Histórico
9 julio 2014Guillermo Gonzalez

Holanda-Argentina: Presión ajena a la pelota

Por Guillermo González (@Guille_Futbln)

Van Gaal sorprendió tras sustituir a Cillessen por Krul, para que este último se encargara de la tanda de penaltis ante Costa Rica. Lo tenía todo pensado, con la idea de crear presión sobre el rival. No cabe duda que existen agentes externos que pueden influir en el devenir de los 90 minutos de un partido, así como en la prórroga o en los penaltis. Desde aquel papel que guardaba Lehmann en las medias para desconcentrar a los tiradores argentinos en el Mundial de Alemania hasta lo sucedido con Van Gaal ante los ticos son algunos de los ejemplos. Son decisiones ajenas al deporte que, en cierta manera, influyen. Sucediéndose el segundo duelo de las semifinales, Argentina y Países Bajos se miden de nuevo en un torneo de tal magnitud con demasiados precedentes en sus duelos.

Los encuentros entre ambos en la historia de los Mundiales dejan cuatro enfrentamientos muy recordados. Más intrascendente el último que se sucedió en 2006 en la fase de clasificación y con un irrisorio empate a cero, Argentina y Países Bajos comenzaron su “idilio” en 1974, en pleno auge de la ‘Naranja Mecánica’ y con un Johan Cruyff exultante. Tan decisivo que, el 14 de la ‘Oranje’ dejó dos goles aquel 4-0. Quique Wolff, jugador de la selección albiceleste en el Mundial de 1974 aseguró que “fue la única vez en mi vida que sentí impotencia en un campo. Nos pasaron por encima, literalmente”. Más igualado sería aquel duelo de 1998, en cuartos de final en el Vélodrome, donde dos genialidades técnicas de Dennis Bergkamp sacaron a la selección de Passarella. Ni las expulsiones de Numan y del ‘Burrito’ Ortega ensuciaron un encuentro de ida y vuelta, pero con la clara diferencia del delantero del Arsenal que marcó la diferencia. Solamente la presión de la pelota.

En ese pretexto expuesto sobre la presión, sería en 1978 donde se sucede un antes y un después en la final del Mundial de Argentina, donde los anfitriones se medían a una selección sin su mejor tulipán. Países Bajos llegaba a la final tras haber pasado por un segundo grupo más que complejo, formado por Alemania, Italia y Austria. Sin embargo, a la postre no fue complicado. Ernst Happel heredó una selección con la misma idea de juego de Rinus Michels y eran favoritos para llegar al Monumental, estadio que albergaría el partido definitivo.

Al otro lado Argentina, cuestionada por albergar un Mundial con un régimen militar que podía incidir en la seguridad del país e, incluso, en los resultados de algunos de los partidos del combinado nacional argentino, como supuestamente sucedió con aquella goleada a Perú para conseguir llegar a la final. No obstante, era la selección de César Luis Menotti, un equipo de buen trato de balón con jugadores como Gallego, Ardiles, Passarella y, sobre todo, Mario Alberto Kempes, el ‘Matador’, que fue de menos a más durante el torneo.

Es bien sabido lo sucedido en el Monumental, con aquella actuación magistral de Kempes para dar el primer entorchado a Argentina. No obstante, en Holanda todavía se habla de la presión que realizaron los argentinos antes de que Sergio Gonella, árbitro de la final, diera comienzo al encuentro. René van de Kerkhof, hermano gemelo de Willy, había sufrido una lesión en su antebrazo derecho por lo que, con permiso absoluto de la FIFA, llevaba una férula que le protegiera de los golpes rivales y así no lastimas más aún la zona dañada. El vendaje estaba algo desgastado pero, a opinión de la expedición neerlandesa, la protección no suponía ningún peligro para el rival a la hora de tener algún lance con René.

Los argentinos, liderados por Passarella, observaron el brazo de su rival y exigieron a Sergio Gonella que no podía jugar el partido con esa venda, que era un yeso que podía hacer daño a algún jugador de campo en cualquier situación del partido. El encuentro se tuvo que retrasar durante cuarto de hora para decidir cuál sería la justa medida para comenzar la final. La selección holandesa se sitió ultrajada tras saberse que la FIFA había aprobado el vendaje y tener que cambiarla a minutos de la final. Apuntan que fue una treta para poner nerviosos a los jugadores. Finalmente, y tras varias discusiones, René tuvo que volver a aplicar una capa de venda de color carne para reforzar la protección.

Independientemente de saber si es una excusa para justificar la derrota, podría ser un ejemplo de lo que puede suponer una nimiedad para cambiar tu estado anímico de cara a un partido, y más tratándose de una final. Argentina y Países Bajos se medirán en su quinto partido en un Mundial. Cada uno realizará su propia presión o dejarán todo para el fútbol. Siempre hay algo más la pelota.

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