Histórico
23 mayo 2014Andrés Cabrera Quintero

Real Madrid: Pepe, amalgama de sentimientos

Pepe - Real Madrid

Tras leer el nombre del titular, una imagen se les ha pasado por la cabeza. Un futbolista de cabeza rapada, tez oscura, y con una inmaculada camiseta blanca tomaba forma en sus mentes. Junto a ese perfil estándar, un sentimiento abstracto ha surcado la mente del lector. Amor u odio. Odio o amor, da igual. La palabra indiferencia jamás se puede asociar a un jugador como éste. El espécimen al que pertenece Pepe es poco habitual, pero a su vez salsa para este bistec llamado fútbol. Si está en tu equipo le amas, si es adversario le odias. No hay más. Se ha hecho odiar y querer por partes iguales. Tiene ese gen que sólo unos pocos pueden poseer. Si no estás en uno de los polos opuestos, creo que te has equivocado de web, ésta habla de fútbol y el bello deporte, cómo me gusta llamarlo, trata de sentimientos. Es más, la parte emocional es igual o incluso más importante que la deportiva. Pepe es odio. Pepe es amor. Pepe es fútbol.

El nombre de Pepe comenzó a sonar para la masa futbolera en 2007. Esa gente que si la sacas de Real Madrid y Barcelona se pierde. En aquel verano el defensa del Oporto fichaba por el Real Madrid. Lo reseñable era su precio, 30 millones de euros. El jugador no había puesto sus pies en la península y ya estaba generando polémica. El debate sobre el coste tan desorbitado para un defensa central llenó páginas y agotó botes y botes de tinta. Su papel en un principio no se ajustó al dinero pagado, más carne en el asador. No sé por qué pero hoy estoy carnívoro. Un jugador al que una enorme incógnita le perseguía, fue ganando adeptos con el paso de los partidos. Minuto a minuto amortizaba el dinero pagado por él. Los madridistas o afines al equipo de Chamartín eran cada vez más partidarios del jugador nacido en Brasil, pero de nacionalidad lusa. Con brega diaria se fue ganando el calor del público. Una brega que en una despejada noche de abril se volvió violencia callejera. El punto de inflexión en su carrera. Casquero sufrió una de las mayores locuras que ha sufrido el fútbol español. Pepe ponía la brecha.

Los 10 partidos de sanción tras la escandalosa acción sobre Casquero, iniciaron una pirámida de críticas que le acompañará de por vida como jugador violento y callejero

El Real Madrid estaba en plena lucha por la Liga. Siempre como perseguidor, nunca como perseguido. En esa fecha el equipo que dirigía Juande Ramos acumulaba 46 puntos de 48 posibles. Sólo el Atlético de Madrid había conseguido sacarle un empate. En la memoria estaba aún muy reciente la liga de las remontadas. El madridismo creía en el cambio de tornas. Los blancos recibían en la noche del 22 de abril al Getafe. Todo debía seguir el guión establecido. El gol de Soldado para los azulones no era un buen presagio, aunque Higuaín pronto le puso freno. Los minutos pasaban y el resultado no se movía. De repente, gol de Albín. El Madrid estaba a seis minutos de poner una losa muy pesada en su pelea por el título. Guti volvía a igualar. Locura en Chamartín, ¿espíritu de las remontadas? En esas aparece nuestro protagonista. Un antihéroe, que hizo su aparición de una forma tosca, arrollando con todo lo que se le puso por delante. Un hombre al que no le basto con realizar un penalti estúpido, además agredió salvajemente a dos compañeros de profesión. Los 10 partidos de sanción se antojaron cortos. El resto de la historia ya se sabe, fallo de Casquero, gol de Higuaín en el descuento y Pepe que volvía al terreno de juego para festejar con sus compañeros. El Madrid perdería la Liga, Pepe ganaría enemistades a espuertas.

Desde aquel día el dedo acusador planeó sobre él. Asesino era lo más leve que le proferían. Él se lo había buscado. Cualquier mínima acción, por pequeña que fuera ya sería juzgada. Pepe ya sabía que jamás podría volver a recuperar la indiferencia de la que otros gozaban. Él ya no podía jugar ese papel. Tenía dos opciones, quedarse así, recibiendo más odio que otra cosa, o luchar por ganar el cariño de los que desconfiaban, pero aún así le apoyaban. El zaguero escogió la segunda opción. Pepe se mostró más madridista que el propio Bernabéu. Pepe tenía que ganarse a su público, un público demasiado amplio, a base de lucha por un escudo. Mr Hyde ya había salido, faltaba por descubrir si detrás había un Doctor Jekyll. Pepe se ganó a la grada con gestos tribuneros, aunque eficaces. Había conseguido que el desnivel odioso se convirtiera en polaridad. Había logrado afecto entre la muchedumbre, tanto igual que reproches. Dos puntos tan opuestos que se entrelazaban en la percepción de un jugador.

Defensor ejemplar, enormes cualidades e internacional con una de las mejores selecciones del mundo. Su vida personal es intachable pero el bipartidismo siempre le acompañará: Agresivo o defensor de la camiseta

Aquellos que saben de su vida personal, dicen que es un ejemplo. Yo particularmente desconozco esta faceta del futbolista, sólo me importa su lado deportivo. En esa cara pública Pepe ya ha demostrado lo que es. Para unos un personaje barriobajero, para otros un defensor de la camiseta. Mis opiniones las dejo al margen. Motivos para odiarle o amarle, hay de sobra, ahora allá cada uno lo que piense de él. Lo que te inspire al recordar su nombre, será tu lado en este bipartidismo. Sino opinas nada, no sé cómo has llegado a esta parte del texto, ya que no te gusta el fútbol. El fútbol es sentimiento y Pepe aúna las emociones contrapuestas. Odio y amor. Amor y odio.

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