente tras haber marcado ante Senegal el gol que certificaba la clasificación a los octavos de final como primera de grupo, Yerry Mina se dirigía al córner y allí, agarrados de la mano uno a uno los jugadores colombianos como en el cuadro de Matisse, los cafeteros bailaban y comunicaban al mundo que el Mundial había comenzado para ellos y que, esta vez, Brasil no estaba en su camino hacia la gran final.

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