Histórico
16 noviembre 2017El Enganche

Atlético-RealMadrid: Cuando Cibeles era rojiblanca y Neptuno madridista

Captura de pantalla 2017-11-14 a la(s) 15.50.57Era un fútbol que desconocía la acumulación de fechas en el calendario y, por tanto, se prestaba a decenas de partidos amistosos a lo largo de la temporada. Era un fútbol donde la Liga y la Copa del Rey, no sumaban tantos encuentros como actualmente a lo largo de todo el curso. Y era un fútbol, donde la Copa de Europa aún era un plan alocado de un grupo de franceses que la iban a dar forma un par de años mas tarde. Por eso, aquél mes de marzo de 1953, el Atlético de Madrid celebraba sus Bodas de Oro sin la presión de una temporada plena de citas, aunque dispuesto a levantar las muchas dudas que estaba generando su falta de victorias tras proclamarse dos veces consecutivas campeón liguero con Helenio Herrera en el banquillo y Ben Barek-Escudero como rimbombantes goleadores. Y no había mejor manera de alzar la moral que un torneo propio, o eso debió pensar el Marqués de la Florida (presidente del club en aquél entonces), cuando invitó a Athletic de Bilbao (club ‘padre’ de los rojiblancos madrileños) y el Sportklub Wacker de Viena (afamado en el momento).

Hubo visita a la Virgen de la Almudena de Madrid (patrona del club), se exhibieron los títulos del club, se crearon encuentros de todas las secciones deportivas de la entidad y, como acto de más prestigio, aquél triangular futbolístico que tendría su particular trofeo. La Copa, ese icónico elemento que tantas veces sirve únicamente para engominar los actuales ‘Tours’ por los estadios a costa de una buena remuneración de los siempre derrochadores turistas, esta vez iba a ser determinante. No por su tamaño, no porque se rompiera en el festejo, ni tampoco porque finalmente fuera el Athletic quien se lo llevara, sino porque aquél ‘Trofeo Bodas de Oro’ (de plata), mostraba un grupo de esculturas donde, en el centro y bien distinguida, tomaba relevancia la Diosa Cibeles, sobre la que se elevaba un escudo del Atlético de Madrid. ¿Cibeles? ¿Atlético de Madrid? Sí, porque antes de ser blanca, madridista e inmaculada, fue rojiblanca, colchonera y feroz.

El Atlético de Madrid siempre había intentado vincularse a lo madrileño, para intentar ser el equipo no sólo de la ciudad, sino el principal de la comunidad. En su escudo ya había colocado, en su original 1903, el oso y el madroño de la capital, pero cuando llegó la fecha de las Bodas de Oro, decidió dar un paso más y llevar a la que era su Diosa, a un mayor protagonismo que referenciara su naturaleza rojiblanca. Por tanto, Cibeles era al Atlético de Madrid lo que hoy es Neptuno, aunque hay que recordar que, en aquella época, cuando el club había ganado títulos, no existía la costumbre de reunirse a festejar en torno a un monumento que uniera a todos los aficionados del club ganador.

1200px-Fuente_de_Cibeles_-_04Casi un cuarto de siglo pasó hasta que en 1977, el Real Madrid también organizara un torneo futbolero diferente como parte de su 75 aniversario. Se enfrentaron a Argentina-Irán yun desconocido club marroquí. Santiago Bernabéu ya estaba enfermo con un cáncer intestinal que, lamentablemente, iba a obligarle a despedirse poco después. Eso sí, pudo recibir de manos del alcalde madrileño, Juan de Arespacochaga, una pequeña reproducción de Neptuno en plata de ley. Sí, Neptuno. Porque entonces, los dos mejores hoteles de la ciudad estaban allí, junto al Dios del mar, que representaba con su fuerza la grandeza de un Real Madrid ya multi-campeón por entonces. Un gol de Del Bosque ante la albiceleste, fue el que propició que aquél trofeo, pueda hoy verse aún en la sala de trofeos del club madridista. Una prueba de la relación ‘neptunesca’ del equipo blanco.

Todo cambió bruscamente en el Mundial de 1986 cuando el ‘equipo de todos’, la selección española, venció con rotundidad a Dinamarca en octavos de final (5-1) y como era verano en la capital española, la gente estaba acostumbrada a disfrutar en la calle. Tanto, que se dejaron llevar por la alegría y muchos, miles, tras beber y disfrutar del momento, terminaron por adentrarse en Cibeles a darse un baño (no era una locura similar a intentarlo ahora cualquier tarde) porque era el epicentro más cercano a los bares y lugares de reunión donde la gente había estado celebrando. Pero la clave que iba a desencadenar el color, el escudo y la mística eterna del lugar, fue que la gente empezó a cantar. Cánticos ensalzando las virtudes de Butragueño (estrella aquel día ante los daneses) y a muchos de los madridistas de aquella selección, que tenia claras vinculaciones al Real Madrid de la época (el seleccionador era el mítico Miguel Muñoz y la base salía de La Quinta del Buitre).

Fuente_de_Neptuno_(Madrid)_06El 2 de marzo de 1988, apenas un año y medio más tarde, el Real Madrid alcanzó la Semifinal de la Copa de Europa en el mejor momento de aquella ‘Quinta’ tras remontar al Bayern. Fue tal la gente que se acumuló con sus coches y al aire libre en torno al centro de la capital (zonas de Castellana, Alcalá y Gran Vía) con sus banderas, cánticos, festejos y ruidos incesantes, que el ‘tapón’ impidió avanzar a todos los hinchas, quedando la parte más numerosa a la altura de Cibeles (y no de Neptuno). Se volvieron a repetir las escenas que se había visto con la selección y el ‘Buitre’ era adorado tras un nuevo show. Demasiado color blando en torno a la Diosa atlética (que perdió un brazo por unos desalmados unos días después). Cuando en 1991, la Copa del Rey dio un título al Atlético de Madrid (en el Bernabeu), ir a Cibeles parecía excesivamente blanco, por lo que, de manera natural, decidieron avanzar hasta Neptuno. Nadie les obligó, no tomaron cartas las autoridades y no hubo ley alguna que buscara esa división de ‘Dioses’, sino que fue la propia afición quien, con diferentes festejos, acabó por concluir que Neptuno reflejaba mejor el sentimiento atlético y Cibeles representaba mejor el corazón madridista.

Este fin de semana, cuando finalice el enésimo Derby entre ambos, será la hinchada ganadora la que, en su festejo, volverá a escribir un nuevo episodio. Hoy, los bandos están claros. Mañana… que decidan los dioses.

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