Histórico
17 junio 2014Jose David López

Bélgica: Divock Origi, habilidad y físico

Origi - Lille 2014

Ciudades de grandes disparidades, donde se mezcla el poder continental y una leyenda mística bañada en cerveza y amenizadas con el mejor chocolate del mundo. Polos opuestos, naturalezas extremas y sensaciones antagonistas que se reflejan en su versión futbolística, la misma que estuvo cerca de tocar el cielo hace décadas y lleva anclado en el ningunismo desde entonces. Bélgica es agradable, amena y entretenido en cada esquina pero, ante todo, exterioriza un sentimiento de identidad plena que, curiosamente, no logra extrapolar en la élite futbolística desde sus legendarias noches en los 80 (y tampoco en su adn nacional, lleno de vacilaciones y problemas sociales internos). Pero su pelota se mueve con dinamismo, encontró la generación deseada y lleva unos años exponiéndola en la élite para gozo de aquellos que la llevábamos esperando con expectación.

Sabíamos que había defensas de interesante nivel (Vertonghen, Vermaelen, Kompany, Alderweireld, Van Buyten), que la potencia de sus llegadores estaba situándoles en un nivel brillante (Fellaini, Dembelé, Chadli) que incluso bajo palos había logrado resurgir un nuevo pionero (Courtois), y que el talento afloraba más que nunca en su segunda línea con irresistible magia (Hazard, Mertens, De Bruyne). Todo, o casi todo, nacido en su territorio aunque con antepasados africanos en muchos casos, aglutinado en sus canteras (muy poderosas pese a lo olvidado que pueda parecer) y criado con sus premisas inalterables, lo que engrandecía ese aroma identificativo que emana cada una de sus ciudades. Todo estaba listo menos el último apunte, el que culmina, el que responde, el que implica resultados y el que acaba dictando la diferencia entre el éxito y el fracaso. Y ese, no estaba en casa, sino que se presentó en su fútbol llegando desde las colonias africanas. Y es que si el gol lo han puesto últimamente Lukaku y Benteke (de origen congoleño), el futuro lo aseguran Batshuayi (también congoleño) y la gran sorpresa de la lista de Bélgica para el Mundial, el ‘keniata’ Divock Origi.

Fuerte y robusto físicamente, impresiona muchísimo más cuando sus principales cualidades son la habilidad técnica, la capacidad de desborde y la llegada por velocidad-arrancada con metros para explotar

Se trata de un delantero diestro, de hace solo un mes cumplió 19 años y que, ante todo y como presentación inicial, guarda un parecido físico con sus compañeros, los citados Lukaku o Benteke, pues es corpulento, fuerte, potente y de enormes espaldas (mide 1.85 pero la sensación es que es mucho más robusto aun). Sin embargo, no es ni mucho menos el prototipo de jugador de área, sino completamente dinámico, más llegador, sobre todo extremo y de enorme potencial en habilidad individual con la pelota. Y es algo que rompe cualquier primer impacto que aprecias en él, porque no se corresponde el físico con el talento y la capacidad de regates, maniobras, quiebros y facilidad para escaparse en velocidad sobre todo por un gran arranque en carrera.  No es goleador de raza sino de llegada, de potencia, de metros para explotar, de contragolpe y ha tenido su pequeña explosión en estos últimos finales de campaña cuando ha tomado protagonista notable en el Lille, puesto que su capacidad para ocupar diferentes roles de ataque, le ha dado minutos como extremo derecho o izquierdo indistintamente, así como para ser delantero más referencia en otras ocasiones y terminar con una nota alta su primera campaña completa en el primer nivel.

Origi - Lille 2013Origi nació en Ostende, una pequeña ciudad del noroeste de Bélgica, dentro de una familia absolutamente futbolera de origen keniata. Sus tíos y sus primos han sido o son  futbolistas a diferentes niveles, pero el que mayor éxito tuvo fue su padre, Mike Origi, que tras brillar en su país, consiguió traspaso al fútbol belga de la mano de Ostende, donde gestó su familia. Le fue más o menos bien, acabó ganando dos títulos de liga con el Genk y hasta jugó varios partidos europeos, siendo internacional con Kenia toda su vida. Los contactos del padre provocaron que la familia siguiera teniendo exponentes para mantener la tradición futbolística y Divock entró rápidamente a las categorías inferiores del Genk. Comenzó a los 5 años, fue creciendo poco a poco durante 11 cursos hasta que lo vio el Lille (por su cercanía a suelo belga siempre es el club francés que mayor capacidad de acción tiene en esa zona) y se lo llevó hace tres temporadas con solo 16 años recién cumplidos.

Con solo 19 años, se suma a la larga lista de perlas belgas que han aparecido en los últimos tiempos. De nuevo de origen africano y, de nuevo, explotando en el siempre belga-Lille, se ha ‘colado’ en el Mundial de manera inesperada

Su evolución fue enorme en Les Dogues porque tras jugar algo un año en el filial y otro a medias entre filial-primer equipo, el año pasado debutó en la élite y ha sido este nuevo campeonato cuando reflejó las buenas vibraciones que tenían con él. Ya Rudi García (hoy en Roma pero su gran trabajo previo fue durante muchos años en Lille), el entrenador que le hizo debutar y el que mejor lo conoce, comentó que tenía todo para convertirse en una estrella a corto plazo y que estaba destinado al éxito. Ha sido esta Ligue 1 cuando definitivamente ha entrado en los planes actuales, creciendo a lo largo del curso con más aportaciones y jugando al final en 30 partidos (más allá de que muchos han sido como revulsivo de segundas partes debido a su naturaleza de extremo ofensivo), siendo el jugador número 12 de una plantilla en la que con total seguridad, va a ir ganando consistencia y escalones en breve. Ha marcado 6 goles, ha dado 3 asistencias y ha terminado siendo una baza notable para que el Lille se haya colocado 3º del campeonato galo y regrese el próximo año a la Champions League donde podría debutar en competiciones europeas de primerísimo nivel.

A nivel internacional, su pasado keniata y el fuerte nombre que tiene su padre en el país, podrían haber generado algún problema de banderas, pero Dibock jamás dudó y desde hace más de 3 años ya empezó a jugar con Bélgica (la única camiseta de selecciones que ha vestido). Es habitual en las categorías inferiores, ha pasado por todas desde la Sub 15 hasta la Sub 21 (tiene record de goles con la Sub 19 en un año natural) y hace solo unas semanas había jugado con los menores de 21 años. Sin embargo, la gran sorpresa de la lista del Mundial 2014 por parte de Marc Wilmots, llevaba su nombre, colándose en la última llamada de manera absolutamente inesperada porque no ha debutado ni tan siquiera con la absoluta. Un final de campaña que ha repercutido positivamente en que el seleccionador se haya decidido por él (apoyado en la lesión de Benteke) y que le ha permitido adelantar sin avisar a otras perlas como Batsuayi o Bakkali. Nombres de futuro asegurado, nombres de grandes esperanzas y nombres que estarán en próximas citas internacionales. En esta, con una de las teóricas revelaciones, puede ser su gran momento de gloria, de nuevo, sin avisar…

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