Histórico
14 junio 2014Jose David López

Costa de Marfil: Aurier, potencia sobrenatural

Aurier - toulouse 2014

Ningún país en la historia del fútbol africano ha logrado romper definitivamente el dominio euro-americano cuando ha llegado el momento de concretarlo. Los análisis más vetustos ya hablaban de la sublevación africana a finales del siglo pasado e incluso se apoyaron con fundamentos reales cuando Nigeria sorprendió al planeta venciendo a Argentina o Brasil en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 o cuando Ghana repite con cierta asiduidad extraordinarios títulos en categorías inferiores. Un trabajo de base que está, que nadie cuestiona y que refleja réditos con excesiva repetición pero que, sin embargo, se niega a refrendarse en la elite, en los grandes escenarios, en aquellos lugares donde puede romper definitivamente el mal endémico que arrastra África. Muchos lo han rozado pero solo un país y solo una generación realmente hicieron imaginar al mundo que eran ellos los ‘elegidos’ para destrozar la negatividad eterna.

En base a varias escuelas que encontraron éxitos con el trabajo de especialistas (sobre todo Jean Marc Guillou) y a la capacidad de crecimiento de otros muchos de ellos en diferentes contextos competitivos con el paso al profesionalismo (surgieron en campeonatos menores o equipos diminutos pero completaron su aprendizaje entre los mejores), fue Costa de Marfil la selección mediaticamente más poderosa en la historia del fútbol africano. No la que más lejos llegó en fases finales, no la que escribió más fuerte el nombre de leyendas, pero sí el que fue capaz de generar mayores expectativas. Y, quizás por ello, por tener a campeones consagrados y sumar estrellas capacitadas para romper partidos elitistas, la generación de Drogba, los hermanos Touré, Kalou, Eboue, Gervinho, Zokora… han decepcionado metódicamente desde entonces en cada competición a la que se asomaron. Tanto y tan concienzudamente, que ya resulta impensable que esa línea vaya a girar por completo, seguramente habiendo dejado pasar sus oportunidades. Para buscar nuevos aires a los Elefantes, varios han sido los jóvenes que apuntan a renovar la generación de oro y, de todos ellos, el aporte más interesante lo pone Serge Aurier.

La evolución y explosión de sus cualidades le debería acabar convirtiendo en un extremo con mucha fuerza y gol, algo que ha empezado a mostrar con brillo este curso

Se trata de un lateral o centrocampista diestro, de solo 21 años, de muchísima fuerza física, gran profundidad, velocidad y que puede ser considerado un atleta. Pero, ante todo, tiene capacidad para poder adaptarse a las diferentes necesidades que su equipo tenga. Y destaco sobre todo lo demás esto, porque en los últimos años ya le he podido ver en hasta cuatro posiciones diferentes, pues aunque donde mayor relevancia ha encontrado, sí es en cualquier responsabilidad en banda derecha, también puede actuar de interior, mediocentro defensivo (donde jugó e sus inicios) o de lateral zurdo. Potente por presencia (pese a que mide 1,74), por una corpulencia muy pocas veces vista a jugadores tan jovenes y porque su crecimiento individual está siendo muy importante. Técnicamente deja siempre detalles, es un roba-balones sobresaliente, maneja muchísimas soluciones basándose precisamente en su suficiencia física y ha marcado incluso varios goles por juego aéreo debido a ello y a su fuerza para arrastrar defensores. Y, sin embargo, lo que más me ha gustado de él este curso, es su gran mejoría como asistente, convirtiéndose en un perfecto carrilero de línea de fondo con precisión para centrar al área. Una de las bazas tanto suyas como de su Toulouse, donde suma 8 pases de gol (6 de ellos en Ligue 1) y que, por asomarse a posiciones tan ofensivas, incluso le ha servido para marcar 6 goles. Ahora mismo es uno de los jugadores jóvenes revelación de Ligue 1 y ha sido nominado como tal entre los 5 finalistas que premia cada año el fútbol galo.

Aurier - Costa de MarfilAurier nació en Ouragahi, una pequeña ciudad de Costa de Marfil, pero desde muy pequeño se trasladó por cuestiones de trabajos familiares a París y tiene pasaporte francés desde hace años. Empezó en el fútbol en un equipo muy modesto de las comunas parisinas, cerca del estadio de Saint Denis, el Villepinte. Fue en estos años donde su brutal físico le permitió crecer futbolísticamente como joven prometedor jugando de mediocentro defensivo, destruyendo, rompiendo juego rival y llegando a cualquier esfuerzo durante largos tramos de partido. Siempre fue inseparable de su hermano Christopher, con quien mantiene un parecido notable y con quien decidió lanzarse a una mayor experiencia profesional al aceptar la propuesta de una de las mejores escuelas de fútbol del país, la del Lens, al que llegó con 16 años. En su primer año ganó el campeonato Sub 16 y, justo después, el sub 18, siendo incluso el capitán del equipo reserva. Su crecimiento fue tan inmediato, que se ganó contrato profesional y debutó en Ligue 1 (22 de diciembre 2009 contra Saint-Etienne) con apenas 16 años y trescientos sesenta y tres días. Empezó a ser sustituto habitual y se convirtió en el joven del año para su equipo, algo que multiplicó sus expectativas.

Las ofertas se acumularon en la mesa de un equipo especialista en actuar de trampolín para jugadores de ese perfil (recuerdo así de repente a Varane o Kondogbia en los últimos años). Las necesidades financieras de un Lens derruido en el segundo nivel del fútbol galo, le abrieron la puerta de salida al Toulouse en el mercado de invierno de 2012, aunque cierto es que rechazó ofertas de Manchester City, Fulham, Lazio o Getafe, porque no quería aun salir de su país sin haber completado una temporada completa en la elite con cierto éxito y concretando una profesionalidad que él no sentía aun como tal. “Cuando te llegan esas opciones, estás orgulloso y feliz, porque sabes que las cosas van por el camino que siempre has querido pero también supe que aun estaba empezando mi carrera y que si me equivocaba por falta de experiencia, iba a marcar mi vida desde entonces. Elegir Toulouse fue mi mejor acierto hasta ahora, porque me han permitido crecer como pretendía”, dijo hace unos meses cuando ya se habla de que tenga que dar su siguiente paso profesional en los próximos meses. Se le sitúa como claro sustituto de Sagna en el Arsenal.

Desde entonces, su progresión ha sido inigualable. Comodín absoluto para Alain Casanova, físicamente intocable y arrollador en su versión más ofensiva como carrilero profundo o extremo con muchísima salida exterior (creo que la evolución natural le hará explotar más su aptitud ofensiva en lugar de poner en riesgo su riesgosa naturaleza defensiva-táctica), Serge Aurier está aprovechando su campaña de explotación total. El siguiente paso le llega este verano, pues hace casi un año que decidió aceptar las continuas propuestas de Costa de Marfil para representar a su país (le dio prioridad respecto a Francia, de cuyas categorías inferiores sí había recibido llamadas). Tras debutar en junio de 2013 con los Elefantes, no ha tardado en hacerse fijo en los planes de Sabri Lamouchi y es el lateral diestro número uno para tener esa posición en el Mundial de Brasil. Será el momento de demostrar que todas sus cualidades de atleta, comodín y potencia sin parangón, pueden aportar un enfoque diferente que empuje, por fin, al éxito de la generación más poderosa jamás vista en el fútbol africano. Aurier ayudará siempre allá donde lo pongan…

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