Histórico
22 junio 2018El Enganche

Suiza: Behrami, aprender de la victoria

Valon+Behrami+Neymar_via www.zimbio.com

Por Guillermo Berenguer (@GuiBerRa)

Dicen que unas veces se gana y, otras, se aprende. Que lo importante no es haber caído, sino aprender a levantarse. Que uno crece cuando comete un error, lo analiza, lo digiere y encuentra el modo de evitar tropezar de nuevo con la misma piedra. Pero ¿qué ocurre con las victorias? ¿Acaso no nos dejan enseñanzas positivas? ¿Por qué no fijarse en ciertos triunfos para tratar de evolucionar?

Esto es precisamente lo que se planteó Suiza hace cuatro años, coincidiendo con la llegada al banquillo del técnico bosnio Vladimir Petkovic. Desde el triunfo por 0-1 sobre España en la primera jornada de la fase de grupos del Mundial de Sudáfrica 2010, a Suiza se le había quedado un regusto agridulce.

En una de las escasísimas llegadas al arco rival, y en una jugada muy trabada y desafortunada para los hombres de Vicente del Bosque, Gelson Fernandes acabó introduciendo el balón en la portería de Iker Casillas. El resto del partido fue un monólogo abrumador de la selección española, cuyos jugadores no se explicaban cómo habían podido perder un encuentro que dominaron de principio a fin.

Los de Ottmar Hitzeld obtuvieron entonces una victoria de prestigio, sí, pero el poso que dejó fue volviéndose cada vez más amargo con el paso del tiempo. Primero, porque al combinado suizo no le bastó para superar la liguilla en aquella Copa Mundial y, segundo, porque ganar a cualquier precio no sabe igual que ganar con un estilo, con una identidad. Incluso se bromeaba con que, a la postre, los helvéticos eran los mejores del planeta, porque habían sido los únicos capaces de vencer a la selección que acabó cosiéndose la primera estrella en el pecho. Sin embargo, en el fondo, sabían que aquel triunfo no había sido del todo merecido, que había llegado fruto de la casualidad. Suiza lanzó una moneda al aire y le salió cara, pero no había sido dueña de su suerte. No podía seguir condicionando su juego en función de quién tenía enfrente.

Desde que tomó las riendas de la selección alpina, Vladimir Petkovic se ha encargado de cambiar la cultura futbolística del país. Le ha inculcado una mentalidad ganadora, la ha dotado de independencia, de confianza. Como muestra, su fase de clasificación para el Mundial: ganó los nueve primeros partidos y únicamente perdió el último, en su visita a Portugal. Suiza ya no espera el fallo del rival. Suiza sale ahora a jugar como sabe, y le es fiel a su estilo incluso cuando se enfrenta a Brasil, una de las grandes favoritas —por no decir la máxima aspirante— a ceñirse la corona en Rusia. Es más, tras empatar a uno contra la Seleçao el pasado domingo, Petkovic avisó: “Todavía debemos mejorar”.

Su extensión en el campo es Valon Behrami, el arquetipo de futbolista suizo del siglo XXI: de padres refugiados de origen albanokosovar, Behrami es el motor de los suyos, un centrocampista trabajador, bregador, incombustible. El “Guerrero”, como le conocen todos, está jugando su cuarto Mundial, una hazaña que no había conseguido ningún internacional suizo hasta la fecha.

Lógicamente, uno no se gana semejante apodo porque sí. Behrami y su familia pasaron por situaciones extremadamente duras en los noventa, circunstancias que a buen seguro forjaron su carácter cuando no era más que un niño. “Teníamos centenares de fotos de nuestros hijos cuando eran pequeños, pero se quemaron todas. Las bombas destrozaron nuestra casa”, lamentaba su padre en una entrevista reciente.

Behrami_via www.blick.chHasta los trece años, el pequeño Valon arrasaba en las carreras de cross del cantón del Tesino, región italohablante de Suiza donde la familia estableció su nuevo hogar. Nadie era capaz de aguantarle el ritmo cuando echaba a correr. No podían con él. Pero el chico empezaba a despuntar también con el balón en los pies, y fue entonces cuando tuvo que elegir. “Los dos convenimos que siguiera con el fútbol”, explicó su padre.

“Valon se levantaba a las seis menos veinte de la mañana para coger el autobús hasta Mendrisio y, de ahí, se iba en tren hasta Bellinzona. Después, cogía otro autobús hasta Tenero, y no volvía a casa hasta las nueve de la noche. Nunca tenía tiempo para salir por ahí”, añadió.

Su dedicación y su esfuerzo tuvieron recompensa: Behrami debutó como futbolista profesional en el Lugano, y se estrenó en un gran torneo con la selección suiza en el Mundial de Alemania 2006. Su carrera le ha llevado a jugar en clubes históricos de Italia, Inglaterra y Alemania, y actualmente milita en el Udinese. Acusado de cierto exceso de agresividad por algunos, Behrami es de los futbolistas que se deja la piel en la cancha y contagia a sus compañeros predicando con el ejemplo.

Sus fieles escuderos en las bandas, las locomotoras Stephan Lichtsteiner y Ricardo Rodríguez, así como Granit Xhaka, Xherdan Shaqiri y el portero Yann Sommer, componen junto a él el núcleo duro de una Suiza que, lejos de autocomplacerse tras empatar ante la Brasil de Neymar, Coutinho y compañía, buscará los tres puntos contra Serbia en la segunda jornada de la fase de grupos. Será la primera vez que ambos contendientes se vean las caras en un Mundial. A Serbia, por cierto, la dirige también un bosnio, Mladen Krstajic, por lo que el duelo balcánico promete emociones intensas.

En el terreno de juego volveremos a ver a un Behrami generoso en el esfuerzo, entregado, incansable. Su resistencia casi infinita, procedente de cuando entrenaba para ganar las carreras de cross, le ha acompañado siempre. Porque el cuerpo de un deportista tiene memoria, sí, pero sobre todo porque él, al igual que su selección, también supo aprender de sus éxitos y quedarse con lo mejor de ellos para aplicarlo luego al fútbol.

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