Histórico
27 junio 2018El Enganche

Alemania: Del milagro de Berna al milagro de Sochi

kroos vía www.fifa.com

Por Guillermo Berenguer (@GuiBerRa)

Nada menos que 2.500 kilómetros en línea recta separan la ciudad suiza de Berna de la localidad rusa de Sochi. En los anales mundialistas de la selección alemana, en cambio, la distancia entre ambas es de 64 años. Una fue el principio de todo, el punto de partida de una trayectoria sobresaliente. La otra representa el último lugar donde la Mannschaft ha dejado constancia de su eterna competitividad, de su fe inquebrantable en la victoria. Entre ellas, historias de crecimiento y superación en las condiciones más adversas.

Hungría llegaba como máxima favorita a la Copa Mundial de Suiza de 1954. No en vano, los magiares mágicos —liderados por los míticos Ferenc Puskás, Sándor Kocsis y József Bozsik— eran los vigentes campeones olímpicos y sumaban 31 partidos y cuatro años consecutivos sin perder. Los húngaros arrasaron en la fase de grupos, con triunfo por 8-3 contra la República Federal de Alemania incluido. Marchaban imparables hacia su primer título mundial. No obstante, en la final se produjo la segunda gran campanada de la historia del torneo, después de la protagonizada por Uruguay cuatro años antes en el partido decisivo contra Brasil en el Maracaná.

La presión como estímulo

La RFA había conseguido olvidar el batacazo contra Hungría de la primera fase y se plantó en la final con solvencia, después de dejar en la cuneta a Yugoslavia y Austria en cuartos y en semifinales, respectivamente. Pero el conjunto húngaro pisó el acelerador desde el pitido inicial y, en el minuto 8, ya ganaba 0-2. Los alemanes, sin embargo, no se dejaron impresionar por el despliegue de su rival e igualaron el marcador diez minutos después.

Una lluvia incesante se encargó de darle tintes aún más épicos a la final. Con el terreno de juego encharcado, los futbolistas de ambos bandos se esforzaban por conducir la pelota y no resbalar. Tras un defectuoso despeje de la defensa húngara, y cuando todo parecía indicar que habría que recurrir a la prórroga, Helmut Rahn anotó el gol de la victoria —el segundo en su cuenta particular— en el minuto 84. La RFA consumaba la sorpresa frente a una Hungría que no supo gestionar su temprana ventaja en el marcador.

Cuentan también que, en el descanso, los jugadores alemanes estrenaron la novedosa invención de un tal Adi Dassler, fundador de una conocidísima marca de ropa deportiva: unos tacos intercambiables más largos para sus botas, lo que quizá les dio más agarre y estabilidad en el barro del estadio de Wankdorf.

Elementos externos aparte, lo cierto es que la República Federal de Alemania de Sepp Herberger hizo un alarde de fuerza y resistencia ante un oponente que tenía todos los mimbres para ganar el Mundial y coronar a la mejor generación de su historia. Su triunfo en aquel choque se bautizó como “el milagro de Berna” y sentó las bases de lo que posteriormente ha sido la Mannschaft en los Mundiales: un equipo rocoso, poderoso físicamente, con carácter, eficaz de cara a puerta y con una mentalidad ganadora fuera de lo común. Para muchos alemanes, ver al legendario capitán Fritz Walter alzar al cielo el trofeo Jules Rimet simbolizó además el resurgimiento de un país que había quedado devastado y fracturado tras la Segunda Guerra Mundial.

El de Berna, por cierto, no fue el único milagro que se produjo en Suiza 1954. El otro gran hito de aquel Mundial fue que los partidos se retransmitieron por primera vez en directo por televisión. Sin duda, un avance tecnológico que marcó un antes y un después en la manera en la que el planeta entero pasó a disfrutar del torneo de fútbol por excelencia.

Rusia plantea un nuevo reto

El sábado pasado, en Sochi, Alemania se encontraba entre la espada y la pared. Su derrota a manos de México en la primera jornada le añadió, de la noche a la mañana, toneladas de presión a sus jugadores, que estaban obligados a ganar a Suecia para evitar un adiós prematuro que habría sido histórico.

Los escandinavos se adelantaron en el marcador y el suelo pareció abrirse bajo los pies de Joachim Löw y los suyos. Pero Marco Reus —titular en detrimento de Özil y encargado de dar más profundidad al juego de los germanos— anotó el empate nada más comenzar la segunda mitad. Alemania lo intentaba del mismo modo que había hecho en el segundo acto contra México: volcándose a por un tanto que la mantuviera con vida.

Finalmente, Toni Kroos marcó un sensacional gol de falta en el minuto 95 del encuentro y dio un balón de oxígeno a la selección alemana, que volvió a demostrar su carácter, su fortaleza mental y su capacidad para sobreponerse a las situaciones más adversas de forma épica. Que nadie dude ahora de que, como en anteriores ocasiones, el equipo saldrá reforzado de esta experiencia.

Queda advertida, por tanto, la República de Corea, su tercer y último rival en la fase de grupos de Rusia 2018, edición que cuenta con un despliegue de medios digitales inimaginables hace 64 años y que pasará a la historia por ser la primera en que se utilizó el VAR. Es un todo o nada y, como dijo Gary Lineker en su día: “El fútbol es un deporte muy sencillo: 22 tíos corren detrás de un balón durante 90 minutos y, al final, siempre gana Alemania”.

Por cierto, el exdelantero inglés —que ejerce actualmente de comentarista— actualizó su célebre cita en Twitter tras el choque contra Suecia con su humor habitual. “El fútbol es un deporte muy sencillo: 22 tíos corren detrás de un balón durante 82 minutos, a los alemanes les expulsan a uno, así que tenemos a 21 tíos corriendo detrás de un balón durante 13 minutos y, al final, acaba ganando Alemania igualmente”.

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