Histórico
11 junio 2014Jose David López

Brasil: Aldyr, el dibujante que inventó la verde-amarella

Desprende exitismo. No vive sin protagonismo. Exige máximas expectativas. Brasil representa la grandeza del fútbol en su estado más espectacular, divertido e imprevisible, defendiendo unos valores que agigantaron su figura con generaciones campeonas. No sólo deseaban victoria, no sólo había presión por conseguir resultados, sino que estaban obligadas a marcar tendencia, crear escuela y generar una base futbolística que evidenciara su sello particular. Una de sus identidades más personales habla de sus colores, pues en todo el planeta sería rápidamente ubicada con tan solo nombrar algunas palabras clave. Canarinha o Verdeamarella son algunas de ellas, las que sirven para crear una imagen instantánea únicamente basada en la camiseta que vistieron sus estrellas. Una gama de color histórica, única e incomparable que, pese a todo, no supone un paseo real por la historia del fútbol brasileño. ¿Sabías que Brasil no usó sus míticos colores hasta 1954?

La primera imagen de la selección brasileña dista mucho de la actual. El primer encuentro data de 1914 (21 de julio), en un amistoso ante los ingleses del Exeter City donde Brasil se mostraba al mundo…. de blanco. Uniforme completamente inmaculado, con cuello lleno de cordones y únicamente una línea azul muy pequeña en las mangas. Natural en su día, impactante ahora justo un siglo más tarde. Dos años después, el primer síntoma relacionado con la actualidad sí apareció, pues en el primer Sudamericano de 1916, participó ya con una camiseta verdeamarelha, a rayas verticales muy finas aunque con pantalón blanco. Tanto apreciaban el color neutro que un solo año más tarde, volvían al primer modelo aunque, esta vez, con una doble barra horizontal a la altura del pecho en amarillo y verde.

El golpe más potente de este recorrido histórico lleno de colorido, nos deja una fecha concreta en 1917, cuando Brasil jugó de rojo todo el Sudamericano debido a la similitud entre sus modelos y los de sus rivales (Chile o Uruguay, que también vestían de blanco por entonces). No debió dejar mal sabor de boca porque el siguiente modelo regresó al blanco pero tenía diferentes detalles rojos y azules en las mangas. Lo inmaculado de su vestimenta seguía siendo la prioridad, algo que se mantendría durante 35 años. Cierto que el color azul aparecía de vez en cuando en diversas épocas como mezcla ideal, pero el blanco es sin ninguna duda, el color con el que Brasil quiso ser reconocido para una historia que le tenía un sendero muy diferente.

El impacto sufrido en el Mundial de 1950 ante Uruguay, siendo derrotado en el famoso ‘Maracanazo’, produjo el mayor de los golpes que el fútbol ha tenido que asumir socialmente, hasta el punto de que Brasil decidió girar en todos los sentidos. Los colores anteriores no quedaron exentos de la culpa, siendo considerados insuficientemente nacionalistas. El diario Correio da Manhá extendió sus doctrinas, asegurando que el uniforme blanco sufría de “falta de simbolismo moral y psicológico”, logrando el apoyo de la Confederación Brasileña para lanzar un concurso para la creación de un nuevo uniforme, exigiendo basarse en los colores de la bandera brasileña: verde, amarillo, azul y blanco.

Aldyr García Schlee, un joven dibujante aventajado con apenas 19 años, mostraba sus iconos y viñetas en el diario local de Pelotas. Su labor, entre otras, era crear imágenes para las páginas deportivas, por lo que dominaba el arte de diseñar jugadores de fútbol. Se animó a participar y sus modelos acabaron siendo los elegidos: “Me quedé escandalizado porque ellos querían usar los cuatro colores de la bandera. Hasta tres colores, todo bien, pero con cuatro se puso realmente difícil, porque los cuatro colores de la bandera juntos no combinan. Hice más de cien diseños pero nada funcionaba y llegué a la conclusión de que tenía que ser toda amarilla. Con verde quedaba incoherente, el amarillo combina con azul y las medias podían ser blancas”. Su modelo vencedor se impuso a 300 concursantes y fue estrenada en Maracaná el 14 de marzo de 1954 con una victoria ante Chile por 1-0.

Tras aquello, apareció en el Mundial de 1954 con el uniforme que hoy conocemos como ‘clásico’, formado por camiseta amarilla (por vez primera usaban ese color en un evento de este calibre), detalles verdes y pantalón azul no tan oscuro como el que se había dejado ver en varias ocasiones con anterioridad en sus modelos. La goleada por 5-0 ante México en el Stade des Charmilles de Ginebra, fue el primer recuerdo de la indumentaria que se iba a convertir en un aliado de su estilo de juego y en su inseparable seña de identidad. Salvo épocas muy cortas o partidos concretos, esa prioridad verdeamarelha jamás ha sido alterada.

Pero Aldyr iba a pasar a la historia. Tanto éxito tuvieron sus modelos, que se convirtieron en la imagen inalterable de un sentimiento nacional muy fuerte y pasional. Algo que cuesta más entender sabiendo que él mismo no anima a Brasil, sino a Uruguay (porque nació y creció en una ciudad fronteriza). Tanto, que tiene una bandera uruguaya guardada en el maletero del coche y sus obras son escritas siempre en español, siendo mucho más famoso en la primera lengua que en el país al que dio un rostro eterno vinculado al fútbol espectáculo. Suya fue la idea. Él es la verdeamarelha. Él, es Brasil.

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