Histórico
26 junio 2014Guillermo Gonzalez

Argelia: El patriotismo de Rachid Mekhloufi

Por Guillermo González (@Guille_Futbln)

El Mundial está llamado para dejar tu rúbrica en la historia de la pelota. Siempre hay un hito futbolístico que superar porque, en parte, el fútbol está hecho para que los privilegiado sean recordados de alguna manera. Argelia está disputando su cuarto mundial – su segundo consecutivo – gracias a una prolífica generación que está llamada a superar a aquella de los años 80, cuya consumación del éxito se fraguó en 1990 con la Copa Africana de Naciones. Retrotraerse es positivo para rebuscar sobre el sentido de pertenencia argelino, y más en una añada de jugadores cuyo país de origen es Francia y han decidido nacionalizarse para poder disputar torneos de tal enjundia, aunque la descendencia parental también sirva de pretexto. De esta manera, siempre está bien recordar el sentido inverso del camino, donde hay que dejar el estado francés para mirar hacia Argelia, como en su día hizo Rachid Mekhloufi.

La historia de Mekhloufi es una continúo suceder de idas y venidas. Su carrera futbolística dio comienzo en Setif, su ciudad de origen y localización puramente revolucionaria que supuso ser una de las antesalas para la liberación de Argelia tras ese 8 de mayo de 1945, día en el que sucedió la masacre de Setif con vistas a acabar con el colonialismo francés. Rachid era distinto y, a su adolescencia, ojeadores lo recomiendan a Jean Snella, por aquel entonces entrenador del Saint-Étienne. Quedaría ligado “siempre” para ‘Les Verts’, donde conseguiría un título de liga en 1957 siendo uno de los máximos goleadores del torneo con 25 dianas. No llegó al nivel de los Thadée Cisowski y Just Fontaine, killers de la época.

Rachid Mekhloufi es una de las mayores leyendas del fútbol argelino. Antepuso los intereses desu país a los suyos propios

De 1954 a 1958, se convertiría en el referente del equipo de Snella, hasta que el Mundial de Suecia sería un buen pretexto para anteponer sus ideales a la gran cita futbolística. Rachid debutó con Francia en 1956 de la mano de Albert Batteux, seleccionador que poseyó una de los mejores combinados que Francia llevaría a un Mundial. Su plaza estaba asegurada en la convocatoria, junto con Just Fontaine, Raymond Kopa o Jean Vincent entre los jugadores más talentosos. Realmente, era un seleccionado multicultural, con hijos de argelinos, polacos y marroquíes, lo cual las repercusiones políticas afectaban, por consiguiente, al equipo francés. De esta manera, antes de sucederse el Mundial, abandonó la concentración junto con Mustapha Zitouni, defensa del Mónaco y de la selección gala, para formar parte del Frente Nacional de Liberación de Argelia (FLN), participando activamente al conformar un equipo dispuesto a denunciar, por medio de la pelota, la situación del país y la necesidad de autonomía propia, de independencia.

Tal actuación generó diversidad de opiniones, divididas entre la valentía y la traición, aunque esta última no era valorable por los “jugadores sin país”. Una treintena de futbolistas, procedentes la mayoría desde Francia, que incrementó el valor de la protesta, realizaron una gira mundial de unos 90 partidos que no fue reconocida por la FIFA, con previa denuncia del Estado francés por tal insolencia. La idea de la descolonización se estaba fraguando con una guerra, pero Rachid Mekhloufi y el resto del combinado realizaron su propia batalla a través del cuero, llegando a ganar 65 partidos y destapándose como un combinado más que competente.

“Me hubiera encantado jugar un Mundial, pero no era comparado con la independencia de mi país”. Será una de las frases que mejor definan la valía de su hazaña, porque lo fue. En 1961, el conflicto argelino se acrecentó y la mayoría del equipo se disgregó porque algunos de los jugadores fueron llamados a filas. El 5 de julio de 1962 se dio el alto el fuego a través de los acuerdos de Evian, parando así el conflicto y otorgándose, después, la independencia de Argelia. El fútbol quiso rendir homenaje a tal fecha con el Estadio 5 de Julio de 1962, o también conocido como “El Djezair Stadium”, situado en Argel y donde todavía se disputan partidos y competiciones de atletismo. De hecho, Argelia ganó su único título en aquel recinto con aquella Copa Africana de Naciones de 1990 ante Nigeria.

Francia solicitó la vuelta de los jugadores argelinos para retomar los éxitos con sus equipos. Rachid Mekhloufi firmó por el Servette antes de volver a su casa, el Saint-Étienne, equipo al que daría tres ligas y una Copa de Francia. Rápidamente y sin esfuerzo, se volvió a ganar la simpatía del aficionado galo.

Una vez retirado, cogería el timón de seleccionador de Argelia, cuyo recuerdo siempre estará aquel pacto en el Molinón entre Alemania y Austria para eliminar a los norteafricanos del Mundial de España de 1982, cuando ya habían vencido a Chile. La FIFA, a raíz de ese trato, decidió unificar horarios en la última jornada de todos los Mundiales que se sucederían.

Argelia tiene unos precedentes más que patrióticos. Ahora, en cierta manera, son los jugadores de origen francés los que ayudan al país norteafricano a dejar una buena firma en Brasil, quizás la mejor de su corta historia en este campeonato.

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