Histórico
10 junio 2014Guillermo Gonzalez

Uruguay: Disfrazarse de Ghiggia

Por Guillermo González (@Guille_Futbln)

“Tenga cuidado con las cosas pequeñas. Su ausencia o presencia pueden cambiarlo todo”. Así dice un proverbio chino, donde la insignificancia puede romper el contexto más incorruptible o irrompible. Y hay cierta razón en aquello de que las pequeñas cosas o las acciones más irrisorias suponen un antes y un después, y más con la pelota de por medio. El Mundial de Brasil, el segundo que se juega en toda la historia como ya se hizo con Italia, Francia, Alemania y México, también queda señalado por el favoritismo de la anfitriona, pero reforzado con el fantasma de 1950. En plena retrospectiva, más allá de lo que fue el Maracanazo, la figura de Alcides Ghiggia fue el punto de inflexión de aquel torneo, la prueba de que una persona puede cambiar el transcurso de un Mundial.

Todos los objetivos buscan al que pudiera ser el hombre del 2014, porque el Mundial es un evento que genera un caché único, como lo sería Eusébio en 1966 o Fabio Cannavaro en 2006, entre todos los ejemplos. Será 64 años después que, las 31 selecciones restantes del torneo, intentarán amargar el sueño de Brasil en Maracaná; y Alcides Ghiggia, el único superviviente, además de protagonista de aquella Uruguay, sabe lo que es soportar el foco mediático, compartiendo portada con el líder, Obdulio Varela. El capitán de la selección charrúa avisaba que, el fino extremo, fue el mejor jugador del torneo por su capacidad de determinación, demostrada en los cuatro partidos disputados.

Alcides Ghiggia es el único superviviente del Maracanazo de hace 64 años. Sentimientos reencontrados con la vuelta de la Copa del Mundo a Brasil

Marcó en los cuatros partidos que disputó, aunque fuera Ademir el máximo goleador del torneo. Demostró la regularidad y, sobre todo, la templanza uruguaya, que quedaba reflejada en el mismo Ghiggia. El temple hacia la cita fue una de las características que propició sobreponerse a una cita, así lo testimoniaba José Santamaría, que pudo haber disputado el evento en Brasil. “Brasil tenía la euforia de que ya eran campeones y estaban nerviosos. Cuando recibieron el gol del empate, fue como un jarro de agua fría encima de cada jugador. Se quedaron paralizados, aseguró.

El partido en tablas anuló la capacidad de sentirse favoritos, de desplegar el juego de los Chico, Ademir o Zizinho, incapaces de sentir un ritmo que ni la grada del estadio seguía, enmudecida con el gol de Schiaffino. Ghiggia se sentía confiado, conectando al cuarto de hora con ‘Julito’ Pérez, un centrocampista con el que congeniaba para hacer jugadas particulares. Corrió por la banda derecha y enfiló puerta. Cerca del arco, vio el hueco de Barbosa, que había dado un paso hacia la derecha para evitar el pase de la muerte, como había ocurrido con tanto del empate. Apreció el espacio que puede dejar una pierna y el poste para introducir la pelota en ese recóndito espacio, hundiendo con el gol el sueño de un Maracaná abordado de público.

Las lágrimas cayeron con ese gol, antes de que se diera el pitido final. Ligado a Ghiggia está Barbosa, que pagó la condena de un leve escorzo, de una apreciación desafortunada. “En Brasil, la pena mayor que establece la ley por matar a alguien es de 30 años de cárcel. Hace casi cincuenta años que yo pago por un crimen que no cometí y yo sigo encarcelado, la gente todavía dice que soy el culpable”, recordaba el guardameta de la selección brasileña.

Ghiggia fue un precursor en su tiempo. Saltó el charco el charco en 1953 para jugar en Roma y Milan

No quiere atribuirse unos méritos por la supervivencia, pues es el único que perdura y que se nutre de la alegría del recuerdo, del homenaje a una gesta que vuelve a ser recordada seis décadas después. Ahora todo se enciende de nuevo, y no se mira hacia ese pequeño país sudamericano como principal temor. Argentina, Alemania o España como principales candidatos a volver a hacer pasar una aciaga noche a Brasil.

Algún pequeño detalle, a buen seguro, determinará la final en Maracaná. Son las pequeñas cosas que pasan desapercibidas o resaltan como la más grande.

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