Histórico
1 junio 2014Rocío García

Deportivo de la Coruña: Volver a ser ‘Súper’

DEPORTIVO - REAL JAEN

Por Rocío García (@Roo_Gr)

Ser gallego es, probablemente, vivir mejor. Lo pienso mientras me enfrento a este folio en blanco y lo pensé en el momento en que se pitaba el fin del partido en Riazor y el Dépor volvía a primera. Lo pensé también 24 horas antes. En una de esas cenas familiares que ocupan la noche de viernes y descubres parentescos y se recuerdan bodas. Qué suerte que los gallegos, a veces, deciden emigrar y abrir restaurantes. También en La Costa del Sol. Y allí estaba yo, entre bodas, parentescos pero pensando en Galicia y mirando fijamente el luminoso de la entrada que indicaba que había pisado tierra santa. “Cuando ahí fuera, en el cartel de entrada, no ponga que somos gallegos, regalaremos las copas”. Son así, supuse. Tampoco regalaron ayer el ascenso.

El Jaén llegaba ayer a Galicia aferrándose a la categoría, y en apuros. En Riazor no cabía un alma. A Coruña llevaba ya horas siendo blanquiazul. Anoche sonaba ‘I will survive’ como quien se ríe de las desgracias cuando ya han pasado. Como si la meta pareciese imposible y, de repente, estuviese allí. Como si caer, levantarse, ordenar, reordenar y empezar, hubiese sido la tónica habitual y del éxito, de volver a primera. Y entre el caos: la afición. Ellos, que pese a estar en segunda seguían estando allí, formando parte de esa historia de subir y bajar que caracteriza al equipo. Al final, el patrimonio de los equipos, lo que siempre queda, es la gente, esa suerte de armadura que permanece intacta pase lo que pase. Y el Dépor tiene una armadura de acero.

El Dépor, como el Éibar, significa para la Liga recuperar patrimonio, aportar romanticismo, señas de identidad que estaban demasiado abajo

Marchena rompía las opciones, se adelantaba y celebraba gol, ascenso y temporada, como un suspiro final del que ha conseguido hacer las cosas bien. Y con esfuerzo. El Dépor fue ir y venir, la temporada no dejó respiro en campo, banquillos y despachos. De los que empezaron la temporada, muchos no están. Otros quedaron a un lado, cumpliendo un papel secundario. Bajas, lesiones y cambios. El Dépor era ir y venir de jugadores y rotaciones, de probar, intentar. Y acabar acertando.

A una, que nació cuando el Deportivo era súper y de primera y creció cuando convirtió en rutina pasearse por Europa, le ilusiona el ascenso como ilusiona recuperar álbumes de fotos a tiempo real. Cuando en el patio se llevaban los Valerón, Donato o Diego Tristán y no nos importaba ser románticos. Un poco antes fue Bebeto pichichi de la Liga y Fran, mejor jugador español. Hoy en la fábrica de Panini preparan ya las páginas del Dépor en el álbum: 2014/2015 y a soñar. Y del Éibar, claro. Es justo donde tienen que estar los equipos clásicos, los que ya saben celebrar ascensos y sobreponerse a derrotas: en las páginas del álbum. Allí, donde no caben directivos y los únicos datos hablan de campeonatos, historias y edades. Porque no todo está perdido, escribió Cortázar, si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.

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