Histórico
3 julio 2014Andrés Cabrera Quintero

España: Franco Gemma, el niño que dejó a España sin Mundial

Franco Gemma

Son las doce de la mañana, el abuelo Franco ya está en pie. Lleva un par de horas levantado, hoy está contento, es domingo y toda la familia viene a comer a casa. Él y su mujer han preparado abundante comida, no quieren que sus hijos y nietos pasen hambre. El silencio reinante ahora en la casa, se va a romper por el jolgorio típico de los niños correteando y jugueteando por el jardín, ese ruido que es sinónimo de vitalidad. Hoy el abuelo Franco está más sonriente de lo habitual, hoy les va a contar a sus nietos una historia que vivió muchos años antes, cuando pasó del anonimato al estrellato. Se regocija ante las posibles caras de incredulidad de sus nietos.

Una vez terminada la comida, ejerce de anfitrión a sus familiares y les ofrece café ristretto. Con la bebida servida, y las consiguientes pastas que le acompañan, el abuelo llama a todos los nietos, los cuales ya están pataleando a un balón sobre el césped irregular de la casa. Toda la familia Gemma se reúne entorno a la mesa, expectantes ante lo que el abuelo les quiere contar. El brillo en los ojos del viejo Franco Gemma le delataba. El abuelo estaba saboreando el momento, y sabía perfectamente qué frase tenía que decir para crear incredulidad ante el público expectante. Se dirigió con estos términos a sus familiares: “Con catorce años privé, yo solito, a España de jugar un Mundial de fútbol…”  Tras la algarabía  y los murmullos posteriores, es el más pequeño de la familia, el que con cinco añitos se dirige a su abuelo y le dice: “¿Pero, tú fuiste futbolista abuelo?”. Franco Gemma sonríe encantado y responde: “No, hijo, jamás jugué al fútbol, y ahora os contaré mi historia”.

España 1954

El viejo abuelo guarda unos segundos de silencio para crear interés. En primer lugar habla sobre el contexto y la serie de acontecimientos que desembocaron en su protagonismo absoluto: “Corría 1954, año en el que se iba a disputar el quinto Mundial de la historia del fútbol, hasta la fecha solo Italia y Uruguay, habían alzado la Copa Jules Rimet, ambas en dos ocasiones. Aquel Mundial lo disputarían dieciséis selecciones, doce de ellas europeas. Uno de los cruces de clasificación europea era un duelo a doble partido entre España y Turquía, el ganador iría al Mundial. España era la gran favorita”.

“El día de Reyes de 1954, España venció por 4-1 a Turquía en Chamartín, aunque dejó malas sensaciones, ante un equipo inferior. La vuelta se disputaría el 14 de marzo en Estambul, en aquel momento no existía la regla del gol fuera de casa, por tanto cualquier victoria de Turquía llevaría la eliminatoria al desempate. El encuentro finalizó 1-0, favorable a los otomanos, la prensa española se avergüenza ante el mal partido de España y ante la idea de tener que disputar un partido de desempate. El partido se tiene que jugar tres días después en Roma, el ganador iría a la cita mundialista en Suiza. España seguía siendo favorita, pero había muchas dudas”.

Franco fue la mano inocente, aunque nada justa, que evitó que España estuviera en aquél Mundial. Después incluso sería amuleto para los turcos

Gemma se detiene en su relato y se queda petrificado al ver como el pequeño nieto de cinco años presta atención a la historia sin pestañear, mientras abraza su viejo balón. El abuelo retoma la historia desde su perspectiva personal: “Por aquel entonces, mi padre trabajaba en el Olímpico de Roma, por tanto pude acudir a este partido de desempate sin pagar una sola lira, nadie podía esperar que me convirtiera en el protagonista de aquella historia. Finalizaron los noventa minutos reglamentarios con empate a dos, lo cual conducía a un tiempo suplementario de media hora. El resultado no se movió, y por entonces no existía la tanda de penaltis, la cual me enteré hace poco que surgió en los años setenta, precisamente en España, en un trofeo Carranza, por iniciativa de un periodista”.

“Quedaban tres meses para que comenzara el Mundial, y por tanto había tiempo de sobra para disputar otro partido de desempate, pero los turcos se negaron. Los otomanos se resguardaron en el reglamento, el cual decía que si las tablas seguían tras el partido de desempate, y el tiempo suplementario, se procedería a realizar un sorteo para determinar quién se clasificaba para el Mundial, aunque si los dos equipos estaban de acuerdo se podría realizar otro partido de desempate. Turquía prefería que su suerte la decidiera la diosa fortuna”.

