Histórico
10 marzo 2015El Enganche

Esta familia, es La Pipa

higuain

Por Luis Vallejo (@LVallejoColom)

Todo comenzó en la primera mitad del siglo XX. El primer miembro deportista de una familia que dejaría huella en el futuro acababa de nacer. Santos Zacarías sería reconocido hasta el día de su muerte como uno de los más grandes entrenadores de boxeo que jamás se hayan visto, convirtiendo a dos de sus luchadores en campeones del mundo en sus respectivas categorías en la década de los 80. Pero quizás, fuera de su país, no será recordado por aquello, sino por haber montado una red de deportistas de élite en su familia.

1- Claudio Zacarías

Hijo del mítico entrenador argentino, central que destacaba por sus condiciones para sorprender en ataque. Comenzó su carrera en El Porvenir en 1983, club que cumple su centenario esta campaña, con apenas 19 años. Más tarde, tras un par de temporadas en Buenos Aires fue traspasado a Boca Juniors, lo que podría calificarse como el salto más importante en su carrera. Pero entre la crisis que sufría el equipo y las pocas oportunidades dadas por parte del técnico, terminaron por arruinar su paso por La Bombonera. De ahí fichó directamente por San Lorenzo, donde tras una explosión de un artefacto en el vestuario, perdió gran movilidad en parte de una mano y el brazo. Para finalizar, un pequeño paso por el Genclerbirligi turco, un breve retorno a “El Ciclón” y dos años entre Unión y Talleres pusieron fin a su carrera.

2- Jorge Higuaín

Yerno del “Piponazo” (nombre que recibía Santos Zacarías y el cual posteriormente daría lugar al mote de Gonzalo Higuaín). Central duro y rocoso que pasó por Nueva Chicago, Gimnasia y Esgrima y San lorenzo hasta llegar a Boca Juniors. Ahí se ganó la titularidad en el histórico combinado dirigido por Menotti. Aquello le dio el billete de embarque directo para jugar en Europa. El Stade Bretois se fijó en él y su salto a la élite se produjo en 1987. Aunque este duró menos de lo esperado. Una gran oferta del River Plate de su ex-entrenador “El Flaco” le convenció, pese a que esta vuelta a su país natal dejó tocados a los aficionados habituales de La Bombonera. Y dicho acto lo convirtió en un futbolista odiado por gran parte de la hinchada de Boca. En ‘Los Millonarios’ disfrutó de su mejor etapa como profesional, donde marcó 7 goles en 131 encuentros disputados durante cuatro años. Quizás, ese buen sabor de boca es el que transmitió a sus hijos posteriormente, ya que fue en El Monumental donde (uno más que otro) se forjaron como jugadores.

3- Federico Higuaín

El hermano mayor de Gonzalo. Surgido de la cantera de River, llegó a jugar cinco partidos con el primer equipo. Gracias a los contactos de su padre cuando aún no superaba las dos decenas de años llegó a realizar una prueba con el PSG, la cual no superó. De El Monumental se mudó hasta el club vecino Nueva Chicago. Allí vivió su etapa más goleadora en su carrera llegando casi a anotar treinta goles en dos campañas. Aquello le dio el crédito suficiente como para probar en un equipo europeo. Se decidió finalmente por el Besiktas, pero no terminó de cuajar. Los pocos minutos, sumados a la desconfianza por parte del cuerpo técnico provocaron su vuelo directo hasta México. Allí continuó con la vuelta al mundo al no encontrar sus sitio, marchándose a Independiente primero, a Godoy más tarde y finalmente a Colón, el cual fue el primer club en el que aguantó más de una temporada desde su paso por Nueva Chicago. Allí su nivel aumentó un par de escalones de nuevo, hasta que su combinado actual, el Columbus Crew, se fijó en él. Su padre (representante) se lo llevó a jugar a la MLS, en la cual ha encontrado el sitio que llevaba tiempo buscando. El lugar donde, a sus treinta años, puede soñar con que algún día lejano será recordado por la afición como un gran futbolista.

4- Gonzalo Higuaín

El hijo, nieto o hermano, que completa el póker de una familia que se ha ganado un hueco en la historia del deporte. Llegando el último, será el más recordado. Creció en River, debutó con la mayoría de edad recién cumplida y con apenas veinte años tras dos torneos con unos números que confirmaban su inmenso futuro, saltó el charco para jugar en uno de los clubs con más huella en el mundo del fútbol, el Real Madrid. Muy criticado por algunos, sus cifras jamás fueron negativas. Pero no fue así con su puntería en partidos clave, lo que le marcó definitivamente entre la afición blanca. Sus fallos en eliminatorias de gran calibre se volvieron habituales y una carencia de dicho nivel en un entorno tan complicado, es imposible de superar. Por ello, después de siete temporadas con varias ligas en el bolsillo, puso rumbo Napoles. Allí buscaba un hueco con un papel importante y adecuado, es decir, un escalón alto dentro de los roles marcados por el entrenador de una plantilla con un bonito proyecto por delante. Pasada una campaña y media se puede decir, que ha dado un paso atrás en su trayectoria a la vez que una zancada hacia delante en su status. Es decir, ha encontrado casi el sitio perfecto.

La vida de esta red de deportistas con la misma sangre, será escrita en decenas de libros de historia. Con La Bombonera, El Monumental o el Bernabéu como espectadores de lujo, han dejado una huella imborrable. Porque esta familia, es La Pipa.

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