Histórico
28 octubre 2014El Enganche

Real Madrid: 20 años de Raúl

Por José Hernández (@rainerbonhof)

Han pasado 20 años desde aquel momento histórico para el fútbol español. La noche de Zaragoza fue la primera de muchas más, el comienzo del sueño para un chico de solo 17 años que cambiaría el devenir del campeonato de liga. Raúl González era consciente de que su sitio natural estaba en el Real Madrid C de segunda B, donde estaba archivando números portentosos al mismo tiempo que reconocía a Michael Laudrup y Roberto Baggio como sus ídolos. Éste último había provocado que solo tres meses antes Raúl derramara sus últimas lágrimas como aficionado viendo el mundial de Estados Unidos. En el caso de Laudrup el impacto iba a ser más colosal, ya que solo unos días más tarde el danés le iba a dar un pase de gol en su primera noche en el Bernabeu.

De camino a La Romareda (donde Raúl debutó en primera división) Jorge Valdano sintió la necesidad de hablar con su joven pupilo. Iba a ocupar el lugar de Butragueño, el genio blanco que jamás pudo levantar la Copa de Europa. Cuando Valdano llegó al asiento del autobús que ocupaba el jugador, la imagen no pudo parecerle más inverosímil: Raúl se había quedado dormido instantes antes de llegar al estadio del Real Zaragoza. Aquella simpática historia que sirvió años más tarde para ilustrar el carácter frío del delantero, convenció al técnico madridista de que había tomado la decisión correcta. La noticia de su convocatoria con el primer equipo había caído como una bomba un día antes en el madrileño barrio de San Cristóbal. Allí Raúl recogió sus cosas y se despidió de sus padres por última vez antes de ser jugador de primera con pleno derecho. La historia de Raúl conmovió a los medios de comunicación, que pronto dedicaron portadas y recordaron su pasado, un pasado con corazón rojiblanco.

Raúl se quedó dormido instantes antes de llegar al estadio del Real Zaragoza en el que debutaría

El Madrid de Valdano ilusionaba. Hacía años que en Chamartín no se habían visto posibilidades reales de volver a reinar en la liga, e incluso cuando las hubo, la isla maldita de Tenerife terminó por convencer a los aficionados de que aquel equipo estaba gafado. Zamorano había resucitado de su larguísima sequía de goles del año anterior y parecía renovado, pero si algo cambió a aquel conjunto fue la llegada de Laudrup. El danés volvió a recuperar sus pases mágicos, unas asistencias que Zamorano y el recién llegado Amavisca no desaprovecharon. Pronto se uniría Raúl para formar un tridente que volvería a hacer campeón al Real Madrid un lustro después. En Zaragoza Raúl jugó con desparpajo, lo hizo bien. En ocasiones sorprendió a los veteranos defensas del equipo local, pero lo cierto es que su debut quedó marcado por una jugada ocurrida en el minuto 60; Raúl mandó el balón a las nubes cuando lo tenía todo para marcar. A pesar de ello su actuación fue realmente buena, demostrando ser un jugador oportunista con capacidad para rematar cualquier balón suelto.

Aquella noche dio una asistencia de gol y estrelló un balón a la cruceta. También protestó un fuera de juego tras el que podría haber encarado a Andoni Cedrún. Acababa de escribirse el boceto del Raúl que verían domingo tras domingo todos los aficionados de la liga. Sin duda, había nacido una estrella, pero el Real Madrid perdió 3-2 aquel encuentro. El joven goleador había impresionado en su debut en el Real Madrid, aunque pocos parecían decididos a mantenerle en el once inicial una semana después, mas que nada porque el rival era el Atlético de Madrid. Durante la semana quedó claro que a Valdano no le iba a temblar el puso para relegar definitivamente a un Butragueño que comenzó a vivir esos días el principio del fin de su trayectoria merengue.

El partido ante el Atlético de la temporada 1994-95 es probablemente el mayor punto de inflexión en esta primera etapa de la carrera de Raúl, mucho más incluso que el debut en Zaragoza. Se doctoró sobre el césped del Bernabeu y tuvo la oportunidad de marcar uno de los cuatro goles que anotó su equipo. El público le aclamó y elevó a los altares del club, siendo comparado desde ese momento con las grandes leyendas blancas. Como siempre se recuerda, aquella también fue la noche de la conversión definitiva del padre de Raúl del sentimiento colchonero al madridista. A partir de entonces solo hubo sensibilidad para el blanco en su casa de San Cristóbal. Aquellos inicios regalaron al fútbol a un futbolista fantástico, uno de los mejores jugadores que ha ofrecido el fútbol español en su historia. Después llegarían las ligas, las Champions, los récords, y también las decepciones con España. Pero por encima de todo, tras las dos noches de Zaragoza y Madrid descubrimos a un jugador diferente tocado de la varita mágica del gol y el oportunismo; un auténtico ratón del área que suplía sus escasas aptitudes físicas con una inteligencia gigantesca. El 29 de octubre de 1994, en aquel autobús camino a la Romareda, Raúl soñaba con su historia perfecta, la que hizo realidad cuando el balón echó a rodar.

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