Histórico
28 junio 2014Rocío García

Uruguay: Once hombres, un solo corazón

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Por Rocío García (@Roo_GR)

Al borde del precipicio todo vale. Cuando la vida está en juego, dicen, se nubla la razón y el comportamiento se vuelve extremo. También cuando lo que está en juego son los mundiales. Así se salvó Uruguay para arriesgarse de nuevo a un morir o vivir. Luchar por la familia y acabar desmoronándola. Un hombre que no vive con su familia, ya decía Vito Corleone, no es un hombre. Vivir por ella. Y acabar muriendo. Cuando Uruguay salta al campo se desprende esa sensación de grupo que no dejará que su compañero caiga por tumbado que esté.

Uruguay se jugaba contra Italia el pase a la siguiente fase. A fútbol en una modalidad de ‘vida o muerte’. Así debió pensarlo Luis Suárez cuando dentro del área mordía a Chiellini tratando de despistar (o quién sabe qué objetivo que tenía) al contrario. El premio final, una victoria y una nueva muerte personal. El castigo que conlleva al que ha querido saltarse las reglas para ser el mejor del patio: fuera del Mundial, nueve partidos sin jugar, cuatro meses sin pisar un estadio y más de 80.000 euros de multa. En Brasil se juntaron el hambre con las ganas de ganar y el uruguayo, en un instante donde todo vale, olvidó que lejos quedaba ya el patio del recreo y que, en este, ahora, había miles de ojos observando su comportamiento. Y castigándolo. No se trata de justicia, en realidad, sino de asimilar su reincidencia y la repercusión, apreciaciones poco baladí en esta acción concreta.

Si lo que no te mata te fortalece fuera cierto, hoy Uruguay tendría que ser diez veces más: ha encontrado el motivo emocional perfecto para no dejar de combatir un solo segundo

Tabárez vino a hablar de fútbol y no de moralidad en rueda de prensa. Como si se tratase de algo que dejamos justo al entrar al campo, como quien se descalza para pisar la alfombra. Y dentro, todo vale. Empujones, agarrones y ahora también mordiscos, si se tiene como justificación el hambre de victoria. Tabárez habló de Luis como un hijo al que restar importancia porque el fútbol, al fin y al cabo, es sólo un juego. Tabárez quiso motivar, pero olvidó que el futbolista y la persona se llaman igual fuera dentro del campo.

Lejos de la polémica insulsa, Uruguay es un puzzle acabado, casi enmarcado e irrompible donde sus piezas, separadas, no son brillantes pero sola la fuerza del conjunto lo convierte en ganador. Ese “juntos es posible” que le llevó a dejar fuera del Mundial a la Azzurra, empieza un nuevo examen: sobrevivir sin Luis. Sobrevivir a Suárez, indiscutiblemente su mejor hombre, para Tabárez, no es una excusa, sino una motivación. Los corazones fuertes están hechos así, a base de rasguños que lejos de matar los hace fuertes. Está por ver cuán fuertes, pero Uruguay tendrá once hombres y un solo corazón.

Sobrevivir a la baja de Suárez es más aliciente que excusa, pero el problema futbolístico sin el del Liverpool es evidente

El “uno para todos y todos para uno” de Dumas atraviesa la frontera y llega a Uruguay. Una familia unida en los malos momentos, en las pérdidas y en los abrazados del “todo pasará”, para coger fuerza y seguir adelante. Valorar lo que queda y olvidar lo malo, demostrar y dedicar. La familia es lo más importante, don Vito. Y demostrarlo. Sentirse superiores cuando alguien te tacha de inferior, demostrar cuando defraudas y golear cuando creen que has muerto o que las victorias se miden en mordiscos y moralidad. Los comportamientos colectivos, estupendamente explicados en la psicosociología, multiplican su unión (potencian así su rendimiento) cuando tienen un objetivo que los persigue y un corazón que defender. Luis Suárez, estar sin estar. Son once hombres y su corazón.

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