Histórico
7 julio 2014Guillermo Gonzalez

Argentina: Poca esperanza sin un ángel

Por Guillermo González (@Guille_Futbln)

La temporada se alarga por el Mundial y todavía cabe la posibilidad de poder mejorar los números o las sensaciones de juego. A veces, parece que el sufrimiento por no dar el nivel esperado es un sentimiento que comparten jugador y espectador. Brasil es una excusa para aparecer y para certificarse de forma ipso facta. Sucediéndose el preludio de la cita, ya hay figuras más que consagradas, jugadores denostados por falta de carisma y nivel o nombres apuntados en libretas por sorpresa generalizada. Eso sí, hay jugadores que sabes que son trascendentales, que su valía en el campo es manifiesta aunque no hayan tenido el día. Argentina, en su media, notaría la pérdida de Leo Messi, pero sin duda notará la de Di María. Porque no hay 10 sin un 7, y no hay esperanza sin ángel.

Desde laas redes sociales, en el escueto análisis que permite el microblogging de Twitter, algún usuario realizó con cierta precisión una comparativa, recordando la pareja que formaron Maradona y Burruchaga con la de Messi y Di María. Contexto y trascendencia distinta, la idea no estaba mal encaminada pues, en una hipotética línea de sucesión en el talento albiceleste, no cabe duda que Ángel Di María se sentaría a la derecha de La Pulga. En México 86’, cuando Jorge y Diego Armando se juntaban en el campo, aparecía el color de Argentina. Dinamismo, imaginación, velocidad, gambeta y gol. Bastaban pocas cosas para que aquella selección ganara, sobre todo teniendo a Maradona bien escoltado.

El jugador del Real Madrid ha sido uno de los jugadores más expuestos a las críticas por exigencias contractuales, por excesiva monopolización del balón sobre el terreno de juego o por falta de actitud en ciertos partidos. No obstante, su temporada con la escuadra blanca y la trascendencia en algunos de los hitos de la temporada han convertido al centrocampista en una pieza clave para Alejandro Sabella, encontrándose, por supuesto, una ventaja en el esquema táctico gracias a la insistencia de Carlo Ancelotti colocándole de interior. Sus cualidades técnicas y físicas han sido un soplo de aire fresco para una Argentina con falta de creación e imaginación en la medular del campo.

El dilema se sucedió en el pasado partido ante Bélgica, en los cuartos de final del Mundial. Un encuentro dominado por la solvencia defensiva y por el tempranero gol de Gonzalo Higuaín. La lesión muscular de Di María es un contrapié demasiado doloroso para el país sudamericano, que veía en él la mejor pareja para Messi. Acompañado por Javier Mascherano o Lucas Biglia – como se vio en cuartos –, Ángel es el encargado de romper la primera línea de presión en campo contrario, además de Leo en sus recepciones en la medular. Además, el toque vertical que le da a Argentina se postra como una necesidad imperiosa de dejar una patente ofensiva, que no de fútbol. La albiceleste quiere destrozar por diversos sectores y es el 7 quien mejor practica las opciones. También, es uno de los que más riesgos comete ya que, a pesar de ser un generador de oportunidades, su porcentaje de pase determina su osada condición. Un 65% de acierto es su estadística en el Mundial.

Messi perderá un socio e, incluso, perderá un señuelo. Que el talento de Argentina no se concentrara en él no solo añadía alternativas sino espacio. A la espera de cualquier milagro terapéutico que le pueda lleva una posible final, la baja ante Holanda deberá de ser revertida en busca de esa verticalidad y tensión deportiva de la que goza Di María. No cabe duda que, en este Mundial, afianzaba su sino de jugador referencial. No hay Argentina sin un ángel.

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