Histórico
28 junio 2014Fran Alameda

Neymar: Brasil como mochila

ney

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Convertir una responsabilidad en reto y un peso en ilusión es algo que solo el fútbol puede. O una personalidad futbolera, es decir, aquella que ve en situaciones donde la vida te atrapa la posibilidad de un contragolpe. La que cuando ve una zancadilla venir, la regatea. O la que celebra cada situación cotidiana de superación como si fuera una final de Champions. Al final, la vida es el fútbol y el fútbol es la vida puesta en el espejo de una realidad que admite comportamientos y situaciones que ni usted ni yo compraríamos al pasar de vuelta por la puerta 26 del estadio cualquiera.

El fútbol, por ejemplo, admite y exige que once tipos, personificados en uno en este caso, soporten cada partido como una final y lograr disfrutar. Psicológicamente, el estrés es la carga que ofrece más castigo al ser humano. El estrés impide el pensamiento fluido, limita la alegría y potencia los pensamientos negativos. Sin embargo, el combinado de Brasil, “con la que se le cae encima” al país, ha sido depositario de sueños frustrados, de viejas aspiraciones, de algunas desilusiones y, fundamentalmente, de alegrar al país. Neymar ha tomado la responsabilidad haciendo lo más grande que un jugador de fútbol puede hacer: unir eficacia y espectáculo con el único objetivo de ganar. En el ordenado y rígido equipo brasileño, Neymar es un islote permitido, una suerte de anacronismo, un funambulista al que se le exige hacer el pino y no caerse.

Neymar está consiguiendo hacer un gran Mundial, que significa nada menos que hacer disfrutar y ganar, algo a veces tan complejo y opuesto como sudar y enamorar

Es precisamente la exigencia en un contexto futbolístico favorable lo que ha dinamitado a Neymar, hasta ahora uno de los destacados del torneo, pese a que Brasil haya dejado dudas. Superada la fase de grupos, el qué comienza a sobrevolar por encima del cómo y las consecuencias delimitan las causas. Los nombres comienzan a posarse sobre el Mundial como las estrellas aparecen en el cielo por la noche: sin darnos cuentan anochece y cuando miramos hacia arriba, ellas siempre están ahí. Las otras estrellas, los jugadores genios, nacen para estas citas y abordan ilusiones en una pesada mochila de ciertos lujos y no pocas miserias (humanas). Muchas veces me pregunto para qué vemos fútbol o por qué se juega al fútbol. La respuesta es evidente: para divertirnos. Y la conclusión final es clara, la diversión es cuestión de perspectivas y posturas: el futbolista se divierte de manera distinta al aficionado. Dentro de los futbolistas hay un espectro amplio que representa casi a cada persona del mundo y dentro de cada espectador hay un fan que ve el fútbol para lo mismo, pero no concibe nada igual.

Como la belleza, el gusto, los modelos de juego o los culos, no existe un patrón de diversión que acoja a más de dos personas en el mundo. Divertirse es disfrutar, pero el único nexo común entre la felicidad y la diversión más o menos extendida en el tiempo es la victoria. La victoria sana algunos bostezos y eterniza las grandes diversiones. Neymar Júnior ha conseguido divertirse jugando y envolverlo todo en el papel de regalo del triunfo sin el que los fanáticos no pueden vivir. A eso, a la responsabilidad total de ganar y divertir lo llamaremos mochila, todo el peso con el que carga Neymar antes de saltar al campo y ver que los rivales (aún más en días como hoy, donde el detalle te empuja al abismo) también juegan.

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