Histórico
25 mayo 2014Fran Alameda

Madrid-Atlético: Por una Décima de segundo

ramos

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Solo quien ha sufrido para poder ganar sabe valorar la victoria y solo quien ha llorado sangre para alcanzar algo en su vida de pupas no tan curadas sabe comportarse en la derrota. El epílogo de la Champions dejó una prosa que desembocó en frenesí. Escrita en calma de rayo y explosión de tortuga. Hubo minutos en los que la final parecía un partido preso del tiempo, como si no pasaran los minutos y ambos esperaran solo un desenlace más propio de religiones que de realidades. En realidad, Madrid y Atleti son esto, me dicen mis amigos, una forma de vida. Uno nunca es capaz de descifrar este tipo de mensajes encriptados en la pasión de manera tan animal, pero hoy todos pueden estar orgullosos.

El Madrid se ató al partido por la vía que lo acabó ganando: Di Maria. Solo el Madrid es capaz de escenificar de una manera tan gráfica la idea de creer que propone Simeone. Y solo el Madrid es capaz de vender ochenta minutos de Champions de una manera tan barata. Se podría decir que el partido fue competido o igualado para no poner la etiqueta de malo a una final de Champions que acabó inscribiéndose en la historia sin tapujos, pero el partido, durante setenta minutos, tuvo poco fútbol y todo corrió de parte colchonera. Los jugadores del Madrid se miraban las piernas al poco de salir y estaban más encogidas que el trozo de yegua que llevaba dentro Diego Costa. Con el hispanobrasileño, Simeone intentó la del Cid Campeador: poner a un muerto vivo para intimidar. Pero al poco de salir al campo de Costa solo quedaban las cenizas.

Simeone pagó la voluntad de Diego Costa y su equipo fue decreciendo conforme el Madrid creía, el síntoma más dominante del cholismo

Cuando un partido se juega a no fallar la máxima de las catástrofes es que el fallo llegue como una bendición de cualquiera de las dos fuentes. Llegó un error de cada lado y un gol para el Atleti, que está verdaderamente entrenado en aprovechar cada desliz como si fuera caviar. En la primera parte, como en la segunda y la prórroga y algunos otros grandes partidos, el principal activo del Madrid fue Di María, que continuamente generaba peligro con esa forma tan natural de aprovechar su mote. De esa caza al fideo que pretendía acabar en cazuela, el Madrid sacó alguna ocasión que hacía justicia aproximada al escenario. Poco más hasta que Isco y Marcelo llegaron al partido.

Ancelotti se agarró a los culos más grandes del fútbol europeo, al cuadradito de Marcelo y al triángulo de Isco. Arriesgó, pero mostró una personalidad que obligó al Atleti a ceder espacio físico y moral. Por momentos, el Madrid, aunque demasiado cerca del noventa, se encontró con ciertas fases de fútbol. Precipitado, pero más o menos creativo y dominante. El Atleti ha subastado las fuerzas durante la temporada y la final le acabó cayendo como un ladrillo a la espalda. Los tipos de Simeone, héroes competitivos comandados por un Gabi digno de santuario, no dejaron de correr durante todo el partido. Pero las carreras requieren de un orden cerebral que requiere de un aire que ya no había.

madridcamp

Isco cogió la pelota y fue acercándose al área con más voluntad que ideas, pero dejando en cada gesto una gota calada de personalidad, el Madrid carburaba tarde y a destiempo. Y lanzó tantos balones al área que el tipo más dominante en esto acabó ganando y colando uno. Empate, delirio, frenesí, desorden, gol. La historia se asomó a la ventana para decir adiós al Madrid y Ramos la cogió por el cuello para meterla de nuevo en el partido. El Madrid se vio vivo cuando estaba muerto y se agarró a aquella máxima nietzscheana de tener un por qué y agarrarse a los cómos.

El Madrid usó su forma de vida para agarrarse al partido como si éste fuera el amor de su vida asomado a la ventana

La prórroga prosiguió con el color blanco resurrección y el jugador más blanco y en blanco del partido tuvo la voluntad de seguir la jugada que había inventado Di María con formato pastilla de jabón: Gareth Bale completó un partido discreto que volvió a darle un título al Madrid. De tal manera que Ancelotti se plantea conservar al galés en cloroformo para que juegue solo las finales. Los diez minutos restantes de prórroga no tuvieron más historia que la celebración del título anotando goles. Los jugadores del Madrid vieron la orejona y les entraron las ganas de marcar. Habían ganado la Copa de Europa.

Por cierto, cuando el Atleti ganó la Liga entendí que partido a partido era una forma de vida; ahora que ha ganado el Madrid entiendo el lirismo y la épica que supone ganar y vivir, vivir para ganar, por una Décima de segundo.

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