Histórico
26 mayo 2014Andrés Cabrera Quintero

QPR: Historias entrelazadas para un ascenso

Zamora 2

Harry Redknapp estaba pensativo, no es un hombre de demasiadas palabras, pero algo tenía que decirle a estos chicos. Experiencia no le faltaba. El equipo entero del Queens Park Rangers se reunía entorno a su entrenador, éste con seriedad, pero con una firmeza que apabullaba, dio el típico sermón antes de una final. Escueto, mas conciso. Al finalizarlo, nombró uno por uno los titulares que debían devolver al QPR a la élite tras ‘un añito en el infierno’. O’Neil, como confiaba, estaba en el once, Bobby Zamora, como sospechaba, iniciaría el encuentro en el banquillo. El destino les tenía preparado caminos bien distintos, que se entrelazaban entre sí. Un ascenso a través de la perspectiva de dos hombres. Un retorno a la máxima categoría que no fue fácil. Luces y sombras se alternaron en Wembley.

Poco antes de que saltaran los protagonistas, Zamora salía del vestuario, junto al resto de suplentes, y se sentaba en uno de los banquillos más míticos del fútbol mundial. Siempre que se juega un partido en Wembley los sentimientos son únicos, hay un nerviosismo especial, pero a Zamora le asolaba la sensación de amargura, propia de aquel que está relegado a un segundo puesto. Característica de un jugador que otrora pasó por mejores fechas y ahora sólo tiene cartel, más nombre que presente. Alguna sonrisa sí que regalaba Bobby, el sector de aficionados del QPR no cesaba de alentar, y desde un sector en especial le brindan buenas palabras, él tenía que responder aunque fuera tímidamente. Sin más preámbulos, saltaron los 22 jugadores que iban a pelear por un puesto en primera división inglesa. Entre ellos, con mucha seriedad, debida al nerviosismo en este caso, Gary O’Neil. El Derby County había terminado la liga regular tercero, por delante del QPR, pero nada de eso contaba ya, el que ganase esa tarde en Wembley jugaría en Premier el año próximo. O’Neil sentía el peso de la responsabilidad.

El QPR vuelve a la Premier, tras estar tan sólo una temporada en la segunda categoría del fútbol inglés. El Derby County tendrá que esperar

El encuentro comenzaba con el nerviosismo característico de las grandes citas. En muy pocas ocasiones en las que se juega todo a una carta no hay esta sensación, ese encuentro no iba a ser una excepción. Nerviosismo, respeto, conservadurismo, llámenlo como quieran, pero el fútbol más vistoso quedaba exento de este duelo en la que el todo y el nada se jugaban a una carta. Pese al recelo de ambos equipos, el Derby fue tomando posiciones y cercando la portería que defendía Green. Un portero que hace cuatro años jugaba el Mundial de Sudáfrica, pero al que un fatídico fallo a tiro de Dempsey le condenó. Ahora tenía la misión de ascender con el club londinense. El partido se empezaba a jugar en el campo del QPR, el Derby tenía el balón, lo que se vio durante el campeonato regular, se hacía patente en Wembley, los carneros eran superiores. Zamora, impaciente en la banda, no aguantaría otro año en Championship, tras tantos años disfrutando de la Premier, no podía seguir otro año en segunda. No poder intervenir en la ayuda de su equipo le frustraba aún más.

O'NeilYa había comenzado la segunda parte y los minutos no aclaraban nada en el resultado, cuando Redknapp, llama a Zamora, y le manda a calentar. El delantero de origen caribeño no pudo ocultar una breve sonrisa, quizás su paso por Wembley no sería de mero espectador, quizás podría decir algo aquí. Mientras, O’Neil, no acababa de encontrarse cómodo dentro del terreno de juego, ejemplificaba el momento de forma del QPR. Incomodidad ante un rival que le estaba superando. Presión por el momento, pero esperanza ya que el resultado se mantenía inamovible. Entre cánticos, vítores y un ruido atronador, Zamora encontró su silencio, le acababan de avisar que iba a entrar al terreno de juego. Entiendo que saben al silencio que me refiero, ese que aparece antes de un momento cumbre, ese que nos encierra en nosotros mismos y nos crea una sensación irreal de calma, de tranquilidad, pero sobre todo de responsabilidad. Bobby Zamora encontró su silencio pasados los diez minutos del segundo tiempo. Kevin Doyle dejaba su puesto en el rectángulo, Zamora esprintaba en sus primeros instantes de tan decisivo encuentro. En ese preciso momento se rompió el silencio, un estruendo entró por los oídos de Zamora, tan fuertemente y con tanta velocidad que casi lo derrumban. Ya estaba en el terreno de juego.

Zamora y O’Neil, O’Neil y Zamora. Podría ser perfectamente el nombre de un dueto musical que triunfaría en las mejores gasolineras. Pues bien, estos dos hombres no llegaron a estar ni tres minutos juntos en el terreno de juego. Acción rápida del Derby County, Johny Russell se zafa y va camino de encarar la portería, sin embargo algo lo detiene, dura entrada por detrás de Gary O’Neil y fin del partido para él. Roja directa. Indignación en la parte de Wembley ocupada por londinenses, locura jubilosa en el lado contrario. No era un gol, pero casi. A falta de media hora, el QPR jugaría con un jugador menos. El Derby County que ya estaba siendo superior, ahora tenía un motivo más para creer en su vuelta a la Premier. O’Neil abandonaba cabizbajo el terreno de juego. En su afán por defender una acción había hecho un flaco favor a su equipo. El fútbol es una alternancia de sensaciones. El QPR tenia media hora para defender heroicamente e intentar hacer un gol que les catapulte al éxito.

Bobby Zamora y Gary O’Neil son antepuestos en esta historia con final feliz del QPR. O’Neil estará eternamente agradecido a Zamora

El primer axioma se fue cumpliendo, el Derby no conseguía anotar un tanto, la prórroga se veía al final del túnel. Sin goles en el marcador y con un partido sin demasiadas ocasiones, parecía que el encuentro se tenía que decidir en una prórroga que para el QPR sería mortal. Una hora sobre el terreno del juego con uno menos era demasiada losa. Suficiente que habían aguantado treinta minutos. Las mentes se estaban haciendo a la idea de una prórroga no apta para cardíacos, y de repente la locura. Balón dividido que se termina llevando Hoilett, centro a la desesperada, error calamitoso del capitán del Derby, Keogh y de nuevo Zamora volvía a sentir ese silencio. Golpe suave y ajustado y gol. Locura en el sector de los Hoops. El QPR era de Premier sobre la bocina. Zamora, héroe de la tarde. Tal y como fue baluarte de otro sector más ruidoso de Londres nueve años atrás. Bobby Zamora también marcó el gol del ascenso del West Ham en Cardiff. O’Neil encontró la calma, merced al gol de Zamora. Historias entrelazadas.

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