Gemma 1954

Mientras el desenlace de la historia iba llegando a su fin, Franco observaba cómo varios de sus nietos ya sabían por dónde iba el relato. El abuelo no dejaba de sonreír contando cada detalle de esta intrincada historia: “Después de llegar a un acuerdo entre Turquía y España, se tomó la decisión de que el sorteo sería mediante la introducción de dos boletos en una urna con los nombres de Turquía y España. Los organismos de cada combinado nacional fueron los que escribieron el nombre de su país en el papel. España puso al lado del nombre una –x-, a petición del presidente de la Federación, Sancho Dávila. Mientras que Turquía escribió el nombre de su país en italiano (Turchie) para que diera suerte. El sorteo se realizaría en la sala de prensa del Estadio Olímpico. Equipos, directivos, miembros de la FIFA y periodistas se agolpaban en esta sala, pero faltaba el elemento más importante, la mano inocente. Tras mirar a todos lados, alguien propuso al más joven que en aquella sala se encontraba. Adivinad quién era el más joven allí metido, debido a que mi padre trabajaba en el estadio, tenía acceso a la sala de prensa. Fui propuesto como juez y verdugo”.

La familia Gemma se reía, pero el abuelo solo podía expresar con sus facciones de la cara ese brillo propio del orgullo personal. Las preguntas eran muchas, pero Gemma, solo quiso terminar su historia: “Me vendaron los ojos, no veía nada, en una urna estaban los dos papeles con los nombres de los países, los fotógrafos apuntaban sus cámaras hacía a mí. Finalmente cogí un papel, en él estaba puesto el nombre de Turchie. Había conseguido que los turcos se metieran en el primer Mundial de su historia, y a su vez, había privado a la selección española de clasificarse para el Mundial, tras ser la cuarta en el precedente de Brasil. Al día siguiente, me convertí en portada en todos los periódicos españoles y turcos, también se me mencionaba en La Gazzetta dello Sport, mi nombre entró en la historia mundialista, con catorce años y sin jugar un solo partido. Tres meses después, el combinado turco me llevó a Suiza, para que les acompañara en todos sus partidos, a modo de amuleto. La verdad es que no les pude dar mucha más suerte, perdieron ante Alemania en dos ocasiones, en un extraño sistema de competición y pese a golear a Corea del Sur, se quedaron fuera. Los alemanes se proclamaron campeones posteriormente”.Franco Gemma 2

A continuación, Gemma se acomoda para contar los detalles de aquella eliminatoria. Apuntes que desconoció hasta algún tiempo después: En la selección española jugaba un tal Kubala, jugador nacido en Hungría, el cual ya había sido internacional con el país magiar y con Checoslovaquía, pero se había nacionalizado español y jugó el partido de vuelta en Estambul, además de otros tres amistosos. Para el desempate en Roma, se vistió de corto, pero un enigmático telegrama de la FIFA llegó, minutos antes del inicio del partido, a la delegación española en Roma. El mismo decía así: <<Llamamos la atención Federación Española alineación Kubala>>. Los españoles interpretaron que el jugador del Barcelona no podía jugar, y fue enviado a la grada. Años después, y tras una investigación de la propia FIFA, no se supo con certeza quién mandó el telegrama, pero nadie ordenó dentro del organismo la prohibición de jugar a Kubala. A España le privaron de su mejor jugador, y para colmo de males, a Escudero, jugador del Atlético de Madrid, le anularon dos goles, uno de ellos debía haber subido al marcador. No hubo justicia poética y mi mano inocente, quiso que fuera Turquía la que se clasificase para el Mundial.

Franco Gemma, dio por finalizada la historia, se levantó de la mesa, llevándose consigo unas cuantas tazas de café a la cocina. Se fue como ese cantante que sabe que ha estremecido al público, pero que no quiere bañarse en los aplausos, solo dejar esa sensación de grandeza a sus espaldas. Pero, pese a no mirar a su familia, Franco, no borraba esa extraña sonrisa en su mirada. Una sonrisa solo comparable a la que sintió en 1968, cuando su país, Italia eliminó a la URSS en las semifinales de la Eurocopa mediante el lanzamiento de una moneda. Instante que le hizo recordar con melancolía lo que había sucedido catorce años antes, momento en el que fue la estrella. Una serie de acontecimientos había convertido a una persona anónima, en un amuleto casi místico para los turcos, y en un nombre de infausto recuerdo para los españoles. Franco Gemma hizo historia.

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