Histórico
30 junio 2014El Enganche

Mundial 2014: Alemania y el reloj del éxito

Germany v Greece - UEFA EURO 2012 Quarter Final

Por Francisco López G. (@PacoLopez2992)

El estilo alemán más clásico quedó en el olvido. La organización de la Copa del Mundo en 2006 aceleró el proceso tras el fracaso dos años antes. El encargado de dirigir el cambio fue Jurgen Klinsmann, un líder de ideas claras y polémicas aseguradas. En aquella cita vimos un equipo entre dos ideas, al que le faltó esa seguridad de quien cree a muerte en sus principios. La zurda de Grosso finalizó el sueño. A continuación tocaba ese partido intrascendente para el tercer y cuarto puesto pero dejó un detalle. La victoria local llevó consigo una celebración llamativa. Tras dos cañonazos de aquel rubito que jugaba en izquierda para recortar y tirar, un tal Schweinsteiger, la victoria germana supo bien. Excesivamente puede.

Aquel 3-2 contra Portugal aseguró que el bronce se quedaba en casa. Durante la entrega de medallas, Ángela Merkel miró incrédula a Klinsmann por esa alegría de quedarse acariciando una final. Euforia “desmedida” para un bronce que iniciaba el camino, un logro que teóricamente no era tal pero que Löw y Klinsmann disfrutaron: la primera piedra en una etapa novedosa. Aquella mirada atónita de Merkel fue el último momento de Jürgen Klinsmann al cargo de Alemania. El testigo lo recogió Joachim Löw, su ayudante. A su cargo los teutones han desarrollado más la idea de crecer con un fútbol de toque, de control más que de verticalidad y de inteligencia en apoyos. Atrás queda esa arrolladora superioridad física.

Löw ha recogido las semillas que sentó Klinsmann hasta poner a su equipo tan cerca, tan cerca de la gloria que ésta siempre parece lejos

Alemania ha mantenido una regularidad desesperante. Löw fue contratado para crear un grupo que no tuviera techo, a día de hoy siguen a un paso de la gloria. El clima comienza a tener un doble filo impaciente. El estilo es el pilar más importante para mantenerse en lo más alto, pero el pragmatismo puede ser el mejor aliado para triunfar. Al fin y al cabo, la ‘gris y compacta’ Alemania de 1990 ha sido más celebrada que un grupo muy estimulante y divertido (al menos para el neutral) a cargo de Löw. El calendario ha variado, de 2006 a 2014. El primer rival para ese éxito perseguido es Portugal. Desde 2006 han variado muchas cosas pero el tiempo ya no da más treguas: a Alemania hay que pedirle ya el máximo. De hecho el grupo llega con dudas, con un esquema demasiado variable y tantas alternativas que la miscelánea se ha convertido en contraproducente en ciertas noches (en especial en 2012 cuando Balotelli rompió todos los esquemas).

Uno de los grupos fuertes para una de las selecciones con mayores obligaciones. Con un perfil algo inferior parte Portugal, un combinado que ha aprendido a tranquilizarse, creer en sus posibilidades y competir como una grande, aunque no pueda camuflar la necesidad del idilio CR-gol. Brasil acogerá a dos selecciones con argumentos para ser protagonistas, pero con un historial reciente de amarguras a un paso de la gloria.

La figura más alemana de todo el once, la necesidad  más evidente, es la única baja de Alemania: Marco Reus

La situación se ha vuelto más dura para Alemania. El estilo propuesto tenía a Reus como necesidad. El toque alemán comienza a achacar cierto vértigo y el ’11’ de Klopp es el idóneo para alternar el apoyo y toque con el cambio de ritmo, ser el conductor que diga a que marcha se juega en los últimos metros. El estilo ha dado estabilidad a Alemania pero la exigencia es impaciente. El tic-tac cada vez resuena más fuerte en la cabeza de Löw.

 

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