Histórico
18 junio 2014El Enganche

Australia: Un péndulo para lograr el equilibrio

Chile v Australia: Group B - 2014 FIFA World Cup Brazil

Por Rafael Escrig (@RafaelEscrig), analista de fútbol internacional

El pasado sábado en Brasil se vivió uno de esos pequeños ‘milagritos’ futbolísticos que, de forma impagable, consiguen hacer entender al público por qué este deporte mueve lo que mueve y representa tan fielmente el espíritu de sus aficionados. Tras un sobrecogedor España 1-5 Holanda, que hizo temblar los cimientos de la generación que devolvió la fe a la sufrida afición española, millones de personas se quedaron ante el televisor, incrédulas, decepcionadas, carentes de algo que su equipo se quedó muy lejos de proporcionarles: ilusión.

El sábado percibí ilusión en los ojos aún llorosos de quienes habían sufrido no mucho antes. Entender el fútbol, comprender lo que ello implica, es ilusionarse, y no es complicado empatizar con aquéllos que lo viven en sus carnes. El sábado Australia fue ilusión, emoción. Fútbol. Un milagro, sin lugar a dudas, con la capacidad de medir de igual a igual a jugadores de ligas tan inferiores como la australiana o la segunda división alemana con estrellas mundiales como el mejor jugador de la Serie A italiana.

La ilusión es al fútbol lo que el hambre a la comida, el componente necesario para desarrollar una idea con la fe suficiente

Australia emocionó en una segunda parte vibrante donde Tim Cahill latió con miles de corazones que saltaban con él en cada remate tras centros servidos por el descubrimiento del Mundial a los ojos de quienes devoran partidos con esta finalidad: Matthew Leckie. Lejos de los focos de la gente, dos hombres latían con la cabeza y daban vida a los canguros desde la medular: Mark Milligan y Mile Jedinak. Los pulmones de Australia, el oxígeno que hizo bombear el corazón de miles en un partido milagroso, ilusionante, que acabaron perdiendo. El fútbol es así. Jedinak y Milligan conectaron una fase de partido en la que fueron capaces de robar con una facilidad asombrosa en línea de tres cuartos de campo a una selección que llegó a hacer mezclar en esa zona a Vidal, Alexis Sánchez, Vargas y Valdivia. Asombroso.

Pero esto no es nada nuevo. La pareja que sujeta a Australia lo ha venido haciendo así durante toda la fase de clasificación, convenciendo con creces a Holger Osieck y Ange Postecoglou, los dos últimos dos técnicos australianos. Mark y Mile han nacido para jugar juntos. Se compenetran a la perfección, pese a que uno no haya salido jamás de la confederación asiática –Milligan- y el otro se esté ganando a base de oficio un nombre en la mediática Premier League inglesa. La noche y el día.

Jedinak y Milligan con el péndulo, el giro y el ‘tempo’ que Australia necesita para latir como equipo y vivir equilibrada

Jedinak y Milligan se abren y se cierran en transiciones como un acordeón. Como un péndulo, sonando en la madrugada, generando eco en el silencio. No hay uno de los dos que tenga el fijo cometido de descolgarse en ataque. Ambos tienen capacidad para ello. Pero sobre todo son ideales en el robo y la salida. Jedinak ha sido el jugador que más balones ha interceptado en la ya culminada temporada en la liga inglesa. Milligan, aparte de ser también un especialista en robo, tiene la gran capacidad de incrustarse entre los centrales, dar el primer pase, y ser un fijo dando salida de balón. Escalonados, son el mejor arma para una Australia que se construye, primero, con el balón, y luego pasa al juego más directo cuando este llega a la banda.

Los cambios de orientación de Mark Milligan son imprescindibles en una selección que busca mucho romper los espacios generados por los laterales con la velocidad de sus extremos, y la colocación de Mile Jedinak impide males mayores en caso de que el equipo tenga que replegar. Posiblemente, jamás tengan a los focos más elitistas pendientes de sus movimientos. Casi con total seguridad, Milligan jamás pisará territorio europeo en las filas de ningún club. Pero si algo es cierto es que, en esos pequeños milagros que consiguen hacernos creer todavía en el fútbol, aunque sea solo una milimétrica porción de ellos, Milligan y Jedinak aún tienen mucho que decir en esta ilusionante Copa del Mundo.

 

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