Histórico
8 julio 2014Fran Alameda

Khedira: El bastón de Löw

Khedira - Germany

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Hay jugadores que disfrutan de un caché mediático y público inmerecido en función a su talento, rendimiento o utilidad. Hay otros que, pese a cumplir parámetros que cualquier entrenador desearía, no disfrutan del foco si no es para llamarlos “cono” o verlo en portada de una revista con su vigorosa mujer de 90-60-90. Sami Khedira se rompió el ligamento de la rodilla… Y voló al Mundial como a recuperar su posición en el repliegue. El alemán no es Cristiano, Casillas o procede de la cantera y tampoco tiene el talento de Özil, la historia de Klose o la elegancia de Götze. Es una amenaza para aquellos que buscan complicidad en lugar de profesionalidad y filtraciones a cambio de favores. En realidad, es un tipo raro que cumple siempre y habla poco.

Khedira no es una solución en sí, sino un contraste al colectivo. Esa antítesis necesaria. Riguroso en defensa y suelto en ataque. Sin la responsabilidad que se le da a cualquier otro jugador. Cualquier otro pesa más para la vigilancia del contrario. Por eso, Sami, avispado y tenaz, aprovecha su poco atractivo futbolístico para sumar en todos los contextos. El volador centrocampista no facilita un carril, ni siquiera es un apoyo controlado, sino un eslabón libre a partir de la recepción –relativamente cómoda– de Kroos (véase Schwein, incluso Lahmi). A partir de aquí, él aparece en los apoyos centrales hasta que el balón cae a banda. Box to box. Estar, apoyar, desaparecer y llegar. Aprovecha su –aparente– inocuidad para sumar.

El amigo de todos, el oxígeno global, el bastón sólido y el amigo que aparece en silencio para levantarte y golpear al rival es Sami Khedira, tanto en el Madrid como en Alemania, donde goza de más aire aún

El benefactor directo y silencioso es el juego y también Kroos (vuélvase a ver a Schweini). Khedira es la bombona de oxígeno que acude sin ser llamada. Un bastón que no hace ruido. Su función es la rigurosidad defensiva, echar el cierre a los pasillos interiores, apoyar por dentro y pisar el área a desde su invisibilidad técnica. En definitiva, es la escoba que va recogiendo lo que otros no han podido levantar o yendo a los espacios donde sabe que recibirá una vez en noventa minutos pero sirven para que sus compañeros reciban con cierta distracción (o huecos) para los defensas a su alrededor. Donde no llegan lo demás, siempre aparece Sami.

Len Wein decía que el amigo es aquel que está a tu lado cuando preferiría estar en otra parte. Como todos, Khedira preferiría las fiestas que Bale y Cristiano se dan en el campo, o las siestas de Götze, incluso la frialdad de Özil o la naturaleza para entender el juego de Müller. El alemán es una suerte de corazón que no abandona, un jugador complejo que supeditan el colectivo a la figura; el trabajo al placer, y el pragmatismo al gesto. No es dueño de nada, pero apoya a todos. El bastón, el amigo fiel que aparece en silencio para levantarte. Todos añoran esa gran versión del Khedira que corría por todo y todos.

